En este mundo globalizado de hoy que a algunos nos maravilla, con personas de todos los países residiendo y trabajando en cualquier otro, **no es de extrañar que Hollywood fagocite el talento de cineastas llegados de fuera de Estados Unidos**: a los artistas les cautiva su historia, su brillo económico y sus posibilidades, y sus productoras pueden permitirse incorporar a los mejores aunque vengan del otro lado del muro construido por Donald Trump, por ejemplo. Así las cosas, **tampoco parece inconcebible que casi todos los directores que han ganado el Oscar en su correspondiente categoría la última década no sean estadounidenses**.

**El británico Tom Hooper** se lo llevó por *El discurso del Rey* (2010); **el francés Michel Hazanavicius**, por *The Artist* (2011); **el taiwanés Ang Lee**, por *La vida de Pi* (2012); **el mexicano Alfonso Cuarón**, por *Gravity* (2013); su compatriota **Alejandro González Iñárritu**, por *Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)* [2014] y *El renacido* (2015); el también mexicano **Guillermo del Toro**, por *La forma del agua* (2017); Cuarón nuevamente, por *Roma* (2018); **y ahora, el surcoreano Bong Joon-ho**, por *Parásitos* (2019). Y el único yanqui que ha recibido este premio últimamente es Damien Chazelle por *La La Land* (2016), también nacionalizado en Francia. Nunca ha resultado más absurda la xenofobia en Estados Unidos.

Ahora en Hipertextual

Suscríbete gratis a Hipertextual

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Enviaremos todas las mañanas un correo electrócnio con las historias y artículos que realmente importan de la tecnología, ciencia y cultura digital.