El cambio climático es un enemigo duro de roer; que, para colmo, nos lleva ya algunas batallas de ventaja. Sin embargo, como seres humanos tenemos una pequeña ventaja y es que podemos combatirlo desde muchos frentes diferentes. Esta es precisamente la razón por la que se firmó el acuerdo de París, en el que se instaba a los países firmantes a establecer los protocolos necesarios para ralentizar el aumento de las temperaturas globales.

Entre las medidas establecidas, destacan todas aquellas dirigidas a reducir los gases de efecto invernadero; pues es bien sabido que estos son necesarios para que la Tierra sea un planeta habitable, pero en dosis muy elevadas pueden volverse muy peligrosos, al propiciar un sobrecalentamiento cada vez más elevado. Entre ellos destaca el dióxido de carbono, pues es uno de los que más contribuyen al calentamiento global a corto plazo. Sin embargo, existen otros que resultan aún más perjudiciales si se tiene en cuenta la evolución del clima en un periodo más largo. Es el caso del metano, que tiene una influencia sobre el efecto invernadero 80 veces mayor que la del CO2 en un periodo de 20 años. Aunque hay muchas fuentes de emisión de este gas, la principal es la procedente de la digestión de los rumiantes, ya que es el subproducto principal de la fermentación que tiene lugar en sus estómagos.

Queda claro, por lo tanto, que el ganado es uno de los frentes desde los que se puede luchar contra el calentamineto global, ¿pero cómo? Durante mucho tiempo se han estudiado posibles respuestas a esta pregunta, desde seleccionar reses que genéticamente produzcan menos metano es sus flatulencias y eructos, hasta modificar su alimentación. Y es precisamente en este último punto en el que se han centrado investigadores de todo el mundo, tras descubrir el potencial de un alga concreta para reducir la producción de metano durante la digestión. Aún queda mucho por pulir, pero sin duda Asparagopsis taxiformis es una buena arma con la que luchar.

USC

La clave está en el agua

Asparagopsis taxiformis es un alga roja, característica de regiones templadas y tropicales. Es un ingrediente habitual en la comida hawaiana, pero los seres humanos no somos los únicos que podemos comerla.

Es posible alimentar con ella al ganado y, de hecho, conlleva grandes beneficios para el planeta. Lo descubrieron en 2014 un equipo de científicos de la Organización para la Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO) y la Universidad James Cook, ambas de Australia. Concretamente, estos investigadores demostraron que simplemente una dieta basada en un 1-2% de esta alga permitía reducir las emisiones de metano en más de un 90%. La razón, según ha explicado a Hipertextual Leonardo Mata, investigador del Centro de Ciencias Marinas de Portugal, es el bromoformo. “Este es un compuesto capaz de inhibir la eficiencia de una enzima implicada en el penúltimo paso de la ruta que lleva a la producción de metano durante la digestión de los rumiantes”, cuenta. “Además, reduce selectivamente la cantidad de microorganismos en el intestino responsables de convertir hidrógeno y dióxido de carbono en metano”.

Tanto el equipo de Mata como otros, situados en otros puntos del mundo, llevan años estudiando formas eficientes de cultivar el alga y administrársela al ganado sin que este la rechace. Es el caso de un grupo de científicos de la Universidad de California en Davis, en la que cuentan con una manada de vacas lecheras destinadas al estudio de esta alga. El año pasado lograron reducir las emisiones de metano en un 60% añadiendo al pienso una cantidad mínima de un alga similar a A. taxiformis. Desgraciadamente, se encontraron con un problema inicial, al comprobar que, por baja que fuera la dosis, los animales comían menos. Esto era una gran desventaja, ya que suponía una producción menor de leche, que al fin y al cabo es uno de los destinos principales de estos rumiantes en ganadería. Aunque no podían saberlo con seguridad, los responsables de la investigación intuyeron que debía ser una cuestión de sabor, ya que las algas saben muy saladas y este es un matiz al que las vacas no están acostumbradas. Por eso, decidieron mezclarlo todo con melaza y lograron solventar ese primer obstáculo.

Sin embargo, aún quedaba mucho trabajo. El alga utilizada no era la que inicialmente se estudió en Australia, de ahí que la reducción de metano fuese menor que la que ellos habían obtenido. Por otro lado, era necesario encontrar un modo de cultivarla a gran escala.

Hasta ahora crecen de forma salvaje, pero para poder aprovechar su potencial se deben cultivar en cantidades adecuadas y con una velocidad suficiente.

Esta es tarea de algunas instituciones de investigación públicas, pero también de empresas privadas, como Australis Aquaculture, un productor de lubina asiática que inició hace menos de un año un proyecto de investigación dirigido a este fin, en Vietnam. Su objetivo es conseguir colocar las plantas en mallas similares a las que se usan para el cultivo de ostras e introducirlas en el mar a una profundidad no demasiado grande, para que puedan recibir radiación solar para la fotosíntesis, pero sí lo justo para no sufrir los efectos de las olas.
Vietnam es también el destino elegido para el cultivo por el equipo de Mata, que además pretende crear el primer banco de semillas de esta especie y estudiar a fondo la producción de los compuestos químicos que inhiben la generación de metano en animales rumiantes.