El uso medicinal de las sanguijuelas se remonta a hace más de 3.500 años, según se puede leer en textos extraídos de la Biblia, el Corán o algunos documentos del antiguo Egipto, entre otros. Supuestamente, casi cualquier cosa se podía curar con ayuda de estos anélidos, que ayudaban a extraer los “malos humores” del cuerpo.

Su aplicación se extendió notablemente con el paso de los años, cobrando gran importancia en la Edad Media. Curiosamente, fue precisamente el padre de la homeopatía, Samuel Hahnemannn, uno de los primeros galenos en oponerse al uso de esta técnica, aunque su alternativa no resultó ser mejor, a pesar de haber perdurado tanto en el tiempo. Sin embargo, las sangrías siguieron utilizándose durante años, hasta que los avances de la medicina basada en la evidencia mostraron su ineficacia. Paralelamente se descubrió que sí que pueden tener cierta utilidad como anticoagulantes después de una intervención de cirugía reconstructiva, especialmente para evitar que el “colgajo” de piel resultante se congestione por la acumulación de sangre coagulada. De cualquier modo, incluso en este caso concreto existe un gran debate, pues muchos cirujanos se oponen a esta práctica, por no poder medirse con exactitud la cantidad de anticoagulante empleado. Más allá de eso, el resto de aplicaciones que se siguen dando a las sanguijuelas no son más que diferentes piezas del puzle de las pseudociencias que no tienen ninguna utilidad, pero sí pueden hacer mucho daño, tanto a la salud de quienes se someten a ellas como a la supervivencia de estos animales, cuya captura indiscriminada comienza a poner en peligro la supervivencia de la especie.

Las sanguijuelas en el mercado negro

El pasado mes de octubre, un hombre canadiense fue detenido en el aeropuerto internacional Pearson de Toronto, después de intentar introducir en el país 4.788 sanguijuelas vivas, que había transportado en su equipaje de mano desde Rusia.

El hallazgo sorprendió notablemente a los agentes de seguridad de las instalaciones, que estaban algo más acostumbrados al tráfico de animales como las serpientes o las tortugas, pero no al de estos pequeños animalillos que costaron una multa de 15.000 $ al infractor. Sin embargo, su delito no fue algo tan extraño como parece.
Si bien las pocas sanguijuelas utilizadas a día de hoy en cirugía provienen de granjas legales dedicadas exclusivamente a su crianza, otras muchas son retiradas de su hábitat para la venta en el mercado negro, dedicada a la práctica de la hirudoterapia. Esta pseudociencia, promete tratar todo tipo de trastornos, desde las migrañas hasta la calvicie, pasando por la artritis y la diabetes.

Como resultado, la especie concreta de sanguijuela utilizada con estos fines, Hirudo medicinalis, está considerada como “casi amenazada” en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y podría ascender nuevos peldaños en el camino hacia la extinción si no se hace nada a tiempo.

Otras víctimas de las pseudoterapias

Pero las sanguijuelas no son las únicas víctimas de las pseudoterapias. Otros muchos animales que han sido usados históricamente por las supuestas propiedades medicinales de estructuras o sustancias procedentes de su cuerpo también han visto amenazada su supervivencia.

Este es el caso del tiburón, cuyo cartílago se ha comercializado durante siglos, pero aún en la actualidad, con la supuesta función de ayudar a fortalecer las articulaciones o tratar el cáncer. Ninguna de estas aplicaciones cuenta con estudios científicos sólidos que las apoyen. Algunas de sus propiedades están en estudio de cara a la realización de ensayos clínicos, pero por el momento no hay evidencia de su eficacia, y mucho menos en el formato que se comercializan. Sin embargo, los escualos siguen cazándose indiscriminadamente, nadando poco a poco hacia la extinción de algunas de sus especies.

Todavía más preocupante es el caso del pangolín, un mamífero similar al armadillo, cuyas escamas se han utilizado tradicionalmente como antiinflamatorio o analgésico, así como para el tratamiento de un gran número de enfermedades, incluyendo también al cáncer. Ni qué decir tiene que no hay ninguna evidencia científica de su uso y, de hecho, no suele ser fácil adquirirlas más allá del mercado negro. Aun así, su captura ilegal sigue siendo demasiado frecuente. Tanto que de las ocho especies conocidas de este animal dos se encuentran en peligro de extinción, cuatro están calificadas como vulnerables y otras dos en peligro crítico.

Además de todos estos animales, otros muchos como el rinoceronte, el elefante o el oso negro siguen en claro peligro por culpa, entre otros motivos, de “tratamientos” sin ninguna evidencia científica. Y es que las pseudoterapias cuentan con una sombra especialmente alargada, que envuelve en oscuridad todo lo que se acerca a ellas. Desde las personas que se les aferran en busca de una curación hasta los seres vivos que se convierten en meras víctimas para que puedan llevarse a cabo.