La resistencia a los antibióticos es uno de los mayores problemas de salud pública de los países desarrollados en la actualidad. El uso indebido de estos fármacos está llevando a que las bacterias desarrollen mecanismos para sobrevivir a ellos, de modo que cuando realmente se hacen necesarios ya no funcionan correctamente. Esos patógenos resistentes no solo son responsabilidad de quien sigue incorrectamente las pautas de consumo del medicamento, sino que se contagian entre individuos, e incluso pasan al medio ambiente.

El pasado mes de marzo un equipo de científicos de la Universidad de Helsinki publicó un estudio en el que se analizaban los niveles de bacterias resistentes en aguas residuales de varios países europeos y los resultados fueron verdaderamente preocupantes. Pero el flujo de estos microorganismos no se queda solo ahí. Para comprobar cómo de lejos puede llegar, un nuevo grupo de investigadores, esta vez del Instituto Oceanográfico Harbor Branch de la Universidad de Florida Atlantic, ha analizado la evolución de las resistencias a antibióticos en bacterias aisladas de delfines de una laguna de Florida. Los resultados son fácilmente extrapolables al problema humano, pues no dejamos de ser el origen de todos esos patógenos. Y precisamente por eso resultan tan preocupantes las conclusiones del estudio, porque no son nada buenas.

Delfines como prueba de nuestra irresponsabilidad

Para la realización de este estudio, publicado en Aquatic Mammals, se hizo desde 2003 a 2015 el seguimiento de un grupo de delfines nariz de botella (Tursiops truncatus) residentes en la laguna Indian River, de Florida.

Cada año, durante los meses de junio y julio, se capturaba a los animales, se extraían muestras mediante hisopo de sus orificios nasales, fluidos digestivos y heces y se devolvían al agua. A continuación se aislaban las bacterias presentes en ellas y se calculaba una cifra conocida como índice de resistencia múltiple a antibióticos (MAR). Si bien esta es una práctica habitual en humanos, era la primera vez que se realizaba con mamíferos marinos, que podrían servir como indicador de la proporción en que estos microorganismos resistentes llegan al agua.

Durante esos 13 años se logró aislar en 171 delfines hasta 733 patógenos, de los cuales muchos son conocidos por causar infecciones en humanos. En todos ellos, la prevalencia general de resistencia a al menos un antibiótico fue del 88’2%, siendo los más abundantes la eritromicina, la ampicilina y la cefalotina. En todos ellos se notó un claro incremento a medida que pasaban los años, aunque varió de unas bacterias y unos antibióticos a otros. Por ejemplo, las resistencias a ciprofloxacina, concretamente en Escherichia coli, aumentaron más del doble en el tiempo que se estuvieron recogiendo las muestras. En cambio, en Pseudomonas aeruginosa y Vibrio alginolyticus se dio un aumento de resistencias en dos periodos muy concretos: de 2003 a 2007 y de 2010 a 2015.

Finalmente, se reportó un índice MAR especialmente alto en Acinetobacter baumannii, un patógeno responsable habitual de infecciones nosocomiales (originadas en hospitales). Este resultado conlleva un grave problema de salud pública que arroja más pruebas del grave avance que están teniendo estos peligrosos microorganismos, que ya son responsables de 33.000 muertes en Europa cada año.