La mayoría de gatos son animales muy independientes, que disfrutan de sus tiempos de soledad, casi tanto como del amor de sus dueños. Por eso, es bastante común que se escabullan al más mínimo despiste de sus compañeros humanos y emprendan excursiones por los alrededores del hogar.

En una zona tranquila, con poco tráfico y un clima agradable, estas salidas suelen acabar bien, con la vuelta a casa del animal ileso. No obstante, si en el exterior el mercurio cae bien por debajo del cero, la cosa se pone peliaguda. Pudo comprobarlo en sus propias carnes Dymka, una gatita rusa que en octubre de 2018 tuvo que ser intervenida de urgencia después de que sus cuatro extremidades, su oreja y su cola se congelaran bajo las inclemencias del frío siberiano. Su vida solo podía salvarse a través de la amputación, pero aún le quedaba una oportunidad para poder seguir caminando: una cirugía casi pionera que la convertiría en el segundo felino del mundo con patas de titanio.

Una operación casi única

El animal fue intervenido en la Clínica Veterinaria BEST, en Novosibirsk, por los veterinarios Sergey Sergeevich Gorshkov y Natalia Vladimirovna Ulanova.

La patología no era algo nuevo para ellos; pues, según ha contado Sergeevich en declaraciones al medio de noticias ruso Ngs.ru, cada año ingresan en el centro entre cinco y siete gatos por este motivo. No es extraño, dadas las temperaturas de la región. Sin embargo, Dymka tuvo la mala suerte de requerir la amputación de todas sus patas, por lo que no podría volver a andar, salvo que se tomaran medidas.

Por eso, los dos veterinarios decidieron ponerse en contacto con investigadores de la Universidad Politécnica de Tomsk para ver si era posible la fabricación de cuatro prótesis de titanio que sustituyeran las extremidades perdidas. Y así fue. El primer paso fue realizar una tomografía computarizada (TC) de tórax y extremidades pélvicas de la gatita, con el fin de conocer la anatomía de la zona en la que se insertarían sus nuevas patas. De este modo pudieron realizar la primera pieza de la prótesis, que se inserta directamente a través de la piel y se une con el hueso cortado, para que las células óseas se adhieran a la superficie metálica, formando una sola unidad. Estas piezas se recubren con fosfato de calcio, para evitar que se generen infecciones o se produzca rechazo.

Una vez que estas se encuentran colocadas y fusionadas al animal, se procede a atornillar las patas de titanio, previamente impresas en 3D, que pueden retirarse y recambiarse cuando sea necesario. El procedimiento fue largo, ya que desde que se amputaron las patas y se empezaron a fabricar las prótesis, hasta que pudieron colocarse con éxito, pasaron siete meses.

Pero ha valido la pena, pues ahora Dymka puede andar, correr, jugar y hasta subir y bajar escaleras como una gata normal. Se une a Ginger, el otro felino que se ha sometido a una intervención como esta. Son solo dos en el mundo, pero el avance de la tecnología podría hacer posible que se realicen muchas más en un futuro.

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