Con el estreno de El Camino, los nostálgicos de Breaking Bad llevan cuatro días recordando las escenas más míticas de la que para muchos es una de las mejores series de la historia. Las aventuras y desventuras de Walter White y Jesse Pinkman calaron tanto en los espectadores, que los escenarios en los que se rodaron se han convertido en un lugar de peregrinación de miles de fans, hasta el punto de obligar a los dueños de la casa de Heisenberg a levantar un muro a su alrededor.

Quienes también se han visto de repente inmersos en la que podría ser una escena de la trama han sido Tyler y Elisha Hessel, una joven pareja que recientemente ha sabido de primera mano lo que es vivir dentro de un laboratorio de metanfetamina. Eso sí, sin comerlo ni beberlo.

Breaking Bad

Los Hessel esperan a su primer hijo para enero de 2020. Necesitaban un hogar más grande para criar al bebé, por lo que hace unos meses decidieron comprar una casa en Missouri.

Poco después de la mudanza, cuando aún se estaban instalando, Elisha acudió a una de sus revisiones rutinarias de embarazo. Todo parecía ir bien salvo por un detalle: una de sus analíticas dio positivo para anfetaminas. Ni ella ni Tyler habían consumido jamás esas drogas, nada parecía tener sentido. Lo único que había cambiado recientemente en sus vidas era la vivienda, por lo que decidieron someterla a una inspección en busca de sustancias de abuso. Y así fue como descubrieron que todo estaba impregnado de restos de metanfetamina.

La razón resultó ser que antes de que ellos compraran la casa esta había sido un laboratorio clandestino. Como bien saben los fans de la serie, el cristal puede cocinarse en cualquier parte, desde una caravana hasta el sótano de una lavandería, pasando por un apartamento cerrado por fumigación. También existen grandes superlaboratorios, muy organizados, dedicados a la producción a gran escala, dentro del crimen organizado. Sin embargo, lo más normal es que se cocine en “entornos domésticos”. En muchas ocasiones estos son desmantelados por la policía y acaban poniéndose en venta, muchas veces por vendedores que omiten ese detalle.

En Estados Unidos es algo muy común. Tanto, que la Administración de Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA) cuenta con un registro en el que se muestran todas las viviendas en esta situación. En total hay 110.000 antiguos laboratorios, todos ellos captados entre 1999 y 2008. Sin embargo, se debe tener en cuenta que muchos que fueron hallados más tarde, o simplemente se cerraron antes de ser descubiertos, no se encuentran en la lista, por lo que alguien que la consulte podría igualmente acabar viviendo en uno.

¿Cómo puede detectarse?

El caso de Tyler y Elisha fue analizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Flinders, cuyo estudio se ha publicado recientemente en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health. En él se explica que los restos de droga fueron hallados tanto en objetos presentes en la casa antes de la mudanza de la pareja, como en los que ellos llevaron hasta ella después.

Esto, según ha explicado Kirstin Ross, una de las autoras del estudio, en declaraciones a Sciende Daily, indicaría que la metanfetamina ha seguido movilizándose después de su fabricación , cinco años atrás, y que, por lo tanto, podría ser que no se descomponga o elimine, sino que se transfiera constantemente de objetos contaminados a no contaminados.

De cualquier modo, la parte de la casa con mayor cantidad de esta sustancia eran las persianas que posiblemente ya estaba allí cuando los “cocineros” hacían su trabajo. No es extraño, pues en otros domicilios con el mismo problema los utensilios más afectados han resultado ser aquellos compuestos a base de materiales como el PVC, el poliuretano y las maderas barnizadas.

En muchos de estos casos los habitantes de la vivienda han mostrado síntomas como dolor en los ojos, erupciones cutáneas, mareos, visión borrosa y tos persistente. La situación puede ser aún más marcada en niños, cuya sintomatología puede llegar a confundirse con un trastorno de déficit de atención e hiperactividad.

Ante casos como el de este matrimonio de Missouri no es extraño que los habitantes de países muy afectados, como Estados Unidos y Australia, quieran saber cómo detectar este problema antes de comprar una casa. Los expertos advierten que no hay una forma segura de saberlo, más allá de una inspección como la que se llevó a cabo en casa de los Hessel. De cualquier modo, se pueden detectar pequeños signos, como la presencia de ciertas materias primas. Por ejemplo, la fabricación doméstica de metanfetamina suele implicar la utilización de sustancias de uso cotidiano, como medicamentos para el resfriado compuestos por efedrina, sal, yodo, alcohol, fósforos, baterías o algunos diluyentes de pinturas. Si se encontrara en algún rincón de la vivienda un cargamento de cualquiera de ellos sería aconsejable denunciar el caso.

Por otro lado, se podría prestar atención al olor de la droga, que recuerda al vinagre o el plástico quemado, aunque este ya no sería perceptible si ha pasado mucho tiempo desde que se cocinó. También existen algunos test domésticos, aunque no son del todo fiables.

Tyler y Elisha ya saben el porqué de este curioso incidente, para cuya solución han abierto una página en GoFundMe. Como Breaking Bad, esta historia empieza con una pareja esperando un bebé, que de repente necesita una gran cantidad de dinero para solucionar un problema. Al menos, parece ser que esta vez las cosas no tendrán por qué "echarse a perder".

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