Los cambios en el clima no son algo nuevo. Desde que la Tierra existe se han experimentado varios periodos en los que las temperaturas globales y las tasas de precipitaciones han virado naturalmente a puntos muy alejados. Sin embargo, esto ha sido el resultado de un proceso lento, al que la mayoría de especies animales y vegetales han podido adaptarse.

En cambio, lo que está ocurriendo ahora es muy diferente. La actividad humana está acelerando todas estas modificaciones climáticas, llevando a que algunas especies, por desgracia, no dispongan de tiempo suficiente para hacerse al cambio y terminen sucumbiendo. Por ejemplo, es el caso de la rata Melomys rubicola, cuya extinción se dio a conocer oficialmente el pasado mes de febrero. No obstante, la evolución “se ha portado mejor” con otros animales, quienes han logrado experimentar cambios rápidos, que les han permitido reproducirse en mejores condiciones. Es el caso del ciervo rojo (Cervus elaphus), una especie que, según un estudio recién publicado en PLOS Biology, se ha adaptado para reproducirse antes de lo normal, cuando las temperaturas aún son favorables para la crianza de los recién nacidos.

Cervatillos prematuros para soportar las temperaturas

Para la realización de este estudio, llevado a cabo por científicos de la Universidad Nacional de Australia y las universidades de St. Andrews y Cambridge y financiado por el Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural, se hizo un seguimiento de las fechas reproductivas de una comunidad de ciervos rojos en la isla escocesa de Rum, desde 1972 hasta 2016.

Se conoce que algunos factores, como la edad de la hembra, influyen en el momento en el que se da a luz a las crías. Por ejemplo, las maduras suelen parir antes que las más jóvenes, aunque las de edades muy altas lo hacen las últimas. Sin embargo, los autores de este trabajo observaron también que las temperaturas más elevadas durante el periodo de celo anterior al parto tendían a adelantar la fecha de este. Como consecuencia, el calentamiento del clima estaba llevando a que el periodo reproductivo se desarrollar en general antes de lo normal, para la mayoría de hembras, de una forma proporcional. Concretamente, desde 1980 se adelantaba aproximadamente tres días por década, por lo que a día de hoy todo transcurre casi dos semanas antes de que se empezara el seguimiento. ¿Pero a qué se debían esos cambios de fechas? ¿Estaban evolucionando de algún modo las ciervas para ello?

Con el fin de responder a estas cuestiones, decidieron estudiar en esta especie algo conocido como plasticidad fenotípica, que hace referencia a los cambios originados en las características de un organismo como consecuencia de una modificación ambiental.

Estudios anteriores sobre el tema habían apuntado a que esta plasticidad, impulsada por el aumento de las temperaturas, podría explicar una proporción importante del cambio del adelanto de las fechas de parto. No obstante, ninguno de ellos explicaba por qué se producía un cambio tan mantenido a lo largo del tiempo. En este aspecto, según explican los autores de esta última investigación en el documento recién publicado, parecía plausible que la evolución jugara un papel importante, puesto que los cambios fenotípicos observados eran cualitativamente consistentes con una respuesta genética a la selección. Para comprender esto es importante diferenciar entre genotipo y fenotipo. El primero hace referencia a la información genética de un individuo; es decir, la que compone su ADN. En cambio, el fenotipo se corresponde con las características, tanto físicas como de conducta, derivadas de esos genes en un ambiente determinado. En resumen, el genotipo es el libro de instrucciones y el fenotipo el resultado de seguirlas paso a paso.

Ese libro de instrucciones, además, es heredado por la descendencia y genera fenotipos que pueden variar en función de las condiciones ambientales. Por eso, la primera reacción era pensar en que los cambios se estuviesen generando solo a nivel de fenotipo, pero estos investigadores consideraron que podría haber también un cambio a nivel genético.

Y fueron varios los factores que les llevaron a concluir que estaban en lo cierto. Por un lado, parecía ser que la capacidad de parir antes se heredaba de madres a hijas. Esto indicaría que estaba marcado en su ADN y, además, explicaría el segundo parámetro observado, puesto que las hembras que daban a luz más temprano tenían un éxito reproductivo mayor, de modo que aumentaría la descendencia con esa misma cualidad.

Por lo tanto, y según concluyen los autores del estudio, la especie estaba evolucionando para adelantar el parto, como respuesta a los cambios climáticos. No es habitual que estas modificaciones se den tan rápido como para que puedan detectarse en solo unas pocas décadas. Además, nunca se había descrito en mamíferos un fenómeno de plasticidad fenotípica como respuesta a los cambios ambientales.

No es la primera vez que se detectan cambios en la reproducción animal ante este tipo de circunstancia. Por ejemplo, la diapausa embrionaria es un fenómeno por el cual algunas especies pueden detener su embarazo hasta que las condiciones sean favorables. Sin embargo, en esta ocasión se trata de algo más generalizado.

Lo ha explicado uno de los autores, Timothée Bonnet, en un comunicado: "Este es uno de los pocos casos en los que hemos documentado la evolución en acción, demostrando que puede ayudar a las poblaciones a adaptarse al calentamiento climático". Llegar a esta conclusión, según ha añadido su compañera Josephine Pemberton en el mismo documento, es una de las pocas formas en las que podemos comprender cómo responden las poblaciones al cambio ambiental y, así, manejar sus efectos.

Todo esto no parece ser solo cosa del ciervo rojo. Otras especies deben estar adaptándose del mismo modo, pero por desgracia algunas no lograrán llegar a tiempo. La evolución es sabia, pero no puede solucionar todos nuestros estragos. Será mejor “echarle una mano”.