El pasado mes de abril, el mundo entero tenía los ojos puestos en Israel y en la Luna, pues este país asiático se disponía a convertirse en el primero en poner una nave espacial privada sobre el satélite. Por desgracia, un fallo a su llegada a la superficie selenita dio al traste con la misión, después de que se produjera un accidente durante el aterrizaje.

La nave quedó inservible y en un principio se creyó que también su contenido. Sin embargo, cuatro meses después algunos de los científicos detrás del proyecto comienzan a pensar que podría ser que parte de su carga sobreviviera al impacto. La mayor parte de dicho contenido consiste en imágenes e información cifrada, pero también había pasajeros vivos en aquella improvisada “maleta”: un grupo de tardígrados deshidratados, que podrían encontrarse ahora allí, a la espera de que los humanos les ayuden a volver a la vida.

Viajeros deshidratados

Detrás de la nave Beresheet estaban las Industrias Aeroespaciales de Israel, aunque también jugó un papel muy importante la Arch Mission Foundation, una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es crear una copia de seguridad del planeta Tierra, según explica a Wired uno de sus fundadores, el estadounidense Nova Spivack.

Como tal, fueron contactados para crear una biblioteca lunar, constituida por un dispositivo del tamaño de un DVD con 30 millones de páginas de información, que incluían toda la Wikipedia en inglés, miles de libros de la literatura clásica e incluso los trucos de magia de David Copperfield. Para que pudiera ser identificado por poblaciones humanas del futuro, se decidió recurrir a contenido analógico, por lo que se diseñó una técnica de grabado de imágenes con níquel a nano escala. Inicialmente este era su único contenido. Sin embargo, poco antes de entregar el resultado final a los israelíes Spivack y su equipo decidieron añadir algo más. Por eso, decidieron colocar entre las capas de níquel que componían el disco varias capas finas de resina epoxi en las que metieron folículos pilosos y muestras de ADN, tanto de él mismo como de otras veinticuatro personas. Además, se introdujeron muestras de varios sitios sagrados, como el árbol Bodhi, de la India. Pero, sin duda, lo más interesante fue la adición de miles de tardígrados deshidratados, que se incluyeron incluso en la cinta utilizada para sellar todo el conjunto.

Los tardígrados, también conocidos como osos de agua, son animales invertebrados conocidos por su gran resistencia a condiciones extremas. Son capaces de sobrevivir al vacío, las radiaciones ionizantes y la deshidratación, así como a la presencia de presiones muy elevadas y temperaturas tanto bajas como altas. Por este motivo, soportan también el inhóspito ambiente espacial sin necesidad de tomar apenas medidas para mantenerlos con vida.

En cuanto a la deshidratación, se ha comprobado que pueden permanecer en este estado durante 10 años y recuperar todas sus funciones una vez que se vuelven a hidratar. Sin embargo, se desconoce qué ocurriría en periodos más largos. En un principio, después del accidente no se pensó que hubiesen podido sobrevivir.

Sin embargo, ahora se cree que precisamente la decisión de última hora de añadir las muestras de ADN y los tardígrados podría haber salvado la biblioteca lunar, ya que las capas de resina añadieron resistencia y pudieron neutralizar el impacto. Además, el calor generado por este no habría sido suficiente para derretir el níquel, por lo que tampoco se habría dañado de ese modo. Finalmente, incluso en el caso de que se hubiese roto se cree que los fragmentos serían lo suficientemente grandes como para recuperar parte de la información analógica de las primeras cuatro capas. No es posible saber si los tardígrados siguen intactos, pero si en un futuro pudieran rescatarse sería interesante rehidratarlos y comprobar si permanecen con vida. De ser así, serían los habitantes que más tiempo han permanecido en nuestro satélite. Incluso para un animal tan resistente resulta increíble.