El guepardo está considerado como el animal terrestre más veloz del mundo, por su capacidad para alcanzar hasta 120 kilómetros por hora en carreras cortas. En el mar encontramos a animales todavía más rápidos, como la gamba mantis, que de correr no sabe mucho, pero puede propinar puñetazos a una velocidad de 100 kilómetros por hora.

¿Significa eso que el apéndice más rápido del mundo animal es la garra de este crustáceo boxeador o las patas del guepardo? En realidad no; pues, según un estudio publicado hoy en Royal Society Open Science, ambos son un par de principiantes en comparación con la hormiga Drácula. Este insecto tampoco manifiesta su velocidad corriendo, sino mordiendo, pues sus mandíbulas pueden cerrarse a unos vertiginosos 324 kilómetros por hora. Pero ojo; pues, como cuentan los investigadores de la Universidad de Illinois que han llevado a cabo el estudio, la velocidad de su mordida no es el único rasgo que convierte a esta hormiga en un animal de lo más especial.

El movimiento más veloz

Aunque las hormigas puedan parecer inofensivas, son animales realmente violentos cuando luchan entre ellas. Se han documentado casos de decapitaciones e incluso de tomas de prisioneras después de la batalla. Por eso, no es extraño que la hormiga Drácula (Mystrium camillae) haya desarrollado una mandíbula especialmente preparada para el ataque, por mucho más que su velocidad.

Al contrario que otras hormigas, como las del género Odontomachus, la mandíbula no se cierra de golpe desde una posición abierta, sino que presionan sus extremos entre sí, acumulando unas tensiones que se liberan abruptamente cuando una se desliza sobre otra. El resultado sería algo así como un violento chasquido de dedos humano. De este modo pueden atacar a otros artrópodos aturdiéndolos, golpeándolos contra una superficie o empujándolos.

Otra gran curiosidad de sus mandíbulas es que no solo poseen una gran velocidad, sino que también cuentan con una aceleración muy elevada, ya que consiguen alcanzar esos 324 kilómetros por hora en solo 0’000015 segundos.

Para poder comprobar esto los investigadores tuvieron que recurrir a cámaras extremadamente rápidas. Además, usaron técnicas basadas en rayos X para poder estudiar su anatomía tridimensional en profundidad.

El siguiente paso de estos científicos será comprobar cómo usa la hormiga Drácula sus mandíbulas en la naturaleza, fuera del laboratorio. Por el momento, con los datos que tienen pueden concluir que su mordida es el movimiento animal más rápido que se conoce. Sí que es cierto que el halcón peregrino puede alcanzar velocidades de 360 kilómetros por hora al caer en picado; pero, al fin y al cabo, dejarse caer no “cuenta” como movimiento. Aunque eso tampoco lo hace cualquiera. El mundo animal es apasionante.