– Jul 18, 2019, 11:00 (CET)

‘Stranger Things’ y ‘Toy Story 4’: dos despedidas muy distintas a la infancia

'Toy Story 4' y la tercera temporada de 'Stranger Things' han sido los sucesos de una gris temporada estrenos que no cumplieron las expectativas. ¿Qué hace que ambas historias hayan cautivado al público? Aunque parezca casual, hay mucho más entre ambas que la despedida de la infancia y el final de la inocencia.

El argumento de Toy Story soporta bien los cambios y la madurez de sus personajes: desde la primera entrega, la inolvidable pandilla de juguetes ha pasado por todo tipo de aventuras, hasta que por último Woody —su líder emocional y cabeza visible— llegó a un punto de su recorrido en el que pudo decir adiós a Bonnie (y de alguna manera a Andy) y también, a su misión de hacer feliz al niño de turno. En Stranger Things, los niños también han crecido y madurado, pero además la serie encontró la manera de despedir a Hawkins del escenario central de la serie. Se tratan de rupturas argumentales que dejan claro algo muy concreto: lo que sea que ocurra tanto la franquicia Pixar como con la serie icónica de Netflix, será por completo distinto hasta lo que ahora hemos visto.

Se trata de una complicidad espiritual que no pasa desapercibida: para ambas historias, la niñez es un lugar singular en la que los peligros transcurren a la periferia, pero que se miran de maneras distintas. Mientras que en Toy Story los muñecos luchan para conservar el amor de sus propietarios, protegerlos o solo sobrevivir, los niños en Hawkins lidian con fuerzas sobrenaturales invisibles a los adultos. De la misma manera que Andy jamás vio a sus amigos predilectos cobrar vida, los adultos en el pueblo más extraño de Indiana parecían a considerable distancia de los sucesos misteriosos que ocurrían en el pueblo. En Toy Story 4 y en la tercera temporada de Stranger Things la ruptura del misterio está muy cerca: tanto en uno como en otro escenario, la perspectiva de romper los viejos lazos es notoria. Los hombres y mujeres de Hawkings son atacados por los misterios que por tanto tiempo ignoraron, poseídos y después devorados por el Mind Flayer. Woody por su lado, decide emprender una nueva travesía para asegurarse que Bonnie sea feliz, pero en realidad se trata de una ruptura con el vínculo que siempre le mantuvo unido a los niños de su vida.

También, hay un empoderamiento femenino que en el caso de Stranger Things tiene la notoria intención de lograr que el equipo original, tenga su contraparte femenina. Eleven (Millie Bobby Brown) y Max (Sadie Sink) se toman del brazo para volverse inesperadas amigas, mientras que Erica (Priah Ferguson) y Robin (Maya-Thurman Hawke) se convierten en centro de interés de historias paralelas a las centrales. En Toy Story 4 ocurre otro tanto: Jessie la Vaquera toma un protagonismo inmediato, lo mismo que Bo Pee, el interés amoroso de Woody, que para la ocasión deja atrás sus amplias faldas y se convierte en una líder por derecho propio.

Tanto la película de Pixar como la serie de Netflix analizan el poder de la mujer, para además añadir una mirada sobre cómo influye en la madurez. Se trata de una reflexión que podría parecer incluso artificial, a no ser por el hecho que tanto una como la otra, observa el desarrollo de sus personajes como inevitables. Los personajes de Stranger Things tienen apasionados momentos románticos, hablan sobre su sexualidad y al final, toman la decisión de abandonar el pueblo en búsqueda de una nueva vida. En Toy Story 4, es evidente que la complejidad de sus personajes se nutre de los cambios evidentes y la nueva personalidad de Bo Pee tiene paralelismos con Woody, quién toma decisiones que habrían sido impensables en la primera película de la franquicia. Tanto en uno como en otro escenario, los personajes femeninos marcan un tipo de evolución muy clara.

Unas localizaciones similares

Incluso ambas historias se desarrollan en estratos similares y con independencia del motivo, tienen una conexión en común que analiza a sus personajes en un contexto más amplio. En Stranger Things, el centro comercial “Star Court” es el escenario central de la trama y se nutre de la imaginaria de la década de los ochenta para ser a la vez, un punto de reunión y el reverso siniestro de la historia. Todo converge en el centro comercial y también, finaliza allí. En Toy Story, la feria cumple la misma función aunque de manera más infantil y simple, pero como en la serie de Netflix, se trata de una mirada a un lugar que cerrará (tal vez para siempre) la historia de Woody.

Pero sobre todo, tanto película como serie son grandes despedidas a la infancia: en Stranger Things la ya adolescente pandilla entrega sus cajas de Dungeons and Dragons (que en un simbolismo evidente sostiene Erica) y de la niñez, lo mismo que la mayoría de sus fanáticos más joven, que sin duda atraviesan un tránsito idéntico al de sus personajes favoritos. Se trata de un adiós que además ya es notorio en el momento referencia más aplaudido de la serie: Dustin (Gaten Matarazzo) canta a dúo con Suzie (Gabriella Pizzolo) la canción de una las películas infantiles más aplaudidas de la década de los ochenta. “Neverending story” es quizás, la historia más profunda sobre la pérdida de la inocencia y la esperanza adulta que haya llegado a la pantalla grande, algo que hace que el guiño a su canción emblema no sea casual.

En Toy Story, Woody deja su estrella, a la niña que protege y por primera vez, toma una decisión egoísta que implica además, un completo cambio de paradigma en el tono de la franquicia. De alguna manera, este Woody adulto —como lo son la mayoría de los espectadores que amaron la franquicia desde su estreno— simboliza algo más que un arco argumental sofisticado. De ese modo, las historias cierran la puerta a la que fue su línea principal: mientras los Byers se alejan de Hawkins EEUU, Woody se despide de su propósito de vida en un cierre inteligente para su historia. Unos y otros, son una singular metáfora de la evolución de sus fanáticos e incluso, de lo que les rodea. Un buen final — o al menos en Stranger Things, el fin de una etapa — para narraciones que se alimentan del poder de la nostalgia.