Horas después de publicarse el primer tráiler de Doctor Sueño de Mike Flanagan —adaptación de la obra del mismo nombre, publicada en el 2013—, los fanáticos del escritor Stephen King alrededor del mundo se preguntan qué pueden esperar de una película que toca uno de los escenarios sagrados de la larga obra del autor. La familia Torrance regresa a la pantalla grande para demostrar que los terrores a los que se enfrentó hace más de treinta años no han acabado del todo. Danny, el único miembro sobreviviente —encarnado por el actor Ewan McGregor— mira de nuevo a la oscuridad y su rostro envejecido, refleja el paso del tiempo. En el avance de apenas un par de minutos, hay todo tipo de guiños de la portentosa obra de Stanley Kubrick estrenada en 1980, pero también, al libro de origen, en un juego de espejos que despierta suspicacia en los más quisquillosos. 

¿Hay secuelas literarias exitosas? La evidencia no es concluyente y desde luego, se trata de un riesgo considerable. Stephen King decidió correrlo al escribir la continuación directa de El Resplandor, uno de sus novelas más conocidas, gracias a la película de 1980 dirigida por Kubrick y convertida en un clásico de terror. El autor se enfrentó no sólo al reto de ampliar el universo de sus personajes sino de satisfacer a la legión de fanáticos, para quienes la obra —tanto la literaria como la cinematográfica— es un icono sobre el cómo contar historias terroríficas. 

La novela Doctor Sueño llegó a las estanterías entre expectativas y críticas: la historia de un Danny Torrence adulto no convenció a la mayoría, que seguían recordando el profundo discurso sobre la naturaleza del miedo y la violencia que convirtió a El Resplandor en un éxito inmediato. En contraste, su secuela parecía un juego de tímida nostalgia con algunos momentos muy logrados, que, a pesar de las buenas intenciones del autor, no llegó a cristalizar del todo como obra independiente. O esa fue la opinión mayoritaria de los que esperaban encontrar en Doctor Sueño un drama emocional con raíces en lo sobrenatural como lo fue su predecesora. 

Pero el éxito de la novela está justamente en lo que no es: se trata de una historia de terror tradicional que recorre las ideas que El Resplandor sobre el mal, pero sin caer en el juego de elucubrar sobre los peligros de la inocencia. El argumento de Doctor Sueño está más interesado en recorrer la brecha entre lo racional y lo que no lo es, que en un monólogo interior profundo.

El resultado es un escenario en el que el miedo se sustenta sobre una amenaza en apariencia inclasificable. Un viejo truco del autor ha repetido con más frecuencia de la debida durante los últimos veinte años, pero que en Doctor Sueño funciona lo suficientemente bien como para que sea un recorrido original en un escenario conocido. 

Para empezar, King conoce sus límites y Doctor Sueño rehúye la tentación de volver sobre el discurso intimista sobre la frustración y el dolor sobre el cual se ceba el mal sobrenatural. En lugar de eso, el escritor responde a la pregunta que muchos de sus lectores le formularon durante años y dedicó la primera parte de la novela a describir qué ha ocurrido con Danny Torrance, el niño que sobrevive junto a su madre al infierno desatado detrás de las paredes congeladas del Overlock.

King admite que lo que comenzó como una idea apenas esbozada, le obsesionó: ¿Qué podría estar haciendo el hoy adulto Danny? ¿Cómo sobrevivió a sus recuerdos de la terrible experiencia que padeció bajo el asedio del mal y el terror? 

Doctor Sueño responde a todas esas preguntas y lo hace, desde su cualidad como secuela: hay constantes referencias a la historia original, pero también, tiene un argumento que se aleja todo lo que puede del original. Danny ya no es el símbolo de la pureza en contraposición al mal tenebroso, sino una versión menos cínica y destructiva que su padre. Quizás se lamente un poco la pérdida de la profundidad argumental pero el escritor no pierde el norte: La narración se alimenta de pequeñas referencias al universo de El Resplandor, pero además, crea uno propio. El temor ya no forma parte de una idea misteriosa y que se crea a medida que los personajes se adentran en él. Lo maligno  —como figura y elemento narrativo— existe más allá de eso: el monstruo venido de la oscuridad para atemorizar.

En el tráiler, la percepción sobre Danny  —y el miedo que le rodea— es muy parecida a la atmósfera malsana del libro, o eso parece concluirse en medio del puñado de escenas en penumbras, que muestran cómo el niño que una vez se enfrentó a los espectros del Hotel Overlook, ahora debe hacerle frente a un nuevo tipo de terror. Ese quizás, es la mayor fortaleza, de una secuela que llega a la pantalla grande, con la misma humildad que su versión literaria a las librerías.

Doctor Sueño no intenta desmenuzar la historia original para dotar a la más reciente de elementos novedosos, King respeta la proporción colosal de una de sus mejores obras y pasa de puntillas a través de sus puntos centrales, para enfocar su notoria capacidad para narrar en los nuevos personajes. En especial, en ese sobreviviente accidental que es el hilo conductor entre un argumento más grande.

Para Danny Torrance la historia no ha terminado y el nuevo capítulo de su lucha contra lo sobrenatural, comienza justo donde terminó antes: en el hecho de aceptar que lo terrorífico es parte de su vida, su historia y quizás, su futuro. 

Quizás lo que mejor pueda describir a Doctor Sueño sea la última línea de su epílogo: King explica con su habitual buen humor, la experiencia de escribir sobre personajes tan significativos en su carrera como escritor y luego, deja bien claro que el miedo, puede reinventarse en infinitas maneras: “Siempre habrá oportunidad de preguntarse quién te mira desde la oscuridad” concluye. Y añade, casi en tono burlón: “O qué”. Algo que la secuela hace con una inusual elegancia que su versión cinematográfica sin duda intentará imitar.