Todo comenzaba en la universidad y en una de las fiestas más populares de Cataluña: el día de San Jordi. Tres estudiantes se propusieron vender flores en el día de más ventas del año. Con esto aprendieron a cómo importar las flores de Latinoamérica, a venderlas a bajo precio -después de todo, sus clientes eran estudiantes con poco poder adquisitivo- y a entrar en un negocio altamente tradicional en el que los intermediarios son los ganadores de la partida.

Los años pasaron y los protagonistas de esta historia eligieron caminos muy diferentes; mientras, su pequeño negocio de flores para estudiantes se traspasó a otra personas. Marc Olmedillo optó por el mundo de las farmaceúticas. Sergi Bastardas se marchó a un Amazon que aún no había conquistado España y Andrés Cester a la banca de inversión. Hace casi tres años, los tres emprendedores dejaron sus puestos para retomar el proyecto de la universidad. Nacía de esta manera Colvin.

En estos tres años, entre otras muchas cuestiones, han conseguido conquistar a los inversores. Con unos inicios muy modestos, ahora Colvin cuenta con 11 millones de euros de un gran grupo de inversores. Unos primeros junto al fundador de Meridia, Javier Faus, el creador de Tuenti Hugo Arévalo y José del Barrio, de Samaipata Ventures. Después llegaron 6 millones, en octubre de 2018, de los italianos P101. En octubre de 2018 llegó la última ronda, de dos millones, con Mediaset Italia Y Milano Investment Parteners. De esta manera, y tras tres años, uno de los objetivos de la compañía de venta de flores se había cumplido: la internacionalización.

De momento, explica Andrés a Hipertextual, "no hay previsión de nuevas rondas ya que el foco está en el propio negocio", tampoco dan cifras de neogocio, solo que su intención es triplicar sus cuentas de aquí al cierre del año. Además, han llegado a Holanda, el mercado por excelencia de las flores y donde más se invierte por habitante en este producto y donde se posicionan en la oferta y la demanda; junto a Portugal, Italia y Alemania, su expansión por Europa de momento se ha fijado en esos objetivos.

Sin intermediarios, una estructura que se replicará en todos los sectores

Flores más baratas y que duren más tiempo, esa es la promesa de Colvin. ¿Cómo hacerlo? El truco, como en cualquier otro sector en el que los intermediarios tengan el poder es, precisamente, deshacerse de ellos. "Al igual que ocurre con la agricultura, el sector de las flores tiene muchos cambios que hacer. Son industrias con muchos intermediarios, donde con tecnología se puede quitar a mucha gente del medio y dar mejor producto con un precio más asequible", explica Andrés. Había, por tanto, que conectar con los productores de flores.

"Hemos tenido mucho trabajo de abrir campo para convencer a los productores. Tardaríamos un tiempo, pero creíamos que era lo mejor que podíamos hacer. Tres años más tarde aún queda mucho camino por hacer, porque la industria va a cambiar de aquí a los próximos 5 años y la digitalización de la industria se va a potenciar".

Y, precisamente en esa digitalización es donde está la clave. Ahora mismo solo representa el 5% de los ingresos del sector, pero irá creciendo de forma paulatina.

Con una reducción de la cadena de suministros, la realidad es que los que no entren de lleno en el mundo on line tendrán una complicada supervivencia. Y en verdad, esto no quiere decir que el mundo físico pierda negocio. Es, de hecho, donde sigue estado la mayor demanda y "donde se puede entrar en contacto con el cliente".

Siguiendo la estela de Hawkers o Singularu, con orígenes en el mundo digital, para luego abrir una tienda física, Colvin ha optado por la misma estrategia. El pasado mes, la enseña catalana estrenaba su tienda en Barcelona:

"Una de las cosas que tenemos es que a los clientes les gusta mucho ver como se hacen los ramos, conocer el origen a lo que está detrás de las tiendas. Es una industria muy opaca y a la gente le interesa mucho meterse a ver qué está pasando".

Sin previsión de abrir nuevas tiendas en los próximos meses, el objetivo es hacer entender que el mundo de las flores está abierto a todos y cambiar los patrones de consumo.