Un bebé con tras padres acaba de nacer en Grecia. El pequeño ha pesado 2’9 kilos y tanto él como su madre, una mujer de 32 años, están perfectamente sanos. Casi todo esto suena normal, ¿pero qué quiere decir eso de que el bebé tiene tres padres?

En realidad no es un fenómeno natural, sino el resultado de una técnica de reproducción asistida, que se utiliza en caso de que la madre tenga una enfermedad mitocondrial que pueda ser transmitida a su hijo. Aunque el procedimiento se ha llevado a cabo en una clínica griega, también ha intervenido en él el embriólogo español Nuno Costa-Borges.

Poquito ADN donado

Se suele decir que el ADN se ubica en el núcleo de las células. Y así es, en un su inmensa mayoría, pero un 0’2% no se encuentra ahí, sino en el citoplasma (el medio que rodea al núcleo), en el interior de unos orgánulos implicados en la obtención de energía para la célula: las mitocondrias.

Ciertas mutaciones en este ADN pueden dar lugar a trastornos de distinta gravedad, conocidos como enfermedades mitocondriales. Y es precisamente para evitar que estas se den para lo que se diseñó este polémico procedimiento, consistente en la obtención de embriones a partir de un espermatozoide y dos óvulos.

En estos casos el padre del niño dona semen, del que se seleccionan algunos de los espermatozoides con mejor movilidad. Por otro lado, se utiliza un óvulo de la madre y otro de una donante sana, sin enfermedades mitocondriales. A continuación se lleva a cabo una variante la fecundación in vitro en la que no se usa el óvulo de la madre, sino el de la donante, al que previamente se le ha retirado el núcleo, para sustituirlo por el de la mujer que se quiere quedar embarazada. De este modo se consigue un ovocito en el que las mitocondrias proceden de la donante, pero el 99’8% del material genético es de la madre, ya que es el que se encontraba en el núcleo.

¿Por qué tanta polémica?

Esta técnica fue llevada a cabo por primera vez en humanos en 2016. Aunque fueron médicos estadounidenses los que lo hicieron, viajaron para ello hasta México, un país conocido por ser legalmente flexible en ciertos puntos relacionados con la reproducción asistida.

Sin embargo, en otros países no es tan sencillo llevar a cabo estos procedimientos. En Reino Unido, el parlamento aprobó en 2015 que pueda solicitarse la licencia para llevarlo a cabo, aunque no fue hasta finales de 2016 que la Autoridad de Embriología y Fertilización Humana (HFEA) dio finalmente el permiso definitivo. Sin embargo, este país sigue albergando un gran número de detractores hacia la técnica, pues consideran que es éticamente incorrecta y que abre la puerta para los temidos y criticados “bebés de diseño”.

En el caso de España, no está permitido por ley que se aplique sin permiso previo, aunque existe la posibilidad de que lo autorice la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida, algo que de momento no ha ocurrido.
Poco a poco muchos países van abriendo la mano en lo referente a la aplicación de dicho procedimiento en caso de que la madre padezca una enfermedad mitocondrial grave, que pueda poner en peligro la vida del bebé. Sin embargo, si bien también se proponer su aplicación para mujeres jóvenes infértiles o con abortos espontáneos recurrentes, esta es una razón menos aceptada, puesto que las autoridades competentes de los diferentes países consideran que existen otras opciones menos experimentales y, por lo tanto, más consolidadas y seguras. Es precisamente por eso por lo que el nacimiento del bebé griego, en el que han colaborado médicos de la clínica barcelonesa Embryotools, ha sido muy criticado en otros países, ya que la madre no tenía ninguna patología mitocondrial. En realidad, en este caso el problema era la baja respuesta ovárica de la mujer, que había pasado por varias operaciones de endometriosis, según contaba recientemente El País.

Finalmente lo ha conseguido, gracias a una técnica que está dando mucho que hablar y a la que, a buen seguro, aún le quedan muchos titulares que protagonizar.