Las vacunas nacieron principalmente por dos motivos: prevenir enfermedades directamente, en las personas que se las administran, y promover la inmunidad de grupo, protegiendo a los pacientes que, por un motivo u otro, no pueden recibirlas. Por ejemplo, esto último ocurre en individuos inmunodeprimidos. Su sistema inmunitario no es apto para recibir la vacuna, pero si todas las personas que les rodean sí que se la ponen no habrá ningún problema, pues no tendrán de quién contagiarse.

Gracias a esta inmunidad de grupo, alguien que no se ha vacunado frente a una enfermedad concreta puede acudir a lugares con mucha concentración de gente, como fiestas, parques de atracciones o monumentos. Lamentablemente, aunque esto es tan fácil como que las personas que no cuentan con algunas de las pocas contraindicaciones de estos fármacos sigan su calendario de vacunación habitual, el miedo irracional que ha surgido hacia ellas en los últimos años puede convertir unas simples vacaciones en una peligrosa trampa. Es lo que podría estar ocurriendo en Estados Unidos, después de que una adolescente neozelandesa de vacaciones por el sur de California haya paseado el sarampión por algunos de los parques temáticos y monumentos más emblemáticos del estado. Tras ser conscientes de la noticia, las autoridades sanitarias se han puesto manos a la obra, tratando de localizar a las personas que pudieron entrar en contacto con la joven, antes de que su desliz aumente las cifras de los brotes que tantos quebraderos de cabeza han traído al país norteamericano en el último año.

Como una aguja en un pajar

Una vez recibida la información sobre la enfermedad de la joven turista, funcionarios sanitarios de los condados de Los Ángeles y Orange lanzaron el pasado viernes la advertencia de que las personas que visitaron Disneyland el pasado 12 de agosto pudieron estar expuestas a la enfermedad.

Al parecer, la chica llegó al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles el 11 de agosto y después fue al hotel Desert Palms, en Anaheim, donde permaneció hasta su vuelta a Nueva Zelanda, el 15 de agosto. Además, según Associated Press, parece ser que después de Disneyland visitó Universal Studios, el Teatro Chino TCL y Madame Tussauds, en Hollywood. Finalmente, el 14 de agosto pasó el día en la playa y el muelle de Santa Mónica.

Las autoridades de la zona afectada han desandado los pasos de la chica enferma, tratando de localizar al mayor número posible de personas que estuvieron en contacto con ella, desde camareros hasta personal de las atracciones y monumentos visitados. A todos ellos se les ha preguntado por posibles síntomas y se les ha pedido información sobre su estado de inmunización. Si no pueden demostrar haber recibido la vacuna, puede solicitárseles que no acudan a sitios públicos durante el tiempo que la enfermedad tarda en manifestarse.

En cuanto al resto de la población, se le ha informado sobre los primeros signos del sarampión, pero se ha recomendado que en caso de experimentarlos llamen a un proveedor de atención médica en vez de acudir al médico, con el fin de evitar que se exponga el virus a más personas.

Por el momento no se han detectado posibles casos. Sin embargo, esta enfermedad, que se transmite por el aire y el contacto directo con personas infectadas, puede tardar hasta 21 días en dar lugar a signos evidentes, como fiebre o erupción cutánea.

En cuanto a los trabajadores de Disneyland, la directora médica del parque, la doctora Pamela Hymel, ha declarado que el riesgo de que se hayan infectado es muy bajo, ya que el centro lleva a cabo rigurosas campañas de inmunización e información sobre enfermedades como esta. Pero no son los únicos que pudieron estar en contacto con la chica.

El promedio diario de visitantes en Disneyland supera las 40.000 personas, una cifra similar al récord de asistentes a Universal Studios, que se alcanzó en 2017. La lista de posibles contagios es inmensa, por lo que no sería extraño que en una semana se empiecen a manifestar los primeros casos.

Ya ocurrió algo similar en 2015, cuando un brote, posiblemente iniciado en la ciudad de Mickey Mouse, dio lugar a 147 infectados, repartidos en varios estados, así como en Canadá y México.

Hace unos años era necesario extremar las precauciones sanitarias para viajar a países tropicales. Ahora también lo es para visitar Disneyland. Y todo “gracias” al movimiento antivacunas. Pocas muestras más se necesitan de lo equivocados que están sus seguidores.