Qué duda cabe de que las innovaciones técnicas en el cine influyen en su evolución artística, en la capacidad fascinante de los cineastas para deslumbrar y conmover a los espectadores deseosos de ello. Y, cuando este arte hipnotizador era muy joven y mucho estaba por descubrir, las posibilidades se antojarían infinitas. La opción del **movimiento inverso**, es decir, **las escenas que se montan marcha atrás de modo que pueden contemplarse como si se rebobinara con limpieza una vieja cinta VHS**, son un buen ejemplo de lo que se consigue con tales innovaciones: las escenas grabadas con la previsión de revolverlas luego sirven para solventar apuros de rodaje y, vistas así, para una narración hacia atrás en el tiempo y para ofrecer imágenes insólitas y de lo más atractivas.

Hay producciones en las que, por ejemplo, **un vehículo que circula a gran velocidad debe detenerse de inmediato a pocos centímetros de algún otro objeto** y, para garantizar la integridad física del conductor y no romper la máquina o lo que sea por una colisión accidental, **se filma el plano con el vehículo separándose y se le da la vuelta** al movimiento después. O, cuando **hace falta que un helicóptero se pose con precisión** suma en un punto concreto, lo que **se rueda** es **el despegue para invertir la acción más tarde** y que el público lo pueda ver como si aterrizara. Pero lo de *Anaconda* (1997), el desastre más monumental que se le pudo ocurrir a pobrecito Luis Llosa con el agua sobrenatural de la catarata que sube del río en vez de caer, sólo se debe calificar de chapuza inconcebible.

**Con intenciones artísticas**, el gran **Charles Chaplin** utilizó la técnica de la *reverse motion* en su cortometraje **Día de paga (1922)**, pero no para narrar al revés sino con objeto de que parezca que Charlot, su querido personaje, amontona ladrillos con acrobacias. **Sergei M. Eisenstein** “reconstruyó” una estatua derruida del zar Nicolás II en **Octubre (1927)** con el mismo procedimiento para sugerir la peligrosa regresión del proceso revolucionario en la Rusia soviética. En **El hombre de la cámara (1929)**, el documental experimental de **Dziga Vertov**, se usa en unas cuantas ocasiones; y **Leni Riefenstahl en *Olimpiada* (1938)**, el suyo sobre los memorables Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, durante la secuencia que aborda la competición de salto de trampolín.

Al director **Jean Cocteau** le recriminaba más de un crítico especializado que la acción inversa era un tic personal vergonzoso en su etapa de *El testamento de Orfeo* (1960); si bien se recuerda en este asunto un momento específico de su versión de **La Bella y la Bestia (1946)** en el que un personaje saca un papel del fuego, el cual se grabó convenientemente en dirección contraria. Y en el cine de las últimas décadas se ha empleado de la misma forma la *reverse motion*: clara es la metáfora narrativa al inicio de **Memento (2000)**, la peli de **Christopher Nolan**, con la foto de cámara instantánea que se va desvaneciendo en lugar de revelarse; o fácil de comprender la marcha atrás resolutiva que usa **Jaco van Dormael en *Las vidas posibles de Mr. Nobody* (2009)**.

**Pero ¿cuál fue la primera obra cinematográfica en la que pudo admirarse esta técnica?** Tiene más de un siglo, se titula **Demolición de un muro** y se trata de un corto documental rodado por el pionero **Louis Lumière**, quien aprovechó que iban a tirar abajo el edificio de una fábrica en la calle Saint-Maurice de París un día de la primavera de **1896** para documentarlo con su cinematógrafo. Vemos que su hermano Auguste dirige el derribo llevada a cabo otros hombres, y se cuenta que el camarógrafo puso el carrete al revés por un despiste para la exhibición, con lo que las imágenes se proyectaron en sentido inverso y ocasionaron un impacto colosal en el público. Y semejante espectáculo fue incluido luego a lo que desde entonces es la película de los Lumière sobre **una demolición reversible**.

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