Aún no ha llegado el otoño, pero las lluvias anticipatorias ya están haciendo acto de presencia en muchos puntos de España. Los que se libraron de la última DANA sí que están experimentando estos días los efectos de la que acaba de entrar por el Mediterráneo. Lo dicen los medios de comunicación y basta con mirar al cielo para que los nubarrones negros anuncien lo que está por venir, pero también existen otras formas menos agradables de anticiparse a la lluvia. Es el caso del olor de alcantarillas y cañerías.

No es raro escuchar eso de “ya están oliendo las cañerías, pronto empezará a llover”. Y lo normal es que la predicción sea buena y pronto las lágrimas de lluvia comiencen a dibujarse sobre la ventana. ¿Pero por qué? ¿Acaso las bacterias del baño se vuelven más pestilentes antes de la tormenta? En realidad la causa no es esa, pues más bien es cosa de agua, presión y, quizás, sifones en mal estado.

¿Por qué huelen las cañerías?

En primer lugar es importante comprender de dónde proviene el mal olor de las cañerías, independientemente de si llueve o no.

Como cabe esperar, ese desagradable aroma es el resultado de la descomposición de los productos de desecho que se vierten al alcantarillado, así como de la acción de las bacterias que se encuentran en ellos.

Para evitarlo, en las viviendas se instalan sifones, que son estructuras en formas de U que se mantienen siempre llenas de agua, de modo que esta actúe como barrera para que los gases causantes del mal olor no suban a los sumideros de los lavabos.

¿Qué pasa con la lluvia?

Cuando las cañerías huelen mal a menudo se debe a un mal funcionamiento del sifón, que puede estar sucio o haber perdido agua, dejando vía libre a los gases malolientes. Sin embargo, incluso si parece que todo está bien, puede que durante la lluvia, o justo antes, comience a detectarse ese desagradable hedor.

La lluvia suele ir asociada a una disminución de la presión atmosférica. Cuando esta se mantiene alta, la pesada columna de aire sirve como contención de los gases de descomposición de los alcantarillados urbanos. Sin embargo, cuando disminuye estos pueden ascender libremente, generando un mal olor que también puede introducirse a través de los edificios. Si, para colmo, la instalación de la vivienda o el sifón están en mal estado, el resultado será aún peor.

En principio esto puede ser algo normal, pero si el olor se mantiene una vez pasada la lluvia o su intensidad es demasiado alta podría haber llegado el momento de llamar a un fontanero. Durante la lluvia solo deberíamos poder disfrutar del maravilloso olor a tierra mojada. Es cierto que este también es cosa de bacterias, pero al menos los resultados son mucho más agradables.