Para la mayoría de los mortales, comer chocolate es un placer. Pocos sabores son tan maravillosos como el que nos inunda cuando nuestras papilas gustativas comienzan a empaparse de las notas dulces o amargas, según el porcentaje de cacao, que desprende este alimento propio de los dioses.

Esto es algo común a casi todo el mundo, aunque haya personas que prefieran otros dulces diferentes. Pero lo que sí que es raro, aunque no imposible, es estornudar siempre tras el primer bocado de chocolate. No es una alergia, ni nada que se le parezca, sino más bien una característica genética, similar al estornudo fótico, que se origina al mirar directamente la luz del Sol. Pero lo más curioso es que se debe a un gen heredado de unos antepasados muy especiales, de los que nuestro ADN conserva muchos más restos de los que hubiésemos imaginados hace unos pocos años: los neandertales.

Estornudo de neandertal

Todas las personas que experimentan este curioso estornudo lo hacen cuando el chocolate tiene un porcentaje alto de cacao, normalmente a partir del 70%.

Se cree que se trata de una estimulación del nervio trigémino, similar a la del estornudo fótico, aunque no se ha estudiado en tanta profundidad como este. Lo que sí parece claro es que el gen responsable de este reflejo es uno de los que hemos heredado de nuestros antepasados los neandertales.

Según explica el biólogo Gerry Ward en el blog sobre genética Genome Alberta, este estornudo se da aproximadamente entre un 25% y un 30% de la población y se debe a un gen ubicado en el cromosoma 11. Estas cifras proceden de las estadísticas de 23andMe, una empresa dedicada a la secuenciación de ADN a partir de muestras extraídas con un kit casero.

Las causas de tal estornudo no están claras, aunque parecen estar relacionadas con la eliminación de irritantes nasales. No es una reacción alérgica, sino una forma de eliminar posibles compuestos del cacao que en estado puro irritaran las vías respiratorias.

En definitiva, si bien solemos asociar los estornudos a alergias y constipados, en realidad se trata de un acto reflejo que puede resultar de otros muchos estímulos, como la luz del sol, el chocolate negro o incluso el sexo. Otro rasgo en común del cacao y el sexo, aparte de ser grandes distribuidores de placer.

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