Tam era un macho de rinoceronte de Sumatra que vivía en la Reserva de Vida Silvestre Tabin, en Sabah (Sumatra), junto a dos hembras: Iman y Puntung.

Ellos eran los últimos tres individuos de su especie en Malasia, y de los pocos que quedan en el mundo. Lamentablemente, Puntung tuvo que ser sacrificada en 2017 después de contraer un cáncer incurable y Tam murió justo ayer, a los 30 años de edad, acabando con la esperanza que sus cuidadores albergaban por conseguir obtener un hijo suyo y de Iman. Este triste fallecimiento supone un duro mazazo que podría terminar con la extinción definitiva de la especie si los responsables del centro no consiguen llegar a un acuerdo con otros santuarios en los que se encuentran los pocos machos que podría aportar el esperma para fecundar a la última rinoceronte de Sumatra que sigue con vida en Malasia.

Poca población y dificultad para reproducirse

Tam vivía en la reserva desde que fue capturado de su hábitat en 2008. Siete años después, el rinoceronte de Sumatra pasaba a estar oficialmente extinto en la naturaleza. Las causas eran varias, aunque predominaba la caza furtiva y la deforestación provocada por la puesta en marcha de plantaciones para la obtención de aceite de palma o pulpa de papel.

Desde entonces los esfuerzos por utilizar su semen para fecundar a Iman o Puntung se hicieron cada vez mayores, pero no lograron dar frutos. Los espermatozoides del macho resultaron ser de poca calidad, algo que se unía al hecho de que las hembras de esta especie que no se quedan embarazadas con frecuencias desarrollan quistes ováricos y otras anomalías que les impiden reproducirse con normalidad.

La pérdida de Puntung hizo aún más difícil llegar a conseguir resultados y ahora la de Tam ha sido el golpe definitivo. No se sabe la causa exacta de su muerte, aunque parece ser que pudo deberse a un fallo renal o hepático, posiblemente causado simplemente por su elevada edad. La esperanza de vida de estos animales ronda los 35 años y Tam ya tenía 30.

Iman está sola, pero a su especie le queda todavía un soplo de esperanza en la zona indonesa deBorneo y Sumatra, donde quedan algo menos de 80 ejemplares en libertad, siete de ellos en condiciones de semilibertad en el santuario de Sumatra. Todos están en poblaciones pequeñas y aisladas unas de otras. El rinoceronte de Sumatra es un animal solitario, por lo que es complicado que den por sí solos con una pareja viable.

Por todo esto, la directora ejecutiva de la International Rhino Foundation, Susie Ellis, ha lanzado un comunicado en el que reivindica la necesidad de intercambiar gametos (óvulos y espermatozoides) entre santuarios de Indonesia y Malasia, con la esperanza de obtener crías a través de ciclos de reproducción asistida.

Después del rinoceronte de Java, del que solo quedan 69 ejemplares en el mundo, el de Sumatra es la especie que más cerca está de llegar a su fin. La posibilidad de prologar su supervivencia pasa a estar en manos de las reservas y santuarios asiáticos. Un pequeño rayo de luz en la oscuridad de una historia cuyo final, como siempre, se acerca aceleradamente por culpa del ser humano.