En la actualidad se maneja mucho la creencia de que las personas más exitosas y conformes con su vida son aquellas que sienten pasión por su trabajo. Hacer lo que nos gusta y lo que sabemos que hacemos bien genera sentimientos positivos y puede influir en nuestra realización personal.

Sin embargo, no todo es color de rosa en este ámbito.

Un equipo de investigadores encontró que muchos de los trabajadores más apasionados también son objeto de la explotación laboral, e incluso se les han asignado actividades que nada tienen que ver con su perfil.

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El artículo aparece en la Revista de Personalidad y Psicología Social, y contó con la participación de investigadores Duke University, y aportes adicionales de la Universidad de Oregon y la Universidad del Estado de Oklahoma.

Uno de ellos, Aaron Kay, que trabaja como profesor de la Fuqua School of Business de Duke University, comentó que:

“Es fantástico amar tu trabajo pero puede haber costos cuando pensamos en el lugar de trabajo como un lugar donde los trabajadores pueden perseguir sus pasiones”.

Por lo que sentir y demostrar pasión por nuestras funciones dentro de una organización puede convertirse en un arma de doble filo si no sabemos aprovecharlo.

La legitimación de la explotación

Varios estudios corroboran que los jefes prefieren asignar más trabajo a aquellos empleados que se muestran más apasionados dentro de una organización.

Un equipo de investigadores consultó diferentes estudios sobre la pasión y la explotación laboral en los que participaron más de 2,400 participantes conformados por estudiantes, gerentes, personas al azar en línea, entre otros.

Todos los estudios eran diferentes, tanto en la cantidad y el tipo de participantes, como en los tipos de trabajo a los que estos se dedicaban.

En uno de los estudios citados, los participantes que leyeron que un artista sentía una gran pasión por su trabajo, dijeron que era más legítimo que el jefe explotara al artista que a aquellos que leían al artista que no era tan apasionado. En estos casos, el jefe llegó incluso a asignar trabajos que iban mucho más allá de las funciones de estos empleados apasionados, como ir un día al parque con la familia o limpiar el baño de la oficina.

Sumado a esto, en otro estudio los participantes consideraron más legítimo explotar a los trabajadores de áreas más asociadas a la pasión, como las artes o el trabajo social, que aquellos que trabajan en áreas menos relacionadas con la pasión, como un cobrador o alguien que trabaje en una tienda.

Los explotados son vistos como apasionados

La investigación llevó también a la concepción inversa de lo planteado anteriormente. Y es que las personas que son explotadas en su trabajo tienen más probabilidades de ser consideradas como apasionadas por este.

En otro estudio, los participantes leyeron sobre un Ph.D. de relaciones laborales el alumno con su asesor de postgrado. Cuando los encuestados leyeron que el estudiante debía hacer entregas en fechas límites no razonables, estaba siendo explotado y abusado verbalmente por su asesor, estos consideraron que el estudiante era más apasionados que otros estudiantes que no se encontraban en esa situación.

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Ante ello, Campbell TH, otro de los autores, destacó que la idea de que quien trabaja más es más apasionado sirve para justificar casos de maltrato laboral, aunque no siempre sea así:

“Da miedo pensar que cuando vemos a alguien en una mala situación laboral, nuestra mente puede llegar a la conclusión de que debe sentirse apasionada por su trabajo. Si bien no siempre es objetivamente incorrecta, esto puede servir para legitimar los casos de maltrato”.

¿Por qué justificamos la explotación con la pasión?

Partiendo del hecho de que para muchas personas que sienten pasión por su oficio ya el hecho de hacerlo es una recompensa, muchos jefes suelen aprovecharse para asignar tareas extras incluso no remuneradas. Estos hacen ver a sus empleados que son buenos trabajadores por ofrecerse o acceder.

Esta tendencia a explotar la pasión puede tener su origen en dos premisas: que el trabajo por sí mismo es la recompensa, y que el empleado se ofrece como voluntario aún si no es por pasión. Kay se refiere a ambas como justificaciones compensatorias:

“Queremos ver el mundo como justo y equitativo. Cuando nos enfrentamos a la injusticia, en lugar de arreglarla, a veces nuestras mentes tienden a compensar. Racionalizamos la situación de una manera que parece justa, y asumimos que las víctimas de la injusticia deben beneficiarse de alguna otra manera”.

Kay comenta que en un trabajo anterior que realizó con John Jost de la Universidad de Nueva York, descubrió que cuando se enfrentaban disparidades masivas entre ricos y pobres, “las personas pueden minimizar la injusticia al decirse que la riqueza trae consigo su propio conjunto de problemas, o que tener menos el dinero hace que sea más fácil ser feliz manteniendo la vida simple“. Continuó:

“En el caso de los empleados que trabajan más difícilmente sin pago extra, o pidiéndoles que hagan un trabajo degradante o fuera de la descripción de su trabajo, creen que esto es justo porque estos trabajadores están perdiendo sus pasiones y pueden ser un medio de justificación similar”.

Saber jugar con la pasión

Mantener límites equilibrados entre nuestras funciones formales y las extras es necesario para no caer en explotación laboral.

Kim JY asegura que este trabajo no es “anti-pasión”, puesto que hay pruebas muy obvias de que los trabajadores apasionados obtienen beneficios:

“Hay evidencia excelente de que los trabajadores apasionados se benefician de muchas maneras. Es simplemente una advertencia de que no debemos permitir que el énfasis cultural actual en encontrar pasión en nuestro trabajo sea cooptado por la tendencia humana a legitimar o ignorar la explotación”.

Ahora bien, ante esta arma de doble filo, debemos mantenernos alerta. Shepherd, otro de los autores del estudio, es consciente de que podemos hacer más para estar atentos e impedir “caer en explotar la pasión en nuestros empleados, nuestros amigos e incluso en nosotros mismos”.

Más allá de este estudio, los trabajadores deben ser conscientes de sus funciones dentro de una organización y establecer límites prudentes y equilibrados ante asignaciones extras de sus superiores.

Este artículo fue publicado originalmente en Tekcrispy