El 31 de enero de 1971 partía rumbo a la Luna el Apolo 14, para continuar con el éxito que sus antecesoras habían ido labrando en lo concerniente a la exploración de nuestro satélite. A bordo iban los astronautas Alan Shepard, Stuart Roosa y Edgard Mitchell, pero también el equipo necesario para instalar una estación científica y recoger muestras lunares, una Biblia en microfilm, el primer versículo del Génesis en 16 idiomas, un palo de golf, dos pelotas y 500 semillas.

Como es lógico, la imagen de Shepard sacando la equipación de golf ante las miradas atónitas de medio mundo hizo historia al instante. Por el contrario, el cargamento botánico llamó menos la atención y, de hecho, mucha gente ni siquiera sabe que estuvo allí. Pero estas semillas no solo llegaron a la órbita de la Luna, sino que sobrevivieron a la radiación y el proceso posterior de descontaminación y terminaron germinando aquí en la Tierra, dando lugar a un gran número de árboles, muchos de los cuales siguen en pie a día de hoy, 48 años después.

Jardinería lunar

Todo empezó cuando poco antes del lanzamiento de la nave el jefe del Servicio Forestal de los Estados Unidos contactó a Stuart Roosa para pedirle un curioso favor: llevar hasta la Luna un cargamento de semillas, con el fin de comprobar qué cambios sufrían en un entorno tan extremo.

Antes que astronauta Roosa había sido bombero forestal, por lo que no tardó en aceptar la petición, por parecerle un bonito homenaje a su anterior ocupación. Para tal honorable misión se eligieron 500 semillas, pertenecientes a 5 árboles diferentes:la secuoya (Sequoia sempervirens) el pino taeda (Pinus taeda), el sicómoro americano (Platanus occidentalis), el abeto Douglas (Pseudotsuga menziesii) y la goma dulce estadounidense (Liquidambar styraciflua).

Al igual que Michael Collins en el Apolo 11, Roosa era el piloto del módulo de comando, por lo que su misión era permanecer en este mientras que Shepard y Mitchell se dirigían a la superficie del satélite en el módulo lunar. No caminó sobre la Luna, como tampoco lo hicieron las semillas, pero sí que hicieron 34 órbitas al satélite antes de partir de nuevo hacia la Tierra. Durante todo ese tiempo estuvieron expuestas a las temidas radiaciones cósmicas y, ya de vuelta en nuestro planeta, a un proceso descontaminación. Para colmo, durante este último el recipiente que las contenía se rompió y todas se mezclaron entre sí.

Apenas quedaban esperanzas de que las semillas pudieran germinar algún día. Sin embargo, al sembrarlas tanto miembros de la NASA como del Servicio Forestal Estadounidense se sorprendieron al comprobar que muchas de ellas lograron seguir adelante.

Los lugares en los que se sembraron están registrados a día de hoy, para que cualquiera que lo desee pueda visitar uno de estos "árboles lunares". La mayoría se encuentran en territorio estadounidense, en parques, plazas, universidades u otras entidades públicas, aunque también se sembraron algunos en otros países, como Brasil, Italia y Suiza. No pudo faltar tampoco un pino taeda en la Casa Blanca, aunque es de los que no se mantienen con vida en la actualidad. Pero, sin duda, la ubicación más entrañable es la de un sicómoro americano, que fue trasladado junto a la tumba de Roosa poco después de su muerte, en 1994.

Plantas y espacio

Si en un futuro la humanidad coloniza la Luna será de gran importancia aprender a cultivar allí; por lo que, más allá del simbolismo, lo que se hizo en el Apolo 14 fue un punto de partida magnífico para demostrar la resistencia de las semillas a las condiciones extremas de nuestro satélite. De hecho, si bien lo que más preocupaba era la radiación, con el tiempo se ha descubierto que las semillas son capaces de resistir hasta 200 veces una dosis mortal para el ser humano, y aun así seguir germinando.

El siguiente paso sería saber si también pueden seguir adelante al sembrarlas directamente en la Luna. Por eso, en enero de este año, uno de los experimentos puestos en marcha a la llegada a la cara oculta del satélite de la sonda china Chang’e 4 fue precisamente ese: cultivar una planta directamente allí. Algunas de las semillas de algodón transportadas para la ocasión lograron germinar, aunque por desgracia los brotes que surgieron de ellas murieron pocos días después. El motivo, según declararon los científicos de la misión, fue que la cámara que los albergaba se quedó sin batería suficiente para mantener en su interior las condiciones necesarias para que la planta pudiera seguir su curso. Sin embargo, ni siquiera ese triste final logró enturbiar el hecho de que por primera vez se había conseguido que una planta naciera desde cero en un ambiente extraterrestre. Desde luego, el cargamento de semillas del Apolo 14 ha tenido mucha más historia que las pelotas de golf, aunque no llegasen a tocar la superficie.