Las rayas de las cebras son sin duda uno de los estampados más bonitos e interesantes de la naturaleza. Hasta hace un tiempo se pensaba que servían para el camuflaje, aunque lo cierto es que ese patrón de colores no les resultaría especialmente útil en su hábitat. Más tarde se apuntó a la posibilidad de que fuese parte de un mecanismo para regular la temperatura, pero finalmente la teoría más aceptada ha resultado ser que les ayuda a disuadir a las moscas y tábanos que se posan en ellos, dificultando su aterrizaje.

Ninguna cebra es igual a las demás. Cada una de las tres especies existentes tiene un patrón diferente que, además, varía de ejemplar en ejemplar. Sin embargo, todas tienen rayas. O, más bien, casi todas. En realidad, algunas muestran un fenómeno llamado melanismo, que no solo les da una coloración mucho más oscura, sino que también cambia las rayas por lunares. Se han detectado numerosos casos, desde que se describiera por primera vez en estos animales en 1977, el último de ellos muy recientemente, en la Reserva Nacional Maasai Mara, de Kenia.

Una cebra poco común

Un guía masai se encontraba el pasado 14 de septiembre mostrando los entresijos de la Reserva a un grupo de turistas cuando vio por primera vez a una pequeña cría de cebra mucho más oscura de lo habitual, con su cuerpo cubierto de motitas blancas.

Como es lógico, muchos de los asistentes aprovecharon para fotografiar al animal, que no tardó en ser bautizado como Tira, en honor al apellido de su descubridor. Al día siguiente todo el mundo quería visitar al animal. Entre los primeros se encontraron algunos miembros de la asociación Wildest Africa, que relataron el caso en su cuenta de Facebook, junto a algunas instantáneas. ¿Pero qué hace a esta pequeña cebra tan especial?

Su inusual apariencia se debe a una condición conocida como melanismo, generada por una mutación genética que propicia una producción excesiva del pigmento melanina. Es todo lo contrario que el albinismo y, al igual que este, se manifiesta en ejemplares de especies muy variadas, desde ardillas hasta serpientes. Uno de los casos más frecuentes y conocidos es el de la pantera negra, que en realidad no es una especie como tal, sino la versión melanística de animales como el jaguar o el leopardo.

En cebras suelen caracterizarse por no tener el fondo blanco, sino negro, y mostrar puntitos en algunas partes de su cuerpo, normalmente entremezclados con las rayas. Sin embargo, el caso de Tira es aún más extremo, ya que toda ella está cubierta solo de lunares.

Desgraciadamente, esto puede suponerle algunos problemas. Por un lado, al carecer de las rayas habituales de las cebras no podrán defenderse tan bien como el resto de los insectos. Aunque, en realidad, eso es lo de menos, pues su apariencia las lleva a destacar sobre el resto de la manada, convirtiéndose en un blanco fácil para los depredadores. Está claro que Tira tendrá que esforzarse un poco más que el resto para salir adelante. En la naturaleza a veces es ese el precio que hay que pagar por ser diferente.