– Ene 27, 2020, 14:09 (CET)

Animales actores detrás de las cámaras: un drama desconocido

Tanto la cautividad como el adiestramiento de animales son temas controvertidos en muchos ámbitos, siendo el del cine uno de los más complicados.

Los animales en el cine, al igual que en la realidad, suelen ser adorables. Hay quien dice que le disgusta ver sufrir en una película a uno de ellos más que si se tratara de personas. Quizás porque se les ve más vulnerables. ¿Pero qué pasa con estos inusuales actores detrás de las cámaras?

Estamos acostumbrados a leer ese típico mensaje: “ningún animal fue maltratado durante la grabación de estas película”. Afortunadamente, en la actualidad (en el pasado no tanto) suele ser así. No obstante, su vida no se restringe a los días que duró el rodaje. Es mucho más y, del mismo modo que muchos actores humanos no llevan bien la fama, los animales en ciertas ocasiones tampoco. Y, como es lógico, no es culpa de ellos.

Keiko, la orca de 'Liberad a Willy'

Warner Bros

Esta película, cuya primera parte, la más famosa, fue rodada en 1993, fue en su día todo un canto a la conservación y la libertad de las orcas.

Narra la historia de uno de estos cetáceos, que se encuentra cautivo en un Parque Acuático cuando un rebelde niño adoptado se convierte en su mejor amigo y se propone conseguir devolverlo al mar.

Paradójicamente, la vida de Keiko, la orca que dio vida a Willy, no era muy diferente a la de su personaje. Fue capturado en Islandia, en 1979, cuando tenía solo tres años de edad, y vendido a un acuario islandés. Vivió allí durante tres años, tras los cuales volvió a venderse, esta vez al parque Marineland, ubicado en Ontario, Canadá. Allí fue maltratado e intimidado por otras orcas de mayor edad, generándole lesiones y claros síntomas de estrés y malos cuidados.

Pero su historia no terminó ahí, pues en 1985 se trasladó de nuevo, esta vez a otras instalaciones similares, ubicadas en Ciudad de México.

Para ese entonces medía algo más de tres metros, pero se encontraba recluido en un tanque para delfines mucho más pequeños, también en unas condiciones pésimas. Esa era su vida cuando ya en los 90' fue descubierto por trabajadores de la Warner Bros, que se encontraban buscando una orca con cabida para interpretar al personaje protagonista de Liberad a Willy. Keiko encajaba a la perfección en el perfil.

La cinta fue un éxito y, sobre todo, consiguió lo que pretendía: concienciar al público sobre la situación de las orcas en cautividad. Pero el mensaje no se dio con la claridad suficiente para no poner a Keiko en peligro. Pronto empezaron a llevarse a cabo numerosas campañas, dedicadas a reunir fondos y firmas para conseguir que la ballena fuera devuelta a la libertad.

En primer lugar fue trasladado a Oregón, a un nuevo acuario en el que recuperó la salud perdida en sus anteriores hogares. Fue, sin duda, su mejor momento, desde su captura en 1979. No obstante, este era solo un paso intermedio, pues el objetivo final de sus defensores era llevarlo de vuelta al mar. Y así fue. En 2002 fue liberado en el mar, cerca de las costas de Noruega, junto a una manada de orcas salvajes. Pero Keiko ya no sabía cazar, ni vivir en manada.

Nadaba continuamente en busca de humanos a los que pedir comida y cuidados y no se integraba con sus compañeros. En esas condiciones, no tardó en caer enfermo y murió por una neumonía en diciembre de 2003. Seis años después, se publicaría un estudio en el que científicos de la Universidad de Nebraska analizaban todo lo que se había hecho mal en los intentos por salvar a la orca.

Su caso es un claro ejemplo de cómo un animal que se ha adaptado a la cautividad puede sufrir más en libertad que durante su encierro. Recientemente lo observábamos también en la beluga, presuntamente espía rusa, que apareció primero en Noruega y después en Sudáfrica, buscando siempre el contacto humano, a riesgo de ser cazada o herida por las hélices de los barcos.

La otra cara de los chimpancés actores

Cheeta, Jiggs y Travis son algunos de los chimpancés actores más famosos de la historia del cine. A los dos primeros pudimos verlos encarnando el papel de Cheeta, en diferentes versiones de la película Tarzán, mientras que el tercero ha protagonizado varios anuncios y ha tenido apariciones en algunos programas de televisión.

Todos ellos podrían haber formado parte del estudio publicado recientemente en PLoS ONE, en el que investigadores de la Fundació Mona, la Universidad de Girona y la Universidad de Graz, trabajando con un grupo de chimpancés con historiales previos de adiestramiento, analizan cómo sus condiciones de vida han influido actualmente en su comportamiento y su bienestar.

Con este trabajo, concluyen que las experiencias traumáticas en los primeros años de vida de estos primates pueden tener un impacto muy duradero sobre su calidad de vida. Por ejemplo, suelen dedicar menos tiempo a acicalarse. Esto puede parecer algo superficial, pero en estos animales es de gran importancia, pues se trata de una conducta social básica, que además facilita el vínculo y la reconciliación con otros compañeros.

Es cierto que puede que estos animales no sufrieran maltrato durante el rodaje de las películas, incluso que vivieran en buenas condiciones. No obstante, el hecho de adiestrarlos y enseñarles conductas que no son propias de su especie no deja de ser una inducción de estrés, que puede traumatizarles de por vida. Ya lo avisaron recientemente desde la fundación Jane Goodall, cuando se hizo viral el vídeo de un chimpancé navegando por Instagram. Queda una escena “muy mona”, pero todo lo que hay detrás puede ser muy peligroso para el animal.

Tai, el elefante de 'Agua para elefantes'

Fox 2000

La historia de este elefante asiático es bastante controvertida, desde que la asociación Animal Defenders International publicó un vídeo en el que se veía cómo este y otros paquidermos eran maltratados por los adiestradores de la compañía Have Trunk Will Travel, que preparó al animal para su papel en la película Agua para elefantes.

Curiosamente, la cinta trata de denunciar el maltrato animal, de ahí que su productora, junto a la American Humane Association (AHA), se lanzara a emitir un comunicado, reproducido en parte por HuffPost, en el que se aseguraba que ningún animal fue dañado para su realización.

No sufrieron durante el rodaje, pero eso no resta que pudieran ser maltratados durante el periodo previo de adiestramiento. De hecho, desde la AHA aseguraron que ninguno de ellos se encontraba presente cuando el vídeo fue grabado en 2005, mucho antes del estreno de la película, que tuvo lugar en 2011.

De nuevo estamos ante un caso similar al de los chimpancés. Que no se haya dañado durante la grabación de la película no implica que no sufriera durante su entrenamiento. En este caso no hablamos de trauma generado por el estrés, sino directamente de daño físico. Eso es algo por lo que, lógicamente, ningún actor humano debería pasar. Pero los animales tampoco.