– Dic 3, 2019, 9:02 (CET)

Todos los ‘easter eggs’ del séptimo episodio de ‘Watchmen’

A dos capítulos del final de temporada, Watchmen comienza a responder las grandes preguntas que el argumento ha plantado hasta ahora y sobre todo, a analizar el escenario de lo que podría ser un gran Season Finale emparentado directamente con una nueva dimensión de la novela gráfica. Hagamos un repaso de los principales easter eggs y referencias del más reciente episodio.

Para su séptimo capítulo, Watchmen comienza a dejar claro que su venidero final de temporada será una mezcla entre las preguntas que debe responder la serie y que, hasta ahora, insinuó durante buena parte de los episodios y una nueva dimensión sobre los acontecimientos más intrigantes y enigmáticos de la nueva mitología a la que está dando forma la serie. De una u otra forma, la serie analiza la mitología creada por Damon Lindelof desde la perspectiva de redimensionar el material original, pero, sobre todo, de reflexionar sobre el posible futuro de la serie.

La búsqueda de todas las respuestas

El título del capítulo An Almost Religious Awe es de hecho una inmediata referencia a la novela gráfica: la línea está incluida en la forma en que el Doctor Manhattan cuenta la forma en que los vietnamitas interpretaron sus poderes como una forma de divinidad, lo que provocó que intentaran entregarse directamente a él. “Sentían un temor casi reverencial hacia mí… equilibrado por un temor casi religioso”, decía. Además, puede verse esa especie de histeria colectiva en las celebraciones en la que la efigie del Doctor Manhattan es por completo omnipresente e incluso, se le brinda un tipo de veneración al estilo de Santa Claus, Tío Sam y otras figuras de resonancia casi mítica en lo social y cultural.

Un superhéroe esquivo

El capítulo siete está lleno de referencias constantes y directas al Doctor Manhattan y es evidente que la serie está a punto de traer a primer plano al héroe más importante —y hasta ahora más esquivo— de la historia original. El episodio comienza con imágenes de un documental sobre el superhéroe de piel azul, en la que recorre sus mejores logros y también, sus momentos más revelantes, incluyendo un titula del periódico New Frontiersman que muestra a Jon Osterman junto a Neil Armstrong, con las palabras The Right Stuff, una serie de anuncios de revista que muestran una variedad de innovaciones tecnológicas logradas o relacionadas con el Doctor Manhattan y sus especialísimas cualidades y por supuesto, una mirada a la presencia del superhéroe en los campos de batalla de la Guerra de Vietnam y por último, la portada de New York Gazette con fecha de su partida a Marte: 30 de octubre de 1985.

Por supuesto, tampoco podría faltar la esquiva pero omnipresente mano de Adrien Veidt, que fue el instigador de la investigación del periódico Nova Express (que también se incluye en la novela gráfica) sobre el supuesto vínculo del Doctor Manhattan y la muerte por cáncer de algunas personas cercanas a su círculo, reportaje que en la historia original lleva la firma de Doug Roth basada en información falsa suministrada en secreto por Veidt.

Uno de los elementos más curiosos que la serie desarrolla alrededor de la figura del Doctor Manhattan, es el hecho que la religión tal y como la conocemos carece de sentido debido a la existencia del superhéroe, como si de alguna manera sus poderes extraordinarios e ilimitados fueran una negación de la fe en la realidad alternativa que muestra la serie. Una y otra vez, el argumento de la producción de HBO explora las implicaciones de la existencia de una criatura con poderes formidables — y en apariencia, que puede ser explicado a través de la ciencia — lo que se convierte en cierta manera, en un recorrido por la psiquis de los personajes y su entorno.

Todo lo anterior, conduce sin duda a la gran revelación final del capítulo, que deja muy claro que la identidad del Doctor Manhattan es mucho más compleja y además, está más relacionada con el centro motor de todo lo que ha ocurrido en la serie hasta ahora de lo que se podía suponer.

A continuación, un spoiler de considerable importancia: si no has visto el capítulo siete de Watchmen deja de leer ahora.
Cal Abar resulta ser la encarnación —una de varias — de Doctor Manhattan, lo que convierte a la serie en un extraño laberinto de identidades en el que Ángela debe profundizar, quizás para comprender los sucesos de su vida y lo que, de hecho, está ocurriendo en la forma como comprende hasta ahora, la relación del héroe de piel azul con el resto de la historia en Tulsa. Un golpe de efecto que parece relacionar no sólo el viejo deseo de Manhattan de probar “una encarnación humana” sino también, de ocultar su identidad dentro de un contexto más amplio.

Una vieja historia

La serie dedica una buena cantidad del argumento del séptimo episodio a Ángela y su pasado, que analiza a través de pequeñas huellas de contexto y que engloba el comportamiento del personaje en el futuro y la forma en todo lo que ha vivido hasta ahora, le vincula con lo ocurrido al final del episodio. Aunque no hay una fecha sobre cuando ocurren los eventos de su niñez, se incluyen algunos datos, como un VHS de Ghostbusters (que no llegó a las tiendas hasta octubre de 1985) y que permitir calcular que todo lo que ocurre transcurría entre finales de ese año y mediados del siguiente, lo que además engloba entonces los sucesos Vietnamitas de Doctor Manhattan e incluso, su posterior y aparente exilio en Marte.

El restaurante de comida rápida Burgers n ’Borscht (presencia constante en la novela gráfica) también forma parte de los pequeños detalles que permiten contextualizar la fecha y calcular la edad de la pequeña Ángela, que debería tener entre diez o once años. También, permite analizar que todo lo que cuenta ocurre después que Ozzymandias tuviera éxito en su gran conflagración mundial. En todos los lugares, es notorio el espíritu de cooperación entre países que fue la consecuencia inmediata a la estratagema llevada a cabo por Veidt y que terminó en una fusión de las culturas estadounidense y rusa.

Entre la colección de películas de la pequeña Angela, se encuentra además de Sister Night (que no necesita explicación de sus implicaciones en el futuro de la heroína), una extrañísima referencia a la adaptación cinematográfica de Fogdancing, basada por supuesto en novela del escritor de Max Shea, Tales of the Black Freighter, aliado y luego víctima de Adrian Veidt. Por singular que parezca, la película está dirigida por David Cronenberg y se une al curioso contexto cultural que rodea al universo de Watchmen. Por último, encontramos Silk Swingers, el film de ínfima calidad que narra la vida de Silk Specter, Sally Jupiter, la madre del agente del FBI Laurie Blake y que al parecer forma parte de la serie B que recoge las vicisitudes de los grandes héroes de antaño.

Un singular juicio

Por primera vez en la serie, tenemos una idea bastante clara de lo que sucedió una vez que Ozymandias llevó a cabo sus planes: le vemos con su uniforme completo y además, en medio de un juicio en que el debe responder por lo que hizo y en el que se deja claro, que Veidt debe “vivir”, lo que refuerza la sospecha que el confinamiento que hemos visto hasta ahora es sin duda, una forma de castigo elaborado y sin duda, auspiciado quizás por Manhattan.

Un extraño laberinto familiar

El capítulo siete también nos brindó una de las revelaciones más desconcertantes de la serie hasta ahora: la hija de Lady Trieu… es en realidad el clon de su madre, lo que según los datos extras que puedes encontrar en la llamada Peteypedia podría sugerir que incluso la misma Lady Trieu es también… un clon, lo que convertiría a la familia en una interminable sucesión de seres idénticos basados en un método de crianza incluido en el libro Pachyderm Mom, escrito por — sí, lo adivinaste — la madre de Lady Trieu.

La mitología de Watchmen en la televisión no hace más que volverse más compleja: con solo dos capítulos para el final de temporada, la serie deberá no sólo contestar las respuestas a todo tipo de enigmas, sino también la necesaria evolución de la historia original. ¿Lo logrará?