Corría el año 1796 cuando un médico alemán, llamado Samuel Hahnemann, descubrió que al tomar una pequeña dosis de una sustancia utilizada para combatir la malaria se generaban en él síntomas muy similares a los de esta enfermedad. Esto le llevó a plantear la teoría de que “lo semejante cura lo semejante”, a pesar de que la razón era simplemente que sufría alergia a este compuesto. Esta es una de las historias que giran en torno al nacimiento de la homeopatía, una medicina alternativa propuesta por el galeno tras su desencanto con las prácticas sanitarias de la época, que no habían logrado salvar la vida de dos de sus hijos.

En general, el principio de la homeopatía era tomar una pequeña cantidad del agente causante de la patología o condición a tratar y diluirla muchísimas veces, hasta que solo quede agua, pero con “memoria” de lo que hubo en ella. Todo tipo de sustancias se han utilizado para fabricar este tipo de fármacos, desde saliva de perros con rabia hasta opio. Pero si hay uno especialmente llamativo es el “fármaco” elaborado a base de Muro de Berlín. Sí, has leído bien. Muro de Berlín.

Homeopatía contra la opresión

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad de Berlín quedó separada en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés. Las malas relaciones entre el primero y los tres últimos dieron lugar a la aparición de dos Alemanias, con diferentes ideales políticos, moneda y costumbres. La primera, ocupada por los soviéticos, pasó a llamarse República Democrática Alemana (oriental) y la segunda, en la que se encontraban los tres países aliados, República Federal Alemana (occidental).

Estas diferencias llevaron también a un destino muy diferente, marcado por la crisis económica de la zona este y el auge del oeste, por lo que poco a poco comenzó a producirse una emigración masiva de la zona más desfavorecida a la floreciente República Federal Alemana. Este declive poblacional podría acabar con la Alemania soviética, por lo que finalmente en 1961 miembros de esta parte tomaron la determinación de erigir un muro que separara las dos partes, dificultado el paso de una zona a otra. Durante los 28 años que estuvo en pie miles de personas fueron detenidas por intentar cruzarlo y algunas incluso murieron en el intento. Por este motivo, se le considera un claro signo de opresión social y política.

¿Pero qué tiene todo esto que ver con la homeopatía? Pues, curiosamente, mucho. Y es que aquello de que “lo semejante cura lo semejante” llega tan lejos como para diluir trocitos del famoso muro alemán con el fin de curar todas esas patologías que cuentan con la opresión del pecho entre sus síntomas.

Entre estos síntomas, como explica en su blog el médico experto en terapias alternativas Edzard Ernst, se encuentran el asma, el insomnio, la narcolepsia, la depresión, el pánico, el sentimiento de abandono y condiciones tan perturbadoras como sentir que le lavan a uno el cerebro.

Algunos homeópatas, conscientes de la inverosimilitud de este producto-que no deja de ser la misma que la del resto de homeopatía-, comienzan a rechazarlo. Sin embargo, otros siguen defendiéndolo hasta el punto de publicar los resultados de casos en los que el fármaco supuestamente funcionó. Cabe destacar que la mayoría de patologías “tratadas” por el Muro de Berlín son de origen psicológico, por lo que el efecto placebo puede tener una gran relevancia en la razón de que algunos de estos síntomas parezcan desaparecer. A pesar de ello, para combatir una depresión de forma exitosa y definitiva la única opción aceptable sigue siendo acudir a un psicólogo o, en su caso, un psiquiatra.

Visto todo esto, solo queda una pregunta que resolver. ¿Queda suficiente Muro de Berlín para abastecer a todas las personas que requieren este “tratamiento”? Por supuesto que sí. No debemos olvidar que la homeopatía se basa en que, cuanto más diluido está el principio activo, mayor es su eficacia.Es frecuente utilizar diluciones de 6CH, 15 CH o 30 CH. Ese CH significa que se hace una dilución 1:100 y el número de la izquierda la cantidad de veces que se hace. Para obtener el 1:100 se toma un mililitro del principio activo y se mezcla con 99 de agua. Ya la habríamos hecho una vez. Para la siguiente tomaremos 1 mililitro de esa disolución en la que por cada 100 ml solo uno es de principio activo y la mezclaremos con otros 99 de agua. Ahora tendremos uno por cada 10.000. Y así sucesivamente. Al final, sería necesario tomar miles de litros para dar con una mínima cantidad de “sustancia curativa”. En definitiva, un gramo de muro de Berlín puede dar para preparar suficiente producto para tratar la opresión de pecho de todos los pacientes de homeopatía que lo requieran, durante años. Hay que reconocer que barato sale un rato. Al fabricante. Lo del comprador ya es otro cantar.