– Oct 28, 2019, 16:02 (CET)

Todos los ‘easter eggs’ del segundo episodio de Watchmen de HBO

Watchmen continúa homenajeando a la novela gráfica y al mismo tiempo, intenta crear su propia identidad en pantalla chica. Entre ambas cosas, el segundo capítulo comienza a mostrar las historias más importantes que se analizarán en los próximos, toda una declaración de intenciones de la forma en que Damon Lindelof intenta profundizar la historia del cómic. Te dejamos las mejores referencias de un episodio lleno de ellos.

Si el primer episodio de Watchmen tuvo todo tipo de homenajes simbólicos y sutiles al universo imaginado por Alan Moore y Dave Gibbons, el segundo profundiza y abre nuevas posibilidades en este lugar alternativo a treinta años del futuro de la última viñeta de la historia original. Hagamos un repaso de todas las referencias que, en esta ocasión, tuvieron como evidente intención analizar el mundo en que habitan los complejos personajes de la serie:

Un nombre de peso

El título del capítulo, Martial Feats of Comanche Horsemanship, es una variación del título de la obra de 1834 Comanche Feats of Martial Horsemanship, del pintor George Catlin. Conocido por sus representaciones idealizadas de los nativos norteamericanos, lo más probable es que el título haga referencia a la manera en que el artista representó durante buena parte de su vida la lucha frontal contra la segregación y el prejuicio.

Si el anterior capítulo usó como contexto histórico canciones del musical Oklahoma, el segundo episodio hace constantes referencias a Catlin y, en particular, a una de sus pinturas más conocidas. En el lienzo, puede verse a varios nativos americanos en lucha por domesticar caballos salvajes, sin lograrlo, en una metáfora del poder irrefrenable de algunas fuerzas de la naturaleza y ciertos actos simbólicos.

Si analizamos la obra de Catlin con respecto al argumento del episodio, es evidente que los guionistas intentaron dotar de peso a la muerte de Judd —un elemento inesperado y un acto simbólico— que podría desencadenar todo tipo de situaciones inesperadas. ¿Se trata de una velada referencia a la línea argumental del cómic en la que la muerte de The Comedian desató toda una serie de imprevisibles acontecimientos? Por cierto, la obra del pintor aparece un poco más adelante, colgada en una de las paredes de la casa de Judd Crawford.

La justicia enmascarada

Para sorpresa de buena parte de los fans, la identidad de Hooded Justice (ese gran misterio incluido en la precuela Before Watchmen también autoría de Moore y Gibbons y publicada 2012) tuvo lo que parece una breve aparición en el segundo capítulo de la serie, en la que nos enteramos en un par de breves escenas de la existencia de un hombre llamado Rolf Müller, cuyo extraño asesinato se incluye en un clip del popular programa American Hero Story.

Si nos atenemos a a la historia del cómic, Müller fue un asesino en serie, que tanto el original Nite Owl y muchos otros sospechaban podrían ser el ambiguo Hooded Justice. ¿Se trata de un pequeño guiño a la audiencia? Por ahora, no hay ningún que la brevísima mención a la historia sea otra cosa que una forma de contextualizar el extraño mundo de los superhéroes de la serie.

Las noticias inesperadas

En este episodio, llegan las primeras menciones a los periódicos New Frontiersman como de Nova Express, ambos partes del universo original de Watchmen. Por supuesto, no se trata de una aparición fortuita: tanto una como otra, tienen una evidente inclinación hacia ciertos extremos políticos —sí, adivinaste, la derecha que propugna la Séptima Caballería— y es más que probable que sea una forma de establecer paralelismos entre el difunto Rorschach (admirador de New Frontiersman y a quien le confió su diario al final del cómic) y las ideas que el grupo propugna.

Como dato aún más interesante —e intrigante— el periódico favorito del vigilante rebelde pertenece en la línea de tiempo del programa pertenece a Roger Ailes, que como se recordará fue un consultor de medios y ejecutivo de televisión estadounidense, acusado de abuso sexual. Por cierto, que en la primera página de New Frontiersman puede leerse un claro titular sobre el alcance y la importancia de la desconcertante lluvia de calamares del capítulo anterior.

La lluvia de calamares que no sorprendió a nadie

Una de las escenas más extrañas del primer episodio8 fue una lluvia de calamares que no llegó a sorprender a nadie (o no al menos, como se supone debería hacerlo), lo que llevó a buena parte de los fans a concluir que se trata de un fenómeno que ya ha ocurrido antes y de manera regular. En el segundo capítulo queda claro que, al menos en esta ocasión, fue mucho más generalizada de lo que podría suponerse: varias noticias informan que el fenómeno ocurrió en varias ciudades del mundo a la vez y que se le consideran señuelos.

Notoriamente, se trata de una forma de señalar el episodio de Nueva York en 1986 y que, de hecho, gran parte de los sobrevivientes y quienes fueron testigos del suceso aún lo recuerdan con considerable temor.

Los amantes de Hiroshima y el fin del mundo

En este capítulo abundaron las referencias a Rorschach, pero una en especial pone en contexto que, sin duda, la historia avanza hacia un alto y peligroso punto de tensión. En un momento dado, Ángela se cruza con un extraño mural de arte callejero en el que puede verse dos personas abrazándose, una referencia directa a la imagen que solía llenar la ciudad de Nueva York en la novela gráfica. Rorschach siempre tuvo sus reservas con la imagen, sobre todo porque tenía la extraña apariencia de algo más que una escena romántica.

De hecho, su psiquiatra Malcolm Long llegó a comparar la extraña obra con la silueta de la víctima de la bomba atómica, “los amantes de Hiroshima”, que se suponen quedaron grabados en la pared por efecto de la energía atómica. En la novela gráfica, se trató de un símbolo del inminente desastre a cuestas —ya fuera el calamar gigante o una guerra atómica—, lo que hace que nos preguntemos si cumple la misma función en la serie.

Un viejo e incómodo conocido

Treinta años han transcurridos desde que Robert Redford asumiese la presidencia —y siguió en ella gracias a la Enmienda 22— pero ahora parece que no tiene intenciones de postularse a un nuevo mandato.

De modo John David Keene comienza a perfilarse como el candidato con más posibilidades de ser elegido como nuevo Presidente de Norteamérica. Claro está, se trata de un viejo conocido para los lectores de Watchmen: Keene fue el hombre responsable de la ley que lleva su nombre y que en el año 1977 prohibió y proscribió a los superhéroes. Razones de peso para pensar que en Watchmen el tiempo es cíclico y no hace más que repetirse.

Esa puerta inesperada al mundo de las noticias

De la misma manera que en la novela gráfica, el quiosco de prensa y su variedad jovial de trabajadores, cumplen la misma función del puesto de revistas de Bernard en la novela gráfica. Para la ocasión, la venta de revistas y periódicos tiene todo el objetivo de brindar comentarios a la audiencia sobre el estado del mundo, lo que está ocurriendo y con toda seguridad, pequeñas predicciones criticas de lo que vendrá.

Claro está, el bueno de Seymour en la serie (interpretado por el inolvidable Wisdom de The Wire) tiene el raro objetivo de rellenar los espacios de cualquier información que el argumento no pueda brindar de manera directa. En un mundo sin internet, su importancia es capital.

Y con ustedes, Henry Louis Gates Jr.

El destacado historiador y crítico literario Henry Louis Gates Jr, tiene un pequeño y extraño cameo en la serie, que se presenta en el capítulo número dos: es el secretario del Tesoro de la Administración Redford y presentador en el Centro para el Patrimonio Cultural de Greenwood, toda una alegoría en la manera en la que el presidente maneja los asuntos de la memoria histórica en un país dividido por la segregación.

Un extraño ojo

En la serie, los fotógrafos que intentan captar imágenes exclusivas de la escena del crimen de Judd Crafword usan alas muy semejantes a las de Mothman, uno de los Minutemen originales y que en la serie, parece tener una curiosa importancia aún no descubierta.

Para analizar su posible dimensión, hay que recurrir de nuevo a la precuela Before Watchmen. En esta se explica que el héroe original Byron Lewis debía de mantener un peso específico para usar sus extrañas alas de insectos. Y aunque la historia no se menciona en el episodio dos, la mera aparición de la alegoría al viejo superhéroe es un detalle a tener en cuenta.

Un inesperado paralelismo

De nuevo, en el capítulo dos hay una serie de pequeños, pero importantes, guiños con los Vigilantes originales. Cuando Ángela revisa el armario de Judd Crawford usa gafas de visión nocturna, en una más que evidente versión de la creadas y usadas por Nite Owl en el cómic.

Por cierto, que en el material extra de HBO se reveló que el segundo Nite Owl (Dan Dreiberg) fue arrestado, por lo que es probable que la tecnología de ambos llegara a ser de uso oficial debido a la ley Keene.

Un inevitable Tic Tac

Thoper, el hijo de Cal y Ángela, parece ser de alguna forma el catalizador de una serie de símbolos que contextualizan y sostienen la serie para crear una versión de la realidad en la que Watchmen está presente en todas partes.

Desde la réplica de la pintura La Persistencia de la memoria de Salvador Dalí —con sus relojes derretidos y convertidos en imágenes deformadas, en una clara alegoría a uno de los principales motivos de la serie, hasta sus juguetes—, que incluyen referencias inmediatas a los poderes del Doctor Manhattan. La serie tiene un especial interés en que cada escena recuerde la textura y peso del universo original en el que se basa.

Al filo de la medianoche

En su flashback de la llamada Noche Blanca (un ataque masivo en toda la ciudad que tuvo por objetivos asesinar a los policías), Calvin “Cal” Abar está ansioso por abrir sus regalos navideños y menciona de manera casi casual que faltan “dos minutos de la media noche”, una referencia inmediata al reloj del Juicio Final (tanto en el cómic como en el mundo real tiene una enorme importancia).

El nacimiento de un héroe

La obra de teatro El hijo del Relojero, que escribe Adrien Veidt, no es otra cosa que una recreación explícita y muy directa del incidente nuclear que transformó al doctor Jon Osterman en Manhattan. Por supuesto, con la piel azul y la inevitable desnudez que son características tradicionales del personaje, no podría decirse se trata de una referencia muy difícil de notar, pero aun así es interesante la forma como Veidt parece rendir un cínico y extraño homenaje a quien, por razones casi fortuitas, le salvó la vida.

Watchmen comienza a demostrar que, bajo su colección de brillantes referencias de la novela gráfica y la cultura pop, hay un argumento inteligente que se ensambla con cuidado. Nos queda esperar por el tercer capítulo para comenzar a comprender el mapa de ruta a través de una historia atípica que propone Damon Lindelof.