mujer mayor
– May 23, 2019, 18:10 (CET)

No es el paso del tiempo ni las canas, son tus células las que te hacen envejecer

Hacerse mayor es un mecanismo celular, pero ¿qué pasa exactamente cuando envejecemos?

Envejecer da miedo: te quitan el abono joven, de pronto estás pensando en facturas que pagar y en cómo hacer malabarismos para llegar a final de mes; te descubres la primera cana y te recomiendan tu primera crema antiage... Trabajas mucho, pero disfrutas lo que puedes del tiempo libre, la familia, viajar... Cada año pasa más deprisa que el anterior y, de pronto, te plantas en el día de tu jubilación, ¿cómo has llegado hasta este punto? Según la sociedad has llegado al final de tu vida útil, pero la realidad es que tienes ganas de hacer muchas cosas. Entonces, realmente, ¿qué es envejecer más allá de todo esto?

Tus células tienen la culpa de que con el cumplir de los años te mires al espejo y te veas más mayor. Por mucho que tratemos de luchar contra el envejecimiento mediante operaciones estéticas u otro tipo de tratamientos (a veces de dudosa veracidad científica), la realidad es que hacerse mayores es un proceso que se lleva a cabo a nivel celular y, por ahora, poco podemos hacer. Aunque se está trabajando en el tema, de eso hablaremos un poco más tarde.

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¿Cómo envejecemos?

En nuestro cuerpo tenemos dos tipos de células, las germinales (precursora de los gametos -óvulos y espermatozoides-) y las somáticas (el resto). Estas segundas son las que se encargan de que vayamos envejeciendo, pero ¿cómo lo hacen? La respuesta se encuentra en la forma que tienen de dividirse, ya que es diferente entre las primeras y las segundas. Las células somáticas se replican mediante la mitosis, momento en el que, al copiarse el ADN, puede dañarse.

"El proceso del envejecimiento es la acumulación de daños genéticos", explicó Tom Kirkwood, profesor emérito de la Universidad de Newcastle y miembro de la Academia de Ciencias Médicas del Reino Unido, que participó este miércoles en la jornada The future of ageing celebrada en Madrid. "Hay muchos tipos de daños diferentes: mutaciones del ADN, daño oxidativo, el modo en el que se desarrollan las proteínas, componentes de la inflamación...", añadió. Aunque tal y como afirma Kirkwood: "Estamos preparados para responder a estos daños". Sin embargo, "a la vez, la vejez nos hace deteriorarnos".

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Entre los posibles daños genéticos que se dan al replicarse el ADN está el acortamiento de los telómeros. Los telómeros son los extremos finales de los cromosomas y ahí es donde nuestro ADN guarda la información menos importante porque será la primera parte en desaparecer, aunque tardará un tiempo, por lo que también su acortamiento va marcando nuestro nivel de envejecimiento. No obstante, también hay enfermedades que afectan a esta longitud, como es la fibrosis pulmonar idiopática, tal y como explicó este miércoles María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) durante la jornada The future of ageing.

Aunque Blasco trabaja justamente en el alargamiento de los telómeros a través de una enzima, la telomerasa, la realidad es que con ello no busca que vivamos más tiempo, es decir, no quiere que seamos más longevos sino ayudar a las personas que tienen enfermedades como la fibrosis pulmonar idiopática, por lo que está realizando varios estudios al respecto con ratones.

¿Un estado de ánimo?

El envejecimiento es un hecho. Por más que queramos oponernos al paso del tiempo, realmente no podemos luchar contra él. La sociedad cataloga a las personas mayores como viejos de forma peyorativa cuando estos dejan atrás su vida útil, es decir, les llega la hora de la jubilación. Sin embargo, estas personas puede encontrarse de pronto con que no se sienten tan inútiles como la sociedad les había hecho creer que serían ya que todavía tienen ganas y fuerzas para hacer muchas cosas. Entonces, ¿puede ser que sentirse viejo sea también un estado de ánimo?

"Hay un convenio social que marca la vejez en el momento en el que uno se jubila", explicó Diego Gracia, médico especialista en Psicología y Psiquiatría, que ha trabajado como investigador para el CSIC. Sin embargo, "desde el punto de vista médico, los pacientes solo piensan en la vejez cuando tienen una enfermedad grave o terminal", es decir, que ellos no empiezan a sentirse viejos (o menos útiles) hasta ese momento, indicó durante la jornada The future of ageing.

El concepto de viejo que marca la sociedad es el de una persona que no puede valerse por sí misma, que necesita ayuda y, sobre todo, tiene una connotación muy negativa. Sin embargo, la realidad es que las personas mayores, en general, tardan en llegar a esa etapa en la que necesitan ayuda para seguir con su día a día. Y cada vez se tarda más en llegar hasta esa fase ya que la esperanza de vida está aumentando.

Por esto mismo, Nadia Magnenat Thalmann, profesora que investiga los robots sociales, las realidades mixtas y la simulación médica, cree que sentirse viejo es, también, un estado de ánimo. Si uno tiene "calidad de vida", si puede "disfrutar, hacer cosas y estar bien" no se sentirá como tal. Por eso afirma que "es un estado de ánimo". De hecho, se habla del envejecimiento activo, es decir, que las personas mayores continúen teniendo actividad, tanto física, mental como social, desde el momento de la jubilación. De esta forma, se sentirán mejor y eso contribuirá a su estado de ánimo y repercutirá en su salud.