Cuando fueron descritos por primera vez, hace más de 300 años, Johann August Ephraim Goeze no se imaginaba ante qué clase de animales se encontraba. Considerados como pequeños insectos, microbios complejos o cualquier otra cosa antes de ser "correctamente" clasificados, los tardigrados son probablemente los animales más tenaces sobre la faz de la Tierra. O por encima de ella. O en sus profundidades. Y es que los "ositos de agua", como los llamó Goeze, son capaces de resistir la completa desecación hasta 10 años, sobrevivir al vacío espacial o salir airosos de hasta 150 grados de temperatura. Y ahora, gracias a los últimos estudios, hemos descubierto una proteína "milagrosa" que podría ayudarnos a proteger el ADN humano.

Los "indestructibles" ositos de agua

Los tardígrados constituyen un grupo de animales que engloban ellos solos todo un filo: Tardigrada. Esto quiere decir que se clasifican como un grupo separado por completo de otros tan grandes como los artrópodos, los moluscos, los cnidarios o los cordados (entre los que estamos nosotros). Los tardígrados son tan especiales que no se pueden incluir en ningún otro sitio. Pero, ¿qué los diferencia tanto? Dejando la taxonomía y las cuestiones biológicas aparte, los ositos de agua son animales microscópicos segmentados, con secciones y tienen pequeñas patas con garras con las que se desplazan muy lentamente. Además, cuentan con una probóscide (una especie de trompa) con la que absorben su comida que es normalmente el contenido celular de pequeños seres vivos o de ciertas plantas. No tienen sistema circulatorio ni respiratorio, pero sí excretor, digestivo y nervioso. Ponen huevos pero no poseen una fase de larva, como los insectos. Y prácticamente, esto es lo que sabemos. En realidad conocemos muy poquito de estos extraños animales.

Pero es su extremada resistencia lo que los sube al podio de la fama. Los tardígrados probablemente sean los animales más resistentes que conocemos. Estos animales han sido llevados hasta el espacio y se han expuesto al terrible frío del vacío. Los ositos de agua han demostrado ser capaces de resistir tanto a la temperatura como a la falta de presión y, aún más impresionante, a los rayos cósmicos. De hecho, ninguna de sus funciones vitales (especialmente la reproductora que suele ser la más sencilla de "estropear") se vio afectada. También sabemos que los tardigrados son capaces de resistir al menos los 200 grados bajo cero y hasta 150 grados. Por si esto fuera poco, aguantan hasta las 6.000 atmósferas de presión, es decir, serías incapaz de aplastarlos con los dedos de tu mano. ¿Que les hace ser tan increíblemente resistentes?

La genética de los tardigrados

Como decíamos, todavía sabemos muy poco sobre estos animales. Por ejemplo, no tenemos ni idea de cómo son capaces de resistir muchos de los factores que hacen la vida inviable. Pero tras la secuenciación del genoma de varias especies de ositos de agua parece que algunos misterios están más cerca de poder resolverse. Un reciente estudio de la Universidad de Tokyo, encabezado por el Dr. Takekazu Kunieda, ha desvelado que uno de los secretos para proteger el ADN de Ramazzottius variornatus, un tardígrado, se encuentra en su genoma. Gracias a la secuenciación de alta calidad realizada por el equipo, se puede observar que el ADN de esta especie contiene una gran cantidad de genes dedicados casi en exclusiva a la resistencia de diversas condiciones adversas.

Ramazzottius varieornatus. Tanaka S, Sagara H, Kunieda

Otro de los resultados obtenidos a partir del análisis muestra que, al contrario de lo que se pensaba, estos genes no parecen haber sido obtenidos a partir "transferencia horizontal", es decir, obtenidos a lo largo del tiempo a partir de diferentes especies. Probablemente una de las cuestiones más interesantes del estudio es la que habla de la naturaleza de una proteína en especial. Dicha proteína, según los investigadores, podría ser única en tardígrados y se encargaría de unirse al ADN protegiéndolo de agresiones como las que pueden provocar los rayos X.

Esta proteína, afirman los investigadores, ha mostrado la misma clase de protección en cultivos celulares humanos. Básicamente lo que hace la proteína es unirse para proteger al material genético de las mutaciones, los cambios provocados por la alta energía de las radiaciones ionizantes. ¿Podríamos usar este resultado en nuestro favor? Quién sabe. Con esta proteína podría descubrirse toda una línea nueva de investigación que brindara nuevos medicamentos y tratamientos que ayudaran contra los problemas derivados del exceso de radiación. Pero todavía es temprano para decirlo. Por ahora, este descubrimiento inclina la balanza en la hipótesis de que los tardígrados no obtienen genes por transferencia horizontal sino que su maravillosa resistencia ha sido siempre una de las características que los hacen únicos.

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