La californiana Carrie Fisher, que se zambulló en la fama tras desempeñar el papel de uno de los personajes protagonistas en el célebre filme con el que se inició la saga de Star Wars, se fue de este mundo en diciembre de 2016 tras un infarto masivo en un vuelo a Los Ángeles. Por entonces, se había estrenado la primera parte de la última trilogía galáctica, El despertar de la Fuerza (J. J. Abrams, 2015), y su muerte puso en ciertas dificultades a Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017) y El ascenso de Skywalker (Abrams, 2019) porque la actriz no habría rodado todas las escenas que le hubiesen correspondido, y ello obligó a modificar lo que se proponían hacer de Leia Organa.

Con estos antecedentes, parecería de lo más lógico pensar que la aventura con la que acaba la historia de la familia Skywalker sería además el colofón de la carrera de Carrie Fisher; con el favor de la ingeniería inversa, naturalmente. Pero, por lo visto, nada más lejos de la realidad: aún nos queda Wonderwell, el primer largometraje del director Vlad Marsavin, peripecia de fantasía descrita como un cuento de hadas sobre una niña difícil llamada Violet (Kiera Milward), que se pone celosa de su hermana Savannah (Nell Tiger Free) cuando surge como una prometedora supermodelo y a la que la misteriosa Hazel (Fisher) envía a otra dimensión.

“Estuve con ella el día antes de que tomara ese vuelo y es una locura”, declaró Rita Ora en 2016 a la prensa: le preguntaron porque se había puesto en la piel de Yara para Wonderwell, una magnate de la moda. La cantante británica asegura que ese día se divirtieron de lo lindo y que Carrie Fisher la ayudó mucho en escena durante el rodaje de la que será su última película en los cines. Y, si el propósito de la productora Strange Quark Films era estrenar Wonderwell en 2017 antes de que la querida actriz falleciera, la información de que disponemos es que procurará lanzarla en 2020, tal vez aprovechando la resaca prevista de El ascenso de Skywalker.