El cambio climático afecta al ser humano de muchas formas diferentes. La disponibilidad de muchos alimentos se verá mermada por los cambios en las temperaturas y la tasa de precipitaciones, el número de casos de enfermedades trasmitidas por mosquitos irá aumentando poco a poco, e incluso algunas zonas que ahora son habitables podrían terminar debajo del mar dentro de unos años. Todo esto afectará a la calidad de vida de las generaciones que están por venir, pero eso no es todo, ya que un gran número de estudios analiza también cómo puede influir todo esto en la reproducción humana.

En animales, como los insectos, ya se ha descubierto que los cambios en el clima podrían afectar a la calidad de su semen y con ello a su capacidad reproductiva. ¿Pero qué hay de los humanos? Sí que es cierto que se ha comprobado que las altas temperaturas pueden afectar en cierto modo al esperma humano, de ahí que se recomiende a los hombres no abusar de saunas, spas o cualquier tipo de baño caliente. Esto lleva a pensar que el calor resultante del cambio climático pueda también afectarles. Sin embargo, otros estudios van más allá y se centran en las implicaciones que este calentamiento global puede tener en la reproducción humana por causas ajenas a la biología. Este es el caso del trabajo publicado recientemente en Environmental Research Letters de la mano de un equipo de investigadores del Williams College, de Massachusetts, y la Universidad Bocconi, de Milán. En él, se analiza cómo los cambios socioeconómicos derivados de las alteraciones del clima pueden influir sobre la decisión de las familias de tener hijos o qué recursos dedicarles. Y sí, como cabía esperar, las conclusiones son muy claras: el cambio climático también afectará a la reproducción humana y lo hace de un modo diferente, según si el país es más o menos pobre.

Una decisión complicada

Este estudio partía de la premisa de que, ante una disminución de recursos económicos, una familia debe decidir en qué invertir los que le quedan, por lo que el hecho de traer hijos al mundo podría verse desplazado por otro tipo de necesidades más prioritarias.

Para comprobar si es así, utilizaron un modelo cuantitativo que combinaba la teoría económico-demográfica estándar con la estimación existente de las consecuencias económicas del cambio climático. Aunque podría haberse hecho en cualquier zona del planeta, se analizaron como ejemplo dos economías muy diferentes, la de Colombia y la de Suiza.

En ambos, el modelo rige que los padres deben decidir cómo dividir los recursos limitados entre apoyar el consumo familiar actual, tener hijos y pagar la educación de cada niño. Además, los ingresos futuros de los hijos dependen de las decisiones que previamente hayan tomado los padres. ¿Pero dónde entra aquí el cambio climático?

Lo hace, según ha explicado en un comunicado de prensa el autor principal del estudio, el doctor Gregory Casey, de un modo diferente, según la región del planeta que se esté analizando. Por ejemplo, en las zonas cercanas al ecuador, donde se ubican muchos de los países más pobres de la Tierra, los cambios climáticos tienen un efecto más radical y negativo sobre la agricultura. Se reducen los recursos obtenidos en este sector, lo cual lleva al encarecimiento de los precios y la reasignación de la mano de obra. Como resultado, las familias disponen de menos recursos para traer hijos al mundo, pero también para intervenir sobre la concepción. Por otro lado, en estos países las zonas agrícolas no requieren de mucha mano de obra cualificada, por lo que los padres, que ven cómo se reducen sus ahorros, invierten menos en la educación de sus hijos. El resultado final es que tienen más hijos, pero invierten menos en sus estudios.

Sin embargo, estos patrones están invertidos en latitudes más altas: se tienen menos hijos, pero se dedican más recursos económicos a su educación.

En definitiva, lo que haría el cambio climático sería agudizar aún más las desigualdades económicas que ya existen en las diferentes zonas del planeta. Y es que no todo consta de cambios en las precipitaciones y aparición de más olas de frío y calor. Lo peor del cambio climático no ha hecho más que empezar, y apenas somos conscientes de lo que supone. Por eso tenemos que comenzar a frenarlo antes de que haya hecho tal acto de presencia que ya sea demasiado tarde para evitarlo.