Decir que el perro es el mejor amigo del hombre no es exagerar. Como mucho es quedarse corto, pues también debería recordarse que es el mejor amigo de la mujer. No obstante, temas de género aparte, el caso es que los canes son grandes compañeros de vida, que no solo nos regalan día a día su amor incondicional, sino que también velan continuamente por nuestra salud, incluso sin ser conscientes de ello.

Numerosos estudios muestran que adoptar a uno de estos animales es beneficioso por muchas razones, la mayoría de ellas relacionadas con el momento de sacarlos a pasear. Esto requiere que hagamos ejercicio físico, pero también nos ayuda a otros niveles. Por ejemplo, son grandes socializadores. Esto se debe a que, durante sus marchas diarias, no es extraño que nuestras mascotas paren para relacionarse con otras, obligándonos a nosotros a hacer lo mismo con sus propietarios. Toda esta información es más que conocida, pero ahora la investigación ha ido más allá, después de que dos grupos de científicos publiquen en Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes un estudio y un metaanálisis cuyas conclusiones coinciden en que tener perro se relaciona con una menor probabilidad de desarrollar problemas cardiovasculares, así como con unas mejores tasas de recuperación después de un infarto o un derrame cerebral. Ninguno de los dos trabajos arroja una explicación directa, pero sí que sugieren que hay una asociación importante, que debería tenerse en cuenta.

Amigos peludos que velan por tu salud

El estudio fue llevado a cabo por científicos de la Universidad de Uppsala, en Suecia, a partir de datos extraídos del Registro Nacional de Pacientes de Suecia.

Concretamente analizaron los historiales de aquellos residentes suecos de entre 40 y 85 años que habían sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular isquémico entre 2001 y 2012. Se comprobó si tenían perro a través de los datos de la Junta de Agricultura de Suecia, que obliga a registrar la propiedad de canes desde 2001, y el Swedish Kennel Club, que incluye a todos los perros con pedigrí que habitan en el país desde 1889.

En total se obtuvo información de 182.000 personas que habían pasado por un infarto, el 6% de las cuales tenían perro, y 155.000 que habían sufrido un accidente cerebrovascular isquémico. De estos últimos, el 5% vivían con una de estas mascotas. Al comprobar cómo se habían recuperado después de su ataque, observaron que el riesgo de muerte para los pacientes de infarto que tenían un perro fue un 33% más bajo para los que vivían solos con el animal y un 15% más bajo para los que también cohabitaban con una pareja o un hijo.

En cuanto al accidente cerebrovascular, las cifras se encontraban en un 27% menos para los que solo compartían casa con su mascota y un 12% para los que vivían con otra persona.

Las diferencias en el porcentaje se deben probablemente a que si nadie más comparte la responsabilidad sobre el animal el paciente tiene la obligación de ser él quién lo saque diariamente varias veces a pasear.

Un metaanálisis esclarecedor

En cuanto al metaanálisis, un equipo de investigadores del Hospital Mount Sinai se encargó de analizar los datos de 3’8 millones de personas, extraídos de un total de diez estudios sobre el tema.

De todos estos trabajos, nueve comparaban las tasas de mortalidad por todos los motivos entre poseedores de perros y personas sin esta mascota y cuatro hacían lo mismo, pero centrándose solo en la mortalidad por causas cardiovasculares.

Así fue cómo comprobaron que los propietarios de canes tenían un 24% menos de riesgo de muerte por todas las causas, un 65% menos de riesgo de mortalidad después de un ataque al corazón y 31% menos de riesgo de morir por causas cardiovasculares.

Tener perro parecía relacionarse con una disminución de la presión arterial y los niveles de colesterol, así como con una mejor rutina de ejercicio físico. Además, había menos probabilidad de encontrarse en aislamiento social, siendo este un factor muy relacionado con el desarrollo de patologías cardiacas.

Es importante tener en cuenta que para la realización del metaanálisis no se tuvieron en cuenta factores de confusión, como una mejor forma física o un estilo de vida más saludable en general. Sin embargo, los resultados no dejan de ser muy positivos y apuntar a la importancia de tener estas mascotas. Eso sí, no vale tener perro, fumar y beber a diario, abusar de las grasas y mantener una vida sedentaria. En ese caso, ni el más leal de los animales podría ayudar a nuestra salud cardíaca.

Por último, los autores de los estudios destacan que solo una persona que esté dispuesta a velar por el animal y atender a todas sus necesidades debería tomar la decisión de adoptar a uno. Al fin y al cabo, ya que ellos hacen tanto por nosotros, ¿qué menos que devolverles una mínima parte del cariño y la lealtad que nos regalan?

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