La epidemia de sarampión de Estados Unidos, que en lo que va de año ha superado los 620 enfermos, acercándose peligrosamente a las cifras de 2014, ya está empezando a generar afectados en otras partes del mundo. Este es el caso de una auxiliar de vuelo israelí de 43 años, que el pasado 31 de marzo fue ingresada con fiebre alta en el Meir Medical Center, cerca de Tel Aviv, donde más tarde cayó en un grave estado de coma durante diez días. Poco después del ingreso los médicos descubrieron que padecía sarampión, posiblemente a causa de sus repetidos viajes laborales a tierras estadounidenses, aunque esto no puede afirmarse con seguridad, pues en Israel también se han dado numerosos casos en el último año.

La emergencia sanitaria del país norteamericano se ha dado a causa del fuerte arraigo que tienen en la zona ciertos grupos antivacunas, que poco a poco han ido mermando la inmunidad de grupo, dejando vía libre a una enfermedad que se consideraba ausente en esta zona del mundo desde el año 2000. Pero lo curioso de este nuevo caso es que la mujer israelí sí que estaba vacunada. ¿Significa esto que las personas vacunadas están también en peligro?

Inflexión a finales de los 80

Ante esta nueva alarma, el Centro para el Control de las Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, ha emitido un comunicado en el que explica que las personas vacunadas antes de 1989 cuentan con una dosis menos de la vacuna que las que lo hicieron más tarde, por lo que están un poco menos protegidas. Esto se debe a que la conocida como triple vírica, que incluye protección frente al sarampión, las paperas y la rubéola, se administraba en una sola dosis hasta entonces, pero se decidió añadir una más después de que se dieran varios brotes.

Esto es algo que ocurrió en Estados Unidos, pero también en otros países. En el caso de España, la segunda dosis se introdujo en el calendario de vacunación catalán en 1988 y en el resto de comunidades también en 1989.

Pero esto no significa que quienes nacieran antes tengan que correr a vacunarse, mucho menos si no van a viajar a Estados Unidos. El CDC recuerda que una dosis brinda una protección del 93%, mientras que la segunda hace que esta ascienda a un porcentaje situado entre el 97% y el 100%. Es cierto que en muchos casos no se obtiene una protección total, pero está muy cerca de serlo, como explicaba recientemente a Hipertextual el miembro de la SEIMC y Jefe de Servicio de Microbiología del Hospital Universitario La Paz Julio García Rodríguez.

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La institución estadounidense sí que recomienda que las personas que se vacunaron entre 1963 y 1967 vuelvan a hacerlo, pues la vacuna utilizada en esa época estaba constituida a base de virus atenuados y contaba con una eficacia menor que las que se desarrollaron más tarde.

Quienes vayan a pasar un tiempo en Estados Unidos, especialmente en California, Michigan, Nueva Jersey, Nueva York o Washington, pueden optar por ponerse una segunda dosis si no la tienen, aunque no es tan urgente. En cuanto a quienes sí tienen las dos dosis, una tercera no aporta prácticamente beneficio extra, por lo que no es necesaria, salvo que se trate de pacientes de riesgo por alguna otra causa. De cualquier modo, ante la duda la principal indicación es acudir a un médico, que podrá realizar los exámenes de anticuerpos pertinentes y decidir si es aconsejable aplicar un refuerzo.