Tendemos a imaginar los residuos de plástico en el mar en forma de bolsas, anillas de latas de refresco o esos pedacitos pequeños, conocidos como microplásticos. Sin embargo, la variedad de formatos en los que puede presentarse es mucho más grande de lo que creemos. Tanto, que a veces pueden pasar totalmente desapercibidos, al confundirse con algo tan común en las playas como las piedras.

Esto es lo que concluye un estudio publicado recientemente en Science of Total Environment, en el que un equipo internacional de científicos ha descrito un nuevo tipo de contaminación por plástico, bautizada como piroplástico.

Piedras que no lo son

El estudio fue realizado a partir de muestras extraídas en playas del suroeste de Inglaterra, Escocia, España y Canadá.

Todas ellas contenían estos curiosos guijarros, que se diferencian de una piedra cualquiera en que, una vez en el agua, flotan. ¿Pero de dónde provienen exactamente?

Como su propio nombre indica, los piroplásticos provienen de plásticos que previamente se han quemado y, después, han sido moldeados por el agua, el viento y el resto de elementos, hasta adquirir esa forma característica. No está claro cómo podrían haberse incinerado, aunque los autores del estudio apuntan a varios orígenes, como barbacoas, fogatas o vertederos.

En cuanto a su composición, al analizarlos descubrieron que estaban compuestos principalmente de plásticos tan comunes como el polietileno y el polipropileno. Sin embargo, no eran componentes únicos, pues muchas de las piezas analizadas contenían también trazas de plomo y cromo. Este es un claro indicador de la antigüedad de estos falsos guijarros, ya que en la actualidad está prohibido, pero antiguamente era habitual teñir los plásticos con cromato de plomo. Por otro lado, ambas sustancias son responsables de su color actual, ya que se ha comprobado que al quemarse se alteran, dando lugar a un tono grisáceo, que aporta al resultado final ese asombroso parecido con las piedras.

Otra señal que denota la vejez de estas estructuras es lo bien moldeadas que se encuentran, ya que, si bien este material es muy maleable, se necesita mucho tiempo para obtener un resultado tan pulido.

Turner and col. 2018

En cuanto al impacto ambiental de los piroplásticos, que en España se han hallado principalmente en la costa atlántica, los investigadores detrás del estudio sostienen que no pueden dar información al respecto, debido a que no saben cómo de comunes son en otros puntos del globo. No obstante, sí que cuentan con un indicio poco optimista, ya que algunas de las piezas analizadas contaban con canales fabricados por gusanos marinos. Esto apunta a que ya han entrado en el ciclo alimentario de los ecosistemas marinos, aunque será necesaria más investigación para saber cómo están influyendo en él.