Eran pocas las opciones que le quedaban al gigante WeWork tras su caída en desgracia. Una de ellas pasaba prácticamente por el cierre mismo de la compañía, la otra apuntaba directamente a uno de los mayores inversores. Más que por interés en el propio negocio era más por una cuestión de salvar los muebles tras una inversión millonaria fallida –que seguía a la de Uber en una salida a bolsa poco exitosa–.

El pasado martes se confirmaba la que puede ser la mejor vía: SoftBank tomaba el control de WeWork bajo un acuerdo algo difuso. Ahora, parte de esas condiciones han trascendido.

Dejando claro que WeWork es una compañía de bienes raíces, y abandonando ese supuesto de tecnológica, The New York Times ya ha calificado esta operación como un más que seguro pozo sin fondo de dinero. Dicho de otro modo: es la última oportunidad.

El acuerdo establece que SoftBank destinará 5.000 millones de dólares en financiación a la compañía, la cual apuntaba a que no llegaría a fin de año con las reservas disponibles. Casi 1,1 millones serían para apuntalar esa liquidez ausente ahora mismo. Además, se procedería a la compra de acciones a inversores para alcanzar el porcentaje mayoritario. Los primeros rumores apuntaban a algo más del 70% del capital, sin embargo el acuerdo se ha cerrado en un 80%.

En total –entre compra de acciones, créditos e inversiones–, la inversión de la firma japonesa se dejará 8.000 millones de dólares en un plan de tres años que tendrá como objetivo recuperar la salud de la empresa. Una cantidad ínfima comprada con los 47.000 millones por los que se valoraba a WeWork hace apenas unas semanas.

Pese a todo, la compañía no será una filial de SoftBank funcionando simplemente como una subsidiaria. De hecho, su 80% no les dará la mayoría en el derecho a voto en la junta.

Parte de esa inversión estaría enfocada al alquiler o compra de bienes raíces. Aquí se abre un dilema para la compañía. Necesitan, y ya lo vienen haciendo, reducir costes de la forma más rápida posible.

El cierre de las áreas no estratégicas ya es una realidad bajo el nuevo plan de negocio que quiere ganar tiempo. WeWork dejará de cubrir la financiación, creación y educación de los emprendedores para centrarse en darles un espacio de coworking. Los despidos ya se dan por hecho a lo largo y ancho de las oficinas de la compañía y, muy posiblemente, el cierre de algunas de sus sedes menos rentables. A salvo Londres y Nueva York por gozar de las mejores cifras, el resto se enfrentaría a ese debate. ¿Problema? Esto cerraría la puerta a la vuelta de WeWork a esos mismos lugares en el futuro.

El aumento de precios de alquiler entraría dentro de las opciones viables, pero ante la gran cantidad de opciones en el mercado, la fuga de los clientes sería el golpe de gracia para WeWork.