Parecía que la historia había culminado con un acuerdo de paz, pero la realidad es que al drama le quedaba un capítulo importante.

Mientras la batalla entre Google y Uber por el robo de patentes quedaba superada bajo un acuerdo millonario, la vida de uno de los protagonistas de la historia ha vuelto a salir a la primera línea: Anthony Levandowski.

En mayo de 2017, Uber despedía al ingeniero ante la idea de que era mejor deshacerse del problema que mantenerlo en casa. Unos meses después, Levandowski iniciaba su propia aventura en solitario precisamente con una compañía de vehículos autónomos basada en la tecnología LiDAR.

Desde entonces, poco o nada se ha sabido del que ha sido llamado el germen de la batalla entre dos grandes de la tecnología. Hasta hoy.

La Oficina del Fiscal de los Estados Unidos para el Norte de California ha abierto una nueva línea en la historia del polémico ingeniero. Anthony Levandowski ha recibido una acusación penal por el robo de secretos comerciales considerando que, efectivamente, robó 14.000 documentos confidenciales de Google. Dicha decisión le ha obligado al pago de 2 millones de dólares en concepto de fianza y al uso de un monitor de tobillo debido a elevado riesgo de fuga. En todo este contexto, el juez ha aprovechado la coyuntura para criticar las características intrínsecas de Silicon Valley; en donde se destaca la cultura sin restricciones del la bahía.

Sin embargo, este es el primer paso de una larga batalla. Levandowski tiene una nueva cita el próximo 4 de septiembre, donde se enfrenta a 10 años de prisión y a una multa de 250.000 dólares por cada uno de los 33 cargos que se le imputan.

Una guerra antológica

En 2017, la filial de coches conectados y autónomos de Google, Waymo, denunciaba a Uber por el robo de 14.000 archivos con patentes y resultados de pruebas. Dicha denuncia, que era presentada ante los juzgados de San Francisco contenía un nombre propio: Anthony Levandowski. Ingeniero en las filas de Google, pronto pasó a formar parte del círculo cercano del, ya cesado, CEO de Uber por aquel entonces, Travis Kalanik.

En este caso, la acusación de Google apuntaba a que, seis semanas antes de irse de la compañía tras nueve años de trabajo, Levandowski se descargó dichos documentos; poco después emigró a Otto –la división de camiones autónomos de Uber–. Dicha descarga habría estado instigada por el propio CEO de la compañía de transporte. Aquí empezó la guerra.

Comenzaron las acusaciones y negaciones por ambas partes fueron escalando en diferentes encuentros judiciales y ante la prensa. Mientras unos pedían una compensación económica, los otros negaban la mayor incluso después después de filtrarse una serie de mensajes en los que hablaban supuestamente del robo.

Finalmente, en febrero de 2018, Waymo y Uber llegaban a un acuerdo millonario –una forma de evitar la más que probable sentencia en contra para Uber en unos Tribunales–. Un pago del 0,34% de acciones de Uber a Waymo –unos 245 millones de dólares en aquel momento–fue el precio que se le puso al trato.