– Nov 22, 2019, 9:02 (CET)

Nunca volverás a ver a Emilia Clarke desnuda

Convertida en un icono, Emilia Clarke admite su incomodidad por sus desnudos durante la primera temporada de la ya clásica Game Of Thrones. Para la actriz, la forma gratuita de mostrar el cuerpo de la mujer como un recurso para aumentar el interés del público, se ha convertido en un tema controvertido, mucho más en plena época #MeToo.

Hace unos meses, varios críticos especializados en el mundo del espectáculo comentaron la ausencia de desnudos durante las dos últimas temporadas de la serie Game Of Thrones, la que por años fue famosa por usar el sexo como una forma de puntualizar la atención del público en determinados puntos del argumento. De hecho, llegó a debatirse que, si la serie se hubiera estrenado en el 2019 en lugar del 2011 es bastante probable que su forma de narrar la saga de novelas del escritor George R.R Martin habría sido muy distinta. Ahora, la actriz Emilia Clarke —ganadora de un Emmy y convertida por derecho propio en icono— parece tener una idea semejante sobre el tema.

A pesar de encontrarse profundamente orgullosa por haber interpretado a la temible Daenerys Targaryen durante las ocho temporadas del show, admitió estar profundamente cansada de las preguntas acerca de su desnudez durante los primeros capítulos, a pesar que su opinión sobre el tema ha cambiado a través de los años y, de alguna manera, ha logrado encontrar una forma de admitir su incomodidad a la vez, de analizar la forma en que el show utilizó el sexo y la desnudez como recurso narrativo.

Hace unos días, Clarke ofreció algunas declaraciones al respecto a Dax Shepard en su podcast Armchair Expert, que recoge Deadline, y en las que queda claro que la Reina Dragón todavía analiza desde perspectivas muy diversas la experiencia. Al describir sus sentimientos con respecto a su actuación en la primera temporada de la serie, la actriz admitió no saber con mucha claridad qué era lo que hacía cuando aceptó el papel, que incluía una variada serie de desnudos y escenas sexuales.

“Llegué a un acuerdo con eso de antemano”, dijo Clarke. “Pero luego, al entrar y hacerlo, todo fue muy distinto… Había estado en una película dos veces antes y luego, estaba en una película completamente desnuda con todas estas personas a mi alrededor. No sabían qué se esperaba de mí y tampoco, lo quería hacer”.

Por supuesto, se trata de una situación confusa que puso a la actriz —que por entonces apenas contaba con 23 años— en la complicada disyuntiva de asumir el papel principal de una importante serie de televisión en la que además, debía lidiar con exigencias muy precisas sobre el aspecto físico, el comportamiento y la forma en que su personaje se relacionaba con el resto de sus antagonistas. Clarke contó que en medio de la tensa situación tuvo una reveladora conversación con su co protagonista Jason Momoa, que le sugirió entre líneas que la serie de HBO se estaba aprovechando de su inexperiencia en la primera temporada para sacar provecho en una serie de escenas que incluían desnudos sin mayor justificación argumental. “Definitivamente fue difícil. Por eso las escenas con Jason fueron maravillosas, porque él dijo: ‘No, cariño, esto no está bien'”.

A medida que su personaje en la serie se hizo más relevante y la participación de la actriz más importante, Clarke tuvo el poder suficiente para reducir la cantidad de desnudos e, incluso, escoger secuencias en la que el hecho de aparecer desnuda fuera una declaración de intenciones poderosas para Daenerys. Como la ya clásica quema del Khalasar en la séptima temporada, en la que el personaje recupera su libertad y además, obtiene la lealtad del grupo de Dothraki que la mantenía cautiva. No obstante, para la actriz, el tema del desnudo siguió siendo desagradable, abrumador y la mayoría de las veces incómodos. En la misma entrevista, Clarke revela la desagradable historia que alguien intentó presionarla para que hiciera desnudos, aunque no llega a mencionar en cuál proyecto. Sin embargo, hace meses se relevó que la actriz rechazó el papel como Anastasia Steele en la película Cincuenta sombras de Grey justo por la cantidad de sexo y desnudos que incluía su participación.

“Ahora las cosas son muy, muy diferentes”, dijo Clarke durante la entrevista. “Soy mucho más inteligente con lo que me siento cómoda y lo que estoy de acuerdo en hacer. He tenido peleas en el set en las que indico cosas como ‘No, la sábana se queda arriba’, y dicen, ‘No quieres decepcionar a tus fans de Game of Thrones. A lo cual he respondido: 'Jódete'”. Toda una evolución para una actriz que comenzó sin saber muy bien cómo negarse a las exigencias de su fama recién nacida.

El sexo, el desnudo y otros dolores

La discusión sobre el uso de desnudos y sobre todo, la presión sobre las actrices con respecto al tema no es novedosa ni mucho menos reciente. Mucho más, cuando la insistencia sobre lo que una actriz podría hacer o no en el plató se relacionaba con una definitiva demostración de poder del estudio o el productor sobre el intérprete. Durante el apogeo del movimiento #MeToo se le preguntó a Sharon Stone, símbolo sexual de la década de los noventa, si alguna vez la habían acosado dentro del plató de filmación. La actriz miró al periodista y soltó una carcajada de sonora. “Espero eso haya respondido tu pregunta”, añadió después.

La misma Sharon Stone diría unos años después —tras recuperarse de un derrame cerebral que la obligó a un retiro temprano— que para buena parte de las actrices, la cosa se resume en una idea concreta: “Ser co***” o no. Stone, que en la actualidad se dedica a causas benéficas y decidió contar su experiencia frente a las cámaras, ha dejado claro más de una vez, que no tuvo otro remedio que convertirse en un símbolo sexual cuando a los treinta y dos años, su carrera consistía en un par de papeles menores y un puñado de campañas publicitarias.

“Porque estoy harta de desnudarme”, declaró Sharon Stone, cuando durante la filmación de la película El especialista (Luis Llosa, 1994) se le exigió desnudarse y se negó a hacerlo. Por entonces, era considerada el símbolo erótico de la década y también, una actriz cuya sola presencia en cualquier película aseguraba tórridas escenas sexuales. Para su contraparte en el film, el actor Sylvester Stallone, el argumento de Stone carecía de sentido e insistió que la escena de sexo —quizás una de las más innecesarias y peor actuadas de la historia del cine— debía ser incluida. Para asegurarse que se llevara a cabo, Stallone presionó a Stone a través de los productores y, por último, la hizo beber una botella de Vodka. Al final, la escena se filmó y más tarde, fue considerada el punto más bajo de una película intrascendente que se convirtió una decepción taquillera y de crítica.

Para buena parte del público, la anécdota seguramente parecerá irrisoria: ¿Sharon Stone, la mujer que mostró la vagina a las audiencias del mundo se avergonzaba de desnudarse? La película Instinto Básico (1992) de Paul Verhoeven llevó a Stone al estrellato y encumbró el cine erótico de una década obsesionada con el sexo en películas comerciales. Pero en realidad, se trata de algo mucho más retorcido y duro que la mera decisión de la actriz de grabar una escena controvertida.

Casi en el límite de la edad en que a las mujeres en Hollywood se le consideran jóvenes, Stone tomó la consciente decisión de aceptar que debía ser sexualmente deseable para alcanzar el éxito. Su cruce y descruce de piernas en la película de Verhoeven fue una escena que no estaba destinada al montaje final del film y que el director incluyó sin informar a Stone. La actriz abofeteó a Verhoeven, según contó después, pero aún así se encontró disfrutando del éxito que siempre deseó. ¿Una trampa cruel?

Por ahora, las actrices han recuperado el poder al momento de negociar sus contratos y sobre todo, la forma en que se utiliza su imagen Hollywood. Clarke, con su estilo directo y sincero, es uno de los mayores ejemplos sobre el tema. No obstante, aún es necesario profundizar más sobre un controvertido asunto que pone a la percepción sobre las mujeres y su cuerpo en un lugar incómodo: ¿la cultura popular está lista para asumir que la mujer es algo más que su capacidad para asombrar y mostrarse atractiva? Una pregunta que quizás, no tenga una respuesta inmediata.