– Mar 9, 2019, 10:21 (CET)

¿Por qué ahora los teléfonos plegables? Breve historia de las pantallas flexibles

La tecnología que permite las pantallas plegables lleva más de una década desarrollándose, dejando por el camino varios prototipos ilustres. ¿Ha llegado de verdad su momento?

Como se preveía, el comienzo de 2019 nos ha traído los primeros teléfonos plegables que llegarán con potencia al mercado. El nuevo Samsung Galaxy Fold y el Huawei Mate X parecen abrir el horizonte de un futuro de pantallas flexibles para el que muchos otros fabricantes se están preparando. ¿Pero será de verdad el futuro plegable?

Las dudas sobre estos dispositivos siguen basculando sobre si lo que de verdad estamos viendo es una idea de futuro, propuestas con espacio en el mercado actual, o ninguna de las dos cosas. El MWC de Barcelona celebrado hace unos días destacó porque los novedosos dispositivos de Samsung y Huawei estaban expuestos en una vitrina sin posibilidad de que los periodistas y analistas los tocaran, algo que hace verlos como una especie de jarrones chinos. Quizá no lo fueran, pero daban la impresión de ser prototipos frágiles y con problemas que solventar aún.

El precio, por encima de los 2.000 dólares siendo ambos los nuevos smartphones más caros de la historia, y la acogida que pueda tener el público de unos dispositivos muy distintos a los visto hasta ahora, ponen la incertidumbre encima de la mesa. La expectación, el cambio de paradigma, y solucionar una realidad como el consumo de contenidos audiovisuales masivo que necesita de pantallas cada vez más grandes, pero a la vez más manejables, se sitúan del otro lado, el que nos hace pensar que podrían funcionar. Se trata en cierto modo de una solución que busca unificar el terminal que más ligamos a la productividad -el smartphone- con otro que ligamos más al consumo -la tablet-. Y qué duda cabe, posicionar a los fabricantes que apuesten por ellos como pioneros frente a la competencia. Cabe recordar, que si bien Apple tiene una patente de soluciones plegables, no parece que tengan planes inmediatos para llevarlas a cabo.

Sin embargo, ¿por qué nos han llegado ahora las pantallas plegables? Fabricantes como el propio Samsung jugaban con la idea desde hace más de un lustro, y la tecnología flexible lleva varios años disponible. Para intentar comprenderlo es importante pensar cómo hemos llegado hasta aquí y los prototipos fallidos que se han quedado por el camino.

Pantallas y prototipos flexibles: una historia de más de 40 años

Aunque parezca improbable, los primeros intentos para conseguir pantallas electrónicas flexibles se remontan a 1974. Xerox Park, uno de los grupos que más ha contribuido a la explosión tecnológica, aunque a veces no se le nombre tanto, desarrolló en ese año un sistema llamado Gyricon de tinta electrónica que podía enrollarse. No era un antepasado directo de los smartphone plegables, pero ya marcaba la búsqueda de lo flexible. Su objetivo primigenio era avanzar hacia una oficina sin papeles.

Aunque este germen cuenta con más de 40 años de historia, su desarrollo ha ido muy poco a poco. Pero el paradigma de lo plegable como tal -que no pantalla flexible- ya se podía ver en agunos conceptos. Apple, en la época en la que estuvo liderada por John Sculley, presentó un par de vídeos de una especie de proto-tablet. Su nombre era Apple Knowledge Navigator.

Como decimos, no pasó del concepto. Los desarrollos de dispositivos plegables y flexibles se desarrollaron durante una gran época en la Universidad. Ahí el grupo de investigación Human Media Lab, de Ontario, Canadá, fue el primero en desarrollar lo que podríamos considerar el primer teléfono 'fold' en 2010. Su nombre fue Paper Phone, y era otro dispositivo basado en tinta electrónica que podía doblarse casi como las páginas de un libro mientras interactuábamos con él.

En esa misma época, Nokia (la antigua Nokia que estaba a la cabeza de la innovación) lanzó otro concepto llamado Nokia Morph, una idea muy peregrina que no llegó ni al prototipo, pero que nos proponía un móvil con teclado que podía enrollarse en nuestra muñeca. La idea cayó en saco roto, no había tecnología en ese momento, pero Nokia trataba de anteponerse y percibir cómo el público reaccionaba a ideas como estas.

Samsung y LG, pioneros en la búsqueda de lo flexible

Sin embargo hasta ahora todo eran prototipos e ideas que bebían más del papel electrónico que de una pantalla propiamente dicha. La llegada de lo flexible, o mejor dicho lo curvo todavía, se comenzó a atisbar con paneles OLED de la mano de LG y Samsung.

CES 2015
LG Flex

Hay tres hitos, de mayor y menor importancia, en esta apuesta de las compañías surcoreanas. LG presentó en 2013 el LG Flex, un teléfono con pantalla curva hacia dentro que admitía cierta flexibilidad. ¿De qué servía esta curvatura? Supuestamente, en el tiempo en el que a los móviles grandes los llamábamos phablets, la curvatura permitía una mayor inmersión en la imagen, al modo que lo hacen las pantallas IMAX Dome en el cine, esas salas donde la imagen se proyecta sobre una superficie casi semi-esférica.

El dispositivo de LG salió al mercado con un precio que rondaba los 800 euros, lo que nos demuestra, como ahora, que la innovación guste o no es cara y se repercute al consumidor. Tras él, Samsung lanzó el Galaxy Round (2013), un móvil que también presentaba curvatura, pero esta vez sobre su eje vertical. Su OLED también admitía cierta flexibilidad. Aunque el teléfono no fue un superventas, seguramente la tecnológica estaba probando sus avances. El principal beneficio de una curva así es que al caerse era muy improbable que el primer impacto fuera directamente contra la pantalla. Para quien se haya gastado un buen dinero en reparaciones, no le parecerá una idea menor.

El último de esta triada que ya tocó el mercado es el más conocido Galaxy Note Edge (2014) con su curvatura a la derecha de la pantalla que permitía tener un área propia de notificaciones y accesos directos. Ni se doblaba ni era flexible, pero esa pequeña curva indicaba cierto camino que se estaba explorando. De hecho, Samsung nunca escondió su idea de avanzar hacia los dispositivos plegables. En un evento para desarrolladores en 2013 ya lanzó un pequeño spot en el que dejaba ver un concepto muy similar a lo que parece que ha acabado siendo el Fold, aunque en ese momento, llamaba a estas pantallas AMOLED YOUM.

En este muestrario de proto-folds, sería injusto no nombrar una de las rarezas más impactantes vistas en los último años: el Lenovo Cplus, un prototipo visto en 2016 que se enrollaba en nuestra muñeca como si fuera un smartwatch y del que no hemos sabido de nuevos planes para lanzarlo en el mercado.

CPlus de Lenovo

Los materiales de los móviles flexibles, el gran punto de inflexión

Como vemos, el camino hasta los móviles plegables ha sido más que largo, y en él se han probado distintas soluciones. Sobre los dispositivos que llegan este 2019, las dudas, más allá de la aceptación del público y su precio, están en cómo actuarán con un largo uso. Si los desarrolladores van a adaptar la oferta de apps a esta doble pantalla y, sobre todo, cómo puede afectar el estrés mecánico de doblar y plegar constantemente algo así.

Sobre este tema, varios expertos exploraron en un artículo de Wired publicado hace unos días cuáles son los grandes dilemas. El primero es que las pantallas OLED son de por sí flexibles, pero no así todas la capas que prestan soporte a la pantalla, por ejemplo para transmitir electricidad y que se iluminen los píxeles. Samsung de momento no ha desvelado cómo ha solucionado este problema ni con qué material. Tampoco cómo van a responder las baterías que, aunque cada vez más potentes, deberán atender a dos pantallas a la vez. Y, por último, está el problema de cómo han adaptado o sustituido el Gorilla Glass, el material sintético que cubre las pantallas de los smartphone para protegerlas y que domina el mercado, y que no es de momento para nada flexible.