Salvo algunos escépticos que aún no quieren ver el problema, la mayoría de la población es ya totalmente consciente de la existencia del cambio climático y todo lo que puede acarrear en un futuro. El incremento del nivel del mar, la subida de las temperaturas o la aparición de los eventos extremos de precipitaciones son algunos de los fenómenos que, de hecho, ya están empezando a darse. Somos conscientes, ¿pero qué pasa con los animales?

La extinción de un gran número de especies será también otra de las consecuencias más graves de estas modificaciones climatológicas. Y no es un suceso que podría darse en el futuro, es algo que está ocurriendo ya. A principios de año conocíamos la noticia de la muerte de George, un caracol que falleció en Hawái en enero, convirtiendo a su especie en la primera extinta de 2019. En su caso fueron varios los motivos que condujeron a su extinción, pero sin duda una de ellas fue el cambio climático. Ahora, solo un mes después, nos llega desde Australia el comunicado de la extinción del primer mamífero, por esta misma razón: la rata Melomys rubicola. Como ella, muchos animales siguen siendo empujados a los lugares más peligrosos de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en la que se clasifican las especies en función de la gravedad de su situación en el camino hacia la extinción. Son muchas las razones que llevan a este problema, pero claramente el calentamiento global es una de las que más peso tienen.

La rata para la que ya es demasiado tarde

Melomys rubicola era una rata endémica de la isla Bramble Cay, ubicada en el estrecho de Torres, en Australia. Durante años, su supervivencia se vio amenazada por las modificaciones que experimentó este lugar a raíz del cambio climático.

Tal era su situación que no se logró divisar ningún ejemplar entre 2009 y 2016, por lo que en ese años, después de que la búsqueda de un grupo de científicos desplazados a la isla resultara infructuosa, se emitió el primer informe que planteaba la posibilidad de su extinción. Han sido necesarios tres años más para confirmarlo, pero la triste noticia ya es oficial. Lo anunciaba este lunes la ministra australiana de Medio Ambiente, Melissa Price, en un comunicado que informaba sobre el paso definitivo de esta especie del escalón de peligro crítico hasta el último, en el que se encuentran los animales definitivamente extintos. De este modo, se convierte posiblemente en el primer mamífero extinto a causa del cambio climático de origen antropogénico o, lo que es lo mismo, generado por el ser humano. Es importante dejar esto claro, pues en el pasado el cambio climático generado por factores como la presencia de grandes erupciones volcánicas ha llevado a la extinción masiva de especies, pero en este caso el hombre no tuvo nada que ver.

La otra cara del cambio climático

En el caso de estas ratas, su extinción no tuvo nada que ver con la mano directa del hombre, pues la isla es un lugar de difícil acceso, al que apenas llegan unos pocos turistas, cuya entrada está también muy regulada. Se puede asegurar que el ser humano no ha tenido nada que ver ¿Qué ha pasado entonces?

Este es uno de los factores que analizó el grupo de científicos que vaticinó su extinción en 2016. Al llegar a la isla, comprobaron que los paulatinos cambios meteorológicos que se habían dado en los últimos años habían modificado notablemente el hábitat de estos animales, haciendo muy difícil su alimentación. Según las declaraciones a BuzzFeed News de uno de estos investigadores, Ian Gynther, el nivel del mar aumenta en la mayoría del planeta a un ritmo de 3’2 mm por año, mientras que en el estrecho de Torres llega a subir hasta 6mm. Esto, junto a una serie continuada de tormentas ciclónicas en la zona, ha generado un desastre ecológico que se manifiesta de muchas formas diferentes. En primer lugar, se generó un declive en la vegetación de la zona que servía como principal alimento de estos animales. Además, el aumento del nivel del mar y las intensas olas podrían haberlos arrastrado, matando a muchos por ahogamiento. Por último, este movimiento de agua también habría lavado la superficie de la isla, eliminando huevos, plantas y otros muchos alimentos, tanto para las ratas Melomys como para otras especies.

Otras especies en el punto de mira

El caracol George y estas ratas australianas se encuentran entre las primeras víctimas del cambio climático antropogénico, pero en poco tiempo podrían verse tristemente acompañados por otras especies.

Este es el caso de animales como el oso polar, cuya supervivencia se ve seriamente amenazada por la fusión del hielo del Ártico, en el que viven. También peligran animales del otro lado del mundo, como el pingüino emperador, en cuyo caso es la fusión del hielo del Antártico la que podría provocar su desaparición.

Otro ejemplo importante es el de las tortugas marinas. En su caso son muchas las amenazas que se ciernen sobre ellas. Para empezar, la acumulación de plástico en los océanos lleva a que muchas mueran, ya sea por intoxicación o por asfixia. Pero también las afecta el cambio climático, tanto por el incremento de la temperatura del agua como por la modificación de fenómenos, como las mareas, que cada vez generan más cambios en su hábitat natural.

Pero no solo los animales marinos o típicos de los polos peligran. También algunos animales como el canguro podrían sucumbir a causa de la sequía y el calentamiento que azotan sus ecosistemas.

Los incendios forestales, generados por el aumento de las temperaturas, son una de las consecuencias del cambio climático que más pueden hacer peligrar a algunas especies, no solo por los ejemplares que mueren a causa del fuego, sino también por los que ven cómo se destruye su hábitat a causa de la deforestación. Este es el caso del propio canguro, pero también de otras especies, como el orangután.

Parece que casos como el de estas ratas o el caracol George son los primeros de esta lista que se avecina muy larga si no se trata de frenar el cambio climático. Sobran las razones para luchar contra él.