– Feb 6, 2020, 10:00 (CET)

Botulismo y fallo hepático, algunas de las razones por las que no deberías darle infusiones a tu bebé

Durante su primer año de vida los niños no deberían tomar infusiones bajo ningún concepto. Superada esa edad sigue sin ser una bebida recomendable.

Hace unos días, el pediatra venezolano Pedro Blanco publicaba un tuit en el que hablaba de un triste suceso que había presenciado durante su última guardia, cuando un niño falleció por una insuficiencia hepática después de que sus padres le dieran infusiones de orégano orejón.

Esta planta se consume tradicionalmente para el tratamiento de los síntomas del catarro; aunque, como ocurre con otros tantos remedios herbales, no hay evidencia científica de que funcione, al menos en ese formato. En España no es tan habitual el consumo de esta infusión concreta, ni en adultos ni en niños, pero sí de otras. En el caso de los bebés, por ejemplo, en el pasado era muy típico darles biberones de manzanilla y aún hay personas que siguen manteniendo esta costumbre. Además, a día de hoy existen preparados comerciales a base de hierbas, como la propia manzanilla o la tila, diseñados específicamente para niños. Ahora bien, ¿es realmente saludable introducir estas bebidas en la dieta de los pequeños de la casa?

La importancia está en la dosis

Durante siglos, las plantas se han empleado para el tratamiento de todo tipo de dolencias, algunas veces con más tino que otras.

Con el tiempo la ciencia fue evolucionando hasta el punto de discernir las razones por las que algunas especies vegetales podían paliar ciertos síntomas, determinando cuál era el principio activo de cada una. Esto hace referencia a moléculas concretas que interactúan con nuestro organismo, dando lugar a respuestas farmacológicas, que pueden ser tanto negativas como positivas.

Por ejemplo, las hojas del sauce han sido utilizadas para tratar múltiples dolencias durante más de 2.000 años, pero en realidad ese efecto no lo estaba causando la hoja completa, sino el ácido salicílico, un principio activo que con el tiempo serviría como base para la síntesis de ácido acetilsalicílico, más conocido como aspirina. Y aquí empieza la parte más importante de este asunto. Si nos tomamos unas cuantas hojas machacadas de sauce no sabremos qué dosis estamos tomando, tanto de este principio activo como de otras sustancias. Puede que sea demasiado baja para generar efectos positivos o tan alta que pudiera dar lugar a efectos secundarios peligrosos. En cambio, si nos tomamos una aspirina sabremos exactamente qué cantidad de este compuesto estaremos consumiendo, por lo que podremos tener la situación bajo control.

Con las infusiones pasa exactamente lo mismo. En el caso de la manzanilla, por mencionar una, sus efectos beneficiosos proceden de la nobilina, una sustancia presente en los flósculos de la planta (los puntitos amarillos de lo que conocemos como flor). Las infusiones que nosotros tomamos, tanto las comerciales como las preparadas con plantas recogidas del campo, tienen una cantidad variable, que difícilmente llega a una dosis adecuada para ejercer efectos beneficiosos sobre un adulto. Pero en los niños el asunto ya es otro cantar.

Infusiones y niños, una pareja complicada

Siguiendo con el tema de la dosis, como es lógico, los niños no pueden tomar la misma dosis de fármaco que un adulto, por razones tan obvias como su peso. Si se toma más cantidad de aspirina o paracetamol, por ejemplo, podría llegar a producirse un fallo hepático, pues su metabolismo sería incapaz de procesarlo.

Afortunadamente, cuando un medicamento es pautado por un pediatra se indica la dosis necesaria para un niño de una edad y un peso concreto. Además, muchos fármacos cuentan con preparados específicos para niños que ya tienen estas cantidades adaptadas a ellos.

Pero no ocurre lo mismo con las infusiones. Del mismo modo que los adultos no sabemos qué cantidad estamos tomando, tampoco lo pueden controlar ellos y en su caso los efectos perjudiciales se generarán antes.

No debemos olvidar que la medicina tradicional basada en plantas también puede afectar a los hígados maduros y que, de hecho, se han dado casos de personas que han fallecido o han estado muy cerca de hacerlo por el consumo de suplementos de este tipo.

Cuidado con el botulismo

Por otro lado, es importante tener en cuenta que algunas de estas infusiones podrían producir botulismo. “El botulismo infantil es una enfermedad que se produce por debajo del año de edad y que se caracteriza por una parálisis flácida de la musculatura corporal, pudiendo incluso desencadenar la muerte”, explica a Hipertextual el doctor Gonzalo Oñoro, pediatra y autor junto a Elena Blanco del blog Dos Pediatras en Casa. “Esta se produce tras la ingesta de esporas de la bacteria Clostridium botulinum, las cuales, en el intestino, liberan una neurotoxina causante de la enfermedad”. Estas esporas están de forma natural en el suelo y en la tierra, lo que hace que las plantas para infusión puedan contaminarse fácilmente con ellas. Sobre todo ocurre en aquellas recogidas de forma casera por parte del consumidor, pero también pueden estar presentes en preparados comerciales.

Por esa razón, según añade Oñoro, en 2014 la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) emitió un informe en el que se recomienda que no se dé este tipo de bebidas a niños menores de 12 meses.

Entonces, ¿qué pueden beber?

Ante esta pregunta, debemos hacer distinciones, según la edad del niño. “La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna como alimento exclusivo hasta los seis meses de edad, momento en el que se hace necesario iniciar otros alimentos para que, de forma complementaria, se cubran las necesidad nutricionales que requieren los niños a partir de esa edad”, narra el pediatra. “Además, la ESPGHAN (Europena Society for Pedaitric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) en sus últimas recomendaciones sobre alimentación complementaria establece que, a partir de los cuatro meses, el cuerpo de los bebés está preparado para recibir todo tipo de alimentos salvo unas excepciones muy concretas (leche de vaca, verduras de hoja grande, miel...). En este sentido, podríamos pensar que, a partir de esa edad, los niños pequeños pueden tomar infusiones. Sin embargo, este tipo de bebidas carecen de valor nutricional y poco o nada aportan a los más pequeños de la casa”.

Por otro lado, señala que la gran mayoría de sociedades de pediatría a nivel mundial recomienda que los niños por debajo de los tres años beban de forma exclusiva agua y/o leche (materna, artificial o de vaca dependiendo de la edad), evitando en la medida de lo posible el resto de bebidas.

Queda claro, en base a todos estos consejos, que no debemos darles infusiones caseras, ni de las que se comercializan para adultos. ¿Pero qué pasa con aquellas que se encuentran en el mercado dirigidas exclusivamente a un público infantil? ¿Esas sí son aptas?

En este caso sabemos que la dosis de plantas se ha medido para no generar problemas a los niños. No obstante, eso no significa que sean alimentos recomendables. “Debemos recordar que estos preparados comerciales contienen cerca de un 70% de azúcar y solo una pequeña concentración de alguna planta para infusión, por ejemplo, un 2% de tila o manzanilla”, aclara el autor de Dos Pediatras en Casa. “En la práctica, esto supone que cuando un padre prepara una de estas infusiones a su hijo, este está recibiendo una cantidad casi insignificante de la misma, siendo muy poco probable que tras su ingesta aparezcan efectos secundarios. Pero no debemos perder el foco, si un niño tiene algún tipo de problema, quizá lo que debería hacer es acudir a su pediatra antes de caer en las promesas de la farmacopea de herbolario”.

En definitiva, durante su primer año de vida un niño no debería tomar infusiones bajo ningún concepto. Podría tolerar las formuladas para ellos, pero no obtendría resultados positivos y, a cambio, estaría tomando una cantidad excesiva de azúcar. Superada esta edad, sigue siendo una incertidumbre, por el hecho de que no es posible conocer la dosis de plantas que se están administrando y esto podría suponer efectos muy perjudiciales si fueran demasiado elevadas. Todo esto es aplicable a cualquier planta; pero, según ha advertido el doctor Oñoro a este medio, es especialmente relevante con el anís estrellado; pues, si bien en el pasado se usaba con regularidad para tratar los síntomas del cólico del lactante, hoy en día se sabe que no tiene ninguna utilidad y, además, también se conoce que es un potente neurotóxico que puede llegar a provocar convulsiones en los lactantes más pequeños.