Los collares inteligentes para animales, especialmente para perros, hicieron su agosto durante 2016. Presentados en el CES –el encuentro tecnológico de Las Vegas– bajo la promesa de decir lo que piensa un perro vivieron sus días dorados. Un supuesto algoritmo traducía lo que analizaba del can; basado en colores –e incluso en voz–, el dueño podía charlar con su mascota.

Nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que los collares para mascotas tenían la capacidad de analizar el ritmo cardiaco, si estaba levantado, corriendo o tumbado, poco podían decir de lo que piensa un perro. Mucho menos traducirlo a palabras. Toda esta supuesta innovación quedó reducida a una de las opciones más útiles, y en verdad más simples, de los collares: el GPS de localización. Útil para un animal que podría escaparse en alguno de sus paseos, pero sin ninguna novedad que no existiese ya en otro sector.

Ahora, los collares inteligentes parece que vuelven, pero para uno de los mayores enemigos de los perros: los gatos. Han perdido el GPS –un gato rara vez sale de casa– para aligerar el peso, pero su concepción es la misma. Y su origen también. Directamente desde China, como el resto de modelos, la novedad según sus creadores se basa en el algoritmo que analizar al gato. "Sin esto", aseguran, "sería un collar vacío".

Se les pudo ver durante la celebración del South Summit 2019 presentando un piloto de su versión de collar inteligente. "Un smart collar que mide los movimientos de la mascota usando la ciencia y la inteligencia artificial para entender todos esos movimientos", explica Sara Ylipoti, una de las fundadoras de Moggie a Hipertextual.

Ante esta propuesta de intenciones, Moggie ha tenido más pericia a la hora de vender su collar inteligente. Se cuidan mucho de afirmar lo que sus antecesores cantaron a los cuatro vientos. "No podemos saber lo que piensa un gato, eso es imposible", afirman, "y nunca va a poder hacerse, al menos con la tecnología que existe en la actualidad". De hecho, cuentan con un chat entre el gato –un bot que habla de su actividad– y el dueño: "Había gente que pensaba que era el gato a través del collar, pero les hemos tenido que explicar que simplemente es un juego a través de un bot".

Aunque por sus promociones parezca que, efectivamente, entran en la mente del gato, la realidad es que lo único que analiza el collar son los movimientos de la mascota. "Prácticamente el 80% de las enfermedades de los gatos están relacionadas en el movimiento", añaden, "y aunque aún estamos en fase de desarrollo, sí que tenemos un patrón en términos de movimiento" que compara el comportamiento del gato consigo mismo y con otros gatos.

Caminar, saltar, jugar, jugar tumbado, dormir y descansar son las opciones que, de momento, puede medir el collar. "Esto lo hemos hecho midiendo las acciones de los gatos grabados en vídeo y anotando los datos en modo técnico". De momento, son incapaces de medir la diferencia entre beber y comer, puesto que el movimiento de la cabeza es el mismo y el tiempo relativo –cuestión de milisegundos–.

Tienen mucho cuidado de dar diagnósticos, porque en esos detalles se esconde el demonio. Saben que si se equivocan podrían meterse en un lío legal serio, por lo que de momento solo aportan datos y consejos sobre si se debe visitar a un veterinario datos en mano. Igualmente, aseguran que no están lejos de poder detectar la obesidad, problemas del corazón o la osteoartritis –enfermedad por la cual los gatos dejan de saltar–. Aseguran que estos son muy similares a los humanos, por lo que si un gato deja de moverse, comer o dormir, podría estar deprimido. Quizá obeso –aunque eso sería fácil de ver a simple vista–, o con problemas en las articulaciones.

Basados en un estudio conjunto aún no publicado–Activity Tracking - A pilot study to evaluate the reliability of smart collars in measurement of cats´ activity– con la Swedish University of Agricultural Sciences (Sveriges Lantbruksuniversitet), la realidad es que su fundamento se encuentra en análisis anteriores enfocados a perros de tiro y al estudio de su rendimiento con trineos. Estos collares, de hecho, analizaban pulso, la respiración y la frecuencia cardíaca demostrando el rendimiento de los mismos a la hora de medir sus datos. Moggie, por su parte, sigue en fase de estudio. Aún no están ni a la venta para el público, aunque esperan que sea en 2020, tras la validación de su estudio académico.

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