Aunque las picaduras de mosquito son las más frecuentes del verano, no son ni mucho menos las únicas. También otros insectos, como las hormigas, pueden convertir un agradable paseo por el campo en un incidente molesto, que puede ser más o menos doloroso en función de la especie y la susceptibilidad del individuo en cuestión. ¿Pero realmente las hormigas pican o muerden?

A esta pregunta la primera respuesta que viene a la mente suele ser que muerden. Y sí, efectivamente, lo hacen, pero en realidad el dolor no se debe siempre a esto, ya que la mayoría de ellas también tienen un aguijón con el que inyectan a sus víctimas un doloroso veneno. De hecho, el momento en cuestión ha sido captado recientemente por el biólogo del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte Adrian Smith y resulta escalofriante.

El vídeo de la verdad

Para la realización del vídeo el científico colocó sobre una fina película de cera a dos hormigas, una de la especie Odontomachus ruginodis y otra de la Pogonomyrmex badius.

No todas las especies cuentan con este desconocido aguijón, más fino que el grosor de un cabello, aunque sí que lo tienen muchas de ellas, ya que es una estructura heredada de una avispa ancestral. Estas dos son un claro ejemplo de su existencia.

Al grabarlas en vídeo a cámara lenta, comprobaron que primero muerden a la presa para agarrarse a ella y a continuación balancean el abdomen hacia delante, para colocar el aguijón en el lugar deseado. Además, observaron que pueden llegar a inyectar hasta trece gotas de veneno por segundo, causando una lesión bastante dolorosa.

Investigaciones anteriores han mostrado que a veces las hormigas, ya fijadas a la piel con sus mandíbulas, giran su cuerpo para efectuar varias picaduras, de ahí que en ciertas ocasiones puedan observarse marcas con varios puntos de entrada alrededor.