El 26 de abril de 1986, las vidas de los habitantes de las ciudades cercanas a la central nuclear de Chernobyl siguieron su curso, ajenas a la ola de muertes que se había desencadenado a pocos kilómetros de sus hogares. Sin embargo, después de que lo ocurrido fuese descubierto en el resto del mundo las autoridades de la antigua Unión Soviética optaron por evacuar a miles de personas, dejando ciudades como la hoy ucraniana Pripyat detenidas en el tiempo.

Cuadernos abiertos en los pupitres de los colegios, botellas de vino a medio beber en los restaurantes, oficinas totalmente vacías… El tiempo se detuvo por lo que quienes dejaban atrás sus casas pensaron que sería un periodo corto. Sin embargo, a día de hoy muchos de estos lugares siguen abandonados, convertidos en ciudades fantasma en las que nadie ha vuelto a vivir desde entonces. Los primeros momentos de aquel abandono han quedado perfectamente retratados en Chernobyl, la miniserie con la que HBO ha conseguido que el mundo vuelva a interesarse por lo que ocurrió aquella fatídica noche. Tanto que muchas personas se preguntan si podrían visitar todas esas escenas congeladas en el tiempo. Y la respuesta es sí, aunque con ciertos límites, por supuesto.

Una ruta guiada

Aunque la ciudad de Pripyat sigue abandonada, los niveles de radiación han disminuido lo suficiente para permitir la entrada segura a visitas, siempre en un entorno controlado y acompañados por guías.

Existen varios tours, organizados por diferentes empresas y con actividades diferentes. Algunos incluyen solo una visita de un día, mientras que otros alargan un poco más la estancia. En definitiva, por un precio situado entre los 65 y los 430 euros, se puede presenciar en primera personas la imagen congelada de las regiones evacuadas después del desastre nuclear. Todas las visitas incluyen el viaje en autobús desde Kiev, de algo más de hora y media, así como la comida y una explicación sobre lo ocurrido en 1986. Algunas empresas también entregan a los turistas, que deben ser mayores de edad, un dosímetro con el que pueden comprobar en todo momento que la dosis de radiación no excede los límites seguros. Lógicamente, es importante no salir de las zonas restringidas, para lo cual se dispone de varios controles militares a lo largo de la región apta para visitas.

La radiación durante la estancia se suele situar entre 5 y 7 microsieverts, una dosis insignificante, si se tiene en cuenta que una radiografía de tórax supone la exposición a entre 80 y 100 microsieverts de radiación. De hecho, el propio viaje en avión hasta Kiev puede suponer una dosis similar a la de la excursión, ya que los rayos cósmicos llevan a que los pasajeros durante un viaje de unas tres horas se expongan aproximadamente a unos 60 microsieverts. Todas estas cifras están sobradamente dentro de lo establecido como seguro, por lo que quienes quieran visitar el lugar donde empezó todo no tienen nada que temer. Siempre que lo hagan dentro de las rutas establecidas para ello, por supuesto.