Un panda gigante adulto puede medir hasta 1’90 metros y pesar entre 70 y 125 kilogramos. Sin embargo, sus cachorros recién nacidos son pequeñas criaturitas casi sin pelo, que a duras penas alcanzan los 130 gramos y los 18 centímetros de longitud. Esto supone una relación entre el peso del cachorro y su madre superior a 1:900, que se coloca como la relación más alta de todos los mamíferos placentarios, ya que por lo general en estos se suele encontrar en torno a 1:26.

Los únicos mamíferos cuyas crías tienen un aspecto similar son los marsupiales, pues nacen antes de finalizar lo que sería una gestación normal, de modo que pasan a la bolsa de la madre, en la que terminarán su desarrollo. El problema es que los pandas no tienen bolsa, por lo que sus cachorritos deben salir al mundo directamente, sin un bolsillito en el que alojarse. ¿A qué se debe entonces? Para responder a esta pregunta, un equipo de científicos de la Universidad Duke ha llevado a cabo un estudio, publicado recientemente en Journal of Anatomy, en el que se analizan los huesos de las crías de varias especies de mamíferos, hasta llegar a unas conclusiones que también se encuentran envueltas en un halo de misterio. Al menos de momento.

Cachorritos “sin terminar”

Para la realización del estudio, estos científicos utilizaron los huesos de dos crías de panda gigante (Ailuropoda melanoleuca) que se conservaron en el Zoológico Nacional Smithsonian después de su fallecimiento, durante los años 80.

Tomaron imágenes por micro-tomografía computarizada, tanto de estos como de otros esqueletos, procedentes de cachorros de otras ocho especies de mamíferos: dos osos pardos (Ursus arctos), dos osos perezosos (Melursus ursinus), dos osos polares (U.maritimus), un panda rojo (Ailurus fulgens *), un coatí (Nasua narica ), un perro africano salvaje (Lycaon pictus), un zorro ártico (Vulpes lagopus) y dos perros domésticos (Canis familiaris*), de los cuales uno en realidad era un feto.

Gracias a las imágenes obtenidas pudieron crear modelos en 3D de cada uno de ellos y comparar su nivel de desarrollo a través de factores como el crecimiento óseo, la formación de dientes o la fusión de las placas del cráneo.

Para empezar, partieron de la idea de que los osos, en general, exhiben pesos muy bajos al nacer. Se cree que esto puede deberse al proceso de hibernación, ya que las madres tendrían que parir antes de la llegada de las bajas temperaturas, para ahorrarse la energía que supone un embarazo. Sin embargo, los pandas gigantes no hibernan y son precisamente los que nacen más pequeños.

De cualquier modo, esta premisa no era muy sólida, puesto que, en lo que a desarrollo se refiere, los esqueletos de las otras especies de oso analizadas se encontraban al mismo nivel que los del resto de mamíferos. Solo el panda parecía estar por debajo de todos los esqueletos, salvo uno: el feto de perro. Esto demostraba que, efectivamente, nacen cuando todavía no se han terminado de desarrollar. Concretamente, en lo que en humanos equivaldría a salir al mundo en la semana 28 de gestación (en humanos este proceso dura 40 semanas).

¿Por qué tan pequeños?

Comprobado que a los pandas recién nacidos les falta, literalmente, un hervor, quedaba saber a qué se debe este fenómeno.

Para empezar, la gestación de estos animales es poco habitual. En general, los osos poseen algo conocido como implantación tardía, que se caracteriza porque el embrión se encuentra libre en el útero durante unos meses, tras los cuales por fin termina implantándose. Es algo muy diferente a lo que ocurre en otras especies. Por ejemplo, en humanos comienza aproximadamente 6 o 7 días después de la fecundación y acaba una semana más tarde. Todo este tiempo que el embrión de los úrsidos se encuentra “vagando” por el entorno uterino significa una reducción de la gestación. No obstante, en los pandas es especialmente corta, de entre 97 y 161 días.

La razón no está clara. Se cree que en el pasado los osos evolucionaron para aumentar su tamaño, pero que solo lo hicieron los adultos, por lo que sus crías quedaron con las dimensiones de sus antepasados. Esto podría ser una explicación general, pero seguiría arrojando dudas sobre la falta de desarrollo de los panditas recién nacidos. Será necesaria más investigación para saberlo. Hasta entonces, cuando veas el famoso vídeo del cachorrito que estornuda, recuerda que, aunque ese ya está más crecidito, nació “sin terminar de hornear”. ¿No te parece ahora todavía más adorable?

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