La carrera hacia la obtención de cohetes espaciales reutilizables dio un nuevo paso de gigante el pasado 12 de abril, después de que Space X lograra recuperar los tres propulsores del Falcon Heavy Rocket, que había sido lanzado para poner un satélite de telecomunicaciones en órbita.

Sin embargo, el éxito de la semana pasada se ve ahora enturbiado por la noticia de la pérdida del núcleo central del cohete, que ha caído al mar al ser engullido por las olas en la embarcación que los transportaba de vuelta a Florida. Afortunadamente, la compañía de Elon Musk cuenta con otra pieza exactamente igual, por lo que lo sucedido no impedirá el buen desarrollo de su próxima misión.

Cuando el mar enfurecido llega más lejos que el espacio

Poner un satélite en órbita es una tarea complicada y cara, por toda la logística que supone, pero también por el derroche económico que conlleva perder el cohete empleado después de cada lanzamiento. Por eso, el uso de cohetes reutilizables, como el Falcon Heavy, representa un inmenso avance en la era espacial, al que la compañía estadounidense SpaceX está dando forma poco a poco.

Su principal herramienta para este fin es el cohete Falcon Heavy, cuya primera misión tuvo lugar en febrero de 2018. En aquel momento se logró lanzar con éxito el vehículo, en el que viajaba un Tesla Roadster rojo, pero en el momento de la recuperación solo dos de sus tres propulsores lograron posarse con éxito de nuevo en las plataformas ubicadas para su recuperación. El tercero, sin embargo, sufrió un problema en su motor que lo llevó caer directamente al océano, impidiendo su reutilización.

Ahora, la empresa del multimillonario americano celebraba su gran éxito, al conseguir por fin que los tres propulsores aterrizaran en su lugar. Pero el peligro no había terminado, como ha podido comprobarse en su viaje de vuelta, en el que olas de hasta tres metros de altura atacaron al barco-dron que los llevaba “de vuelta a casa”, arrastrando hasta el fondo del océano al núcleo central del cohete.

Lo sucedido no deja de ser un pequeño traspiés en una misión que había conseguido llegar más lejos que nunca. Estaba literalmente a un paso de acabar con un final feliz, por lo que los responsables del proyecto esperan que el próximo intento sea el definitivo. Si todo va bien, estos cohetes reutilizables podrían utilizarse habitualmente para tareas como poner satélites en órbita o enviar suministros a la Estación Espacial Internacional.

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