– Nov 1, 2019, 10:02 (CET)

Así se está vendiendo Hollywood en China: un baile de dinero y censura

Por primera vez en la historia dos películas chinas entran en el top 10 de recaudación mundial. Sin embargo, las intenciones de las productoras norteamericanas por entrar en el gigante asiático han llegado de la mano de comentados casos de censura.

En medio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, hay algo que está claro que une a sus ciudadanos: las películas de superhéroes y otros grandes éxitos de taquilla. Avengers: Endgame recaudó más de 600 millones de dólares en el gigante asiático, que se espera que ya en 2020 sume a la taquilla mundial 12.200 millones de dólares, esto es, más dinero que el mercado norteamericano (11.600).

Con sus más de 60.000 salas de cine y una población que en las últimas décadas ha empezado a aumentar su gasto en ocio, China se ha convertido en el segundo gran mercado para el entretenimiento norteamericano. Sin embargo, lo más novedoso es quizá el viaje de vuelta que ha tenido esta eclosión. Por primera vez en la historia este año hay dos películas chinas en el Top-10 de recaudación mundial.

Se trata de Ne Zha, una cinta de animación que ocupa el noveno puesto actualmente por debajo de Joker, y la que cierra el top, The Wandering Earth (Liu Lang Di Qiu es su título original), una historia de ciencia-ficción espacial donde un grupo de científicos tienen un plan para sacar a la Tierra del Sistema Solar.

Ambas han hecho más del 90% de su taquilla en su país de origen, pero Ne Zha ha llegado ha estrenarse en cines de Estados Unidos recibiendo buenas críticas y The Wandering Earth está disponible ahora en todo el mundo a través de Netflix.

Ne Zha (2019)

En Ne Zha se nos cuenta la historia de un niño demoníaco con rabietas violentas que se basa en un personaje del mismo nombre de la mitología china. Su éxito ha sido tal que ha conseguido colocarse como la segunda película más taquillera de la historia del país con 700 millones de dólares, solo superada por Lobo Guerrero 2, la secuela estrenada en 2017 de una especie de Rambo chino.

Con estos datos, y sobre todo ese mercado millonario en público y yuanes, es lógico que cualquier productora occidental pugne por penetrar en el mercado chino. Pero hay un problema, el Gobierno de Pekín mantiene un sistema de cuotas que solo permite entre 30 y 40 películas extranjeras exhibiéndose en sus salas cada año, que por supuesto deben contar además con el beneplácito de la censura. Esto ha hecho que muchas productoras hayan iniciado una política de co-producción para poder entrar en las carteleras chinas. Aunque eso también ha pasado por la aceptación de buena parte del cine norteamericano de la aceptación de ciertas condiciones políticas en sus films.

La Tierra Errante (2019)

De Siete años en el Tíbet a Shang-Chi

Como en todo régimen dictatorial, el cine en China siempre se ha considerado una parte fundamental de su propaganda, reservando la cúspide del aparato censor a personas relevantes, ya no solo para el partido, sino también para el líder. La esposa de Mao Zedong, Jiang Qing, fue nombrada jefa de la Agencia de Cine del Departamento Central de Propaganda en 1950.

En los años en los que su marido estuvo al poder, el cine chino pasó de representar algunas películas hoy consideradas clásicas como Primavera en una antigua ciudad (1948), que fue censurada posteriormente, a lanzarse a una ola de metrajes propagandísticos que reforzaban el llamado 'espíritu del pueblo'. Nada distinto a otras dictaduras.

El cine extranjero fue entrando poco a poco, teniendo una primera eclosión en los 90, aunque se eliminaba cualquier referencia crítica o a sus rivales territoriales. En Top Gun (1986), por ejemplo, se eliminó la bandera de Japón y de Taiwan de la chaqueta del personaje de Tom Cruise.

En ese tiempo, Hollywood también produjo algunas películas que levantaron ampollas en su relación con el Gobierno chino. Siete años en el Tíbet, donde se retrataba de fondo la causa tibetana, fue censurada y perseguida.

La cuestión tibetana ha sido desde entonces un aspecto a evitar por parte del cine norteamericano. En 1997 Disney lanzó Kundun -donde también se reflejaba el problema-, por la cual el CEO de Disney, Michael Eisner, voló a Pekín para disculparse de propio con el liderazgo chino. La herencia y el cuidado se ha trasladado después al cine más reciente, especialmente para poder estrenar las películas más taquilleras.

En el cine de superhéroes, sin ir más lejos, se encuentran dos casos señalados como un reflejo de este pliegue hacia la censura. La tercera parte de Iron Man contó con varios actores orientales estrellas en el país que tuvieron un pequeño papel. El objetivo no era otro que tener rostros reconocibles con los que presentar sus carteles en China, aunque luego apenas aparecieran en unas pequeñas secuencias. También se acusó a Disney de cambiar en Doctor Strange (2016) a El Anciano, un personaje tibetano en la serie original de cómics, por otro blanco interpretado por Tilda Swinton.

A pesar del aperturismo del país en muchas cuestiones, la censura y el control de los estrenos no ha ido a menos. En 2018, la supervisión de la industria del cine se trasladó a una nueva superagencia, directamente bajo la supervisión del Departamento Central de Propaganda del Partido. La medida se produjo a la vez que cuando el presidente Xi Jinping reforzó su control absoluto sobre el poder y redujo los límites de mandato.

Así las cosas, y en búsqueda de los yuanes de la taquilla china, en los últimos años muchos estudios han apostado por coproducciones con empresas locales para asegurarse su estreno. Uno de los ejemplos más recientes y que también ha llegado con polémica es Abominable, cinta de animación que cuenta la historia de un simpático Yeti producida por Dreamworks junto con Pearl Studios, con sede en Shanghai.

A scene from Abominable taken in a theater and shared by Vietnamese media. Twitter/Dreamworks

En esta película, en uno de los fotogramas, se puede ver un mapa de China con la llamada 'línea de nueve trazos', una construcción impulsada por el Partido Comunista que marca el territorio del mar del sur de China que el gigante asiático reclama como suyo frente a otras naciones de la zona como Filipinas o Vietnam.

China es el único país que reconoce este mapa inusual, inexistente para cualquier organismo mundial. La línea de nueve trazos no tiene base en el derecho internacional, que no reconoce la soberanía de ningún país sobre aguas abiertas. En 2016, el tribunal internacional de La Haya también rechazó muchas de las afirmaciones de soberanía de China sobre el Mar del Sur. Pekín nunca ha aclarado la definición legal de la línea o incluso su ubicación precisa, probablemente porque no cuenta con base para hacerlo. Sin embargo, las escuelas y mapas oficiales del país sí que lo muestran, al igual que Abominable.

Marvel Comics

De un modo u otro, parece que el empuje del país que más gasto generará en taquilla en los próximos años está transformando la agenda de los grandes estudios. Marvel ya ha confirmado para su Fase 4 de una película propia de Shang-Chi, un personaje muy residual en los cómics que será interpretado por el actor chino-canadiense Simu Liu y cuyo carácter oriental seguramente sea una apuesta de éxito en las salas del país.