– Ago 8, 2019, 14:36 (CET)

¿Qué hago si me pican estos ‘bichos’ de verano?

Una experta nos cuenta cómo diferenciar y tratar algunas de las picaduras y lesiones más comunes causadas por animales durante el verano.

Aunque algunas personas ya han terminado su periodo vacacional, muchas otras prefieren el mes de agosto, o incluso el de septiembre, para tomarse esos necesarios días de asueto. No importa cuál sea el destino. Lo importante es desconectar y cargar las pilas para volver al trabajo con más fuerza que nunca. Por eso es muy importante evitar ciertos contratiempos que puedan hacer que ese periodo de descanso no sea tan relajante como debería. Buen ejemplo de ello es el de las picaduras.

Tanto los que deciden pasar las vacaciones en la playa como los que prefieren el campo o incluso los que abogan por el turismo de ciudad pueden tener algún molesto encontronazo con mosquitos, medusas, arañas o avispas, entre otros. Por mucho repelente que se utilice, a veces es inevitable, por lo que se debe saber cómo actuar ante las lesiones causadas por cada uno de ellos. Para saber cómo, en Hipertextual nos hemos puesto en contacto con la doctora Mildred Sánchez, dermatóloga en el Instituto de Dermatología Integral de Madrid, quien nos ha contado cómo diferenciar unas picaduras de otras y, sobre todo, qué medidas debemos tomar.

El clásico del verano

Sin duda, una de las picaduras más comunes del verano es la de mosquito. No es necesario estar ni de vacaciones ni en el exterior, pues estos pequeños insectos se cuelan hasta por la más mínima rendija y campan a sus anchas por nuestros hogares, especialmente en esta época en la que las ventanas pasan más tiempo abiertas. Afortunadamente, en la mayoría de casos son totalmente inocuos, aunque se deben tomar ciertas precauciones en algunos casos. “La mayoría de las picaduras de mosquitos son inofensivas, pueden provocar un bultito rosado o rojo que suele cursar con picor, aunque hay que tener cuidado a la hora de rascarse la picadura porque se puede provocar una herida que si no limpiamos e higienizamos se convertiría en un foco de infección”, explica la doctora Sánchez. “Sin embargo, dependiendo del lugar del mundo en el que nos encontremos, las picaduras de mosquitos suelen ser muy peligrosas, ya que son transmisoras de enfermedades como la malaria, el dengue e incluso el zika. Por este motivo, antes de viajar a ciertas zonas debemos saber si son áreas donde se dan estas enfermedades para poder tomar medidas preventivas como son el uso de repelentes y el de mosquiteras”.

No te confundas

No siempre pillamos in fraganti al causante de la picadura mientras comete la fechoría. Por eso, a menudo nos encontramos con una o varias ronchas de origen desconocido. Aparte de los mosquitos, suelen ser comunes las picaduras de pulga y las de araña, ¿pero cómo podemos diferenciarlas?

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“Las picaduras de pulga son más fáciles de reconocer porque suelen presentar lesiones numerosas en línea recta en forma de elevación rojiza con un puntito rojo en el centro”, aclara la dermatóloga. “Por su parte, las picaduras de araña suelen presentar diferentes clases de lesiones, según el tipo de araña que sea. Por norma general, hay una zona de enrojecimiento e inflamación con dos pequeños puntos rojos en el medio que representan la mordedura”.

Añade que en ambos casos se puede aplicar frío local en la zona para bajar la inflamación y utilizar fármacos vía tópica con hidrocortisona como principio activo. Además, si la inflamación es importante, se recomienda acudir a un servicio de urgencias porque puede indicar que la persona es alérgica y podría ser necesario que el especialista prescriba un antihistamínico.

Dolor en la playa

La playa esconde un gran número de animales causantes de picaduras o lesiones que nos pueden jugar una mala pasada veraniega. Entre todos ellos, los más comunes son las medusas y los erizos de mar. Son especies muy diferentes, por lo que el modo de actuar también es distinto para cada uno de ellos.

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En el primer caso, es esencial lavar la herida, pero siempre con agua de mar o suero fisiológico, nunca con agua del grifo, pues podría aumentar la reacción. Además, se debe eliminar cualquier resto de la medusa que haya podido quedar junto a la herida. “Una vez limpia la zona es recomendable aplicar hielo, envuelto en un paño o toalla limpia, durante unos 10 minutos aproximadamente, con el objetivo de disminuir la inflamación. Posteriormente, se puede tomar un analgésico en el caso de que el dolor sea muy fuerte y consultar con un médico o un sanitario por si precisa aplicar una pomada con corticoides para reducir la inflamación”.

En el caso de los erizos, no se trata de una picadura, pero sí de una lesión muy molesta. Para empezar, se debe comenzar retirando la púa que habría quedado clavada en la piel con ayuda de unas pinzas o una aguja esterilizada. “Si no sale fácilmente, se debe reblandecer sumergiendo la zona en agua templada con sal. Si aun así no pudiéramos quitarla, acudiríamos a un centro de salud”, recomienda la especialista entrevistada por este medio. “Después habría que lavar bien con agua y jabón y aplicar un antiséptico tipo povidona yodada y una crema con antibiótico. Para evitar una infección, es recomendable vendar o tapar la herida mientras que estemos andando y dejarla al descubierto durante la noche, para que se seque antes”. Además, comenta que si el dolor es importante se pueden tomar analgésicos. Finalmente, si se nos han clavado muchas púas, lo mejor es acudir a un centro médico.

Avispa o abeja, esa es la cuestión

Tanto la avispa como la abeja son insectos himenópteros con una coloración que normalmente se basa en mezclas de negro y amarillo. Por eso, es muy común confundirlas. Sin embargo, cuentan con grandes diferencias, tanto en su apariencia como en el modo de actuar frente a su picadura. En el primer caso, las avispas cuentan con un claro estrechamiento que separa el tórax del abdomen y que popularmente se conoce como cintura, de ahí la expresión “cinturita de avispa”. En cambio, las abejas tienen una forma más homogénea. Incluso en la coloración presentan diferencias, ya que las abejas son de color pardo y amarillo y tienen pelo, mientras que las avispas son generalmente negras, o pardo oscuro, con franjas amarillas brillantes y no tienen casi pelo, pues el poco que tienen apenas se aprecia a simple vista.

Pero si realmente hay un factor claramente distintivo entre ambas es que cuando las abejas pican dejan su aguijón clavado en la piel y después mueren, por lo que solo pueden hacerlo una vez. “Por este motivo, el veneno que inoculan las abejas es hasta cuarenta veces mayor que el de una avispa”. Esto, lógicamente, también supone diferencias a la hora de actuar, como bien narra la doctora Sánchez. “La diferencia principal es que ante una picadura de abeja lo primero que hay que hacer es extraer el aguijón con la ayuda de unas pinzas. Posteriormente, en ambos casos, debido a la inflamación, que puede llegar a extenderse hasta 10 cm en la piel y que cursa con enrojecimiento, escozor y dolor, hay lavar la zona con agua y jabón, así como aplicar frío local y una pomada con corticoide y/o antihistamínico”.

Estas serían las precauciones para la población general. Además, si una persona sabe que es alérgica a cualquiera de los dos insectos es aconsejable que lleve una jeringuilla precargada con epinefrina.

¿Cuándo debo ir a urgencias?

No solo las abejas y las avispas provocan alergias. En general cualquier picadura puede hacerlo. Por eso, ante la sospecha de que se haya producido una de estas reacciones es necesario buscar ayuda médica cuanto antes. “Hay que acudir a un servicio de urgencias cuando la inflamación provocada por la picadura sea muy extensa y dolorosa, que no reaccione ante la aplicación de cremas con cortisona y antihistamínicos y, por supuesto, si se produce una hinchazón anormal en cara y problemas para respirar, mareos y visión borrosa”. Aparte de todo esto, la dermatóloga incide en que también es necesario acudir al hospital si se producen muchas picaduras, por el riesgo de sufrir una reacción tóxica debida a la gran cantidad de veneno inoculado por el insecto que nos ha picado.

Cuidado con los remedios caseros

Todos hemos escuchado alguna vez al picarnos un insecto o una medusa eso de que puede ir bien tratar la zona con barro, o incluso con orina. Más allá de lo poco higiénico que resulta solo escucharlo, esta no es una buena idea, como tampoco lo son otros muchos consejos caseros muy extendidos en el ideario popular. Cualquiera de esas dos opciones puede infectar la lesión, haciendo aún más complicada su recuperación. Además, en el caso de las medusas no se debe usar agua dulce, pues puede extenderse su veneno. Pero incluso hay algo mucho más común que también desaconsejan los especialistas. “Lo principal es no rascarse la zona afectada por la picadura, ya que lo único que se conseguirá es que se abra una herida convirtiéndose en un posible foco de infección”. La tentación de rascar es grande, pero lo más sano, sin duda, es evitarla.