Tras la decisión del jurado en la fase 1 del juicio celebrado en California de Hardeman contra Monsanto, Bayer ha emitido una declaración en la que pone de manifiesto cuál es su posición al respecto.

Muestran de nuevo su decepción tras la resolución del jurado e inciden en su confianza hacia las conclusiones que la ciencia ha llevado a cabo al respecto en repetidas ocasiones. Además, deja claro que el grupo alemán respalda los productos a base de glifosato y “los defenderá vigorosamente”.

Una postura firme

“Tenemos una gran consideración por el Sr. Hardeman y su familia, pero un amplio corpus científico apoya la conclusión de que Roundup no fue la causa de su cáncer”. Bayer se mantiene firme al asegurar que el glifosato no puede estar detrás de la enfermedad por la que Edwin Hardeman ha denunciado a Monsanto, ya que “las autoridades reguladoras de todo el mundo consideran que los herbicidas a base de glifosato son seguros cuando se usan según las indicaciones”.

Efectivamente, numerosas instituciones, como la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) y la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA), llevan a cabo regularmente revisiones sobre la posible toxicidad de este tipo de productos, con las conclusiones aseguradas por Bayer. También es el centro de numerosos estudios científicos, como apunta repetidamente la multinacional alemana: “Existe una gran cantidad de investigaciones sobre el uso de glifosato y herbicidas a base de glifosato, que incluyen más de 800 estudios rigurosos presentados a la EPA, a los reguladores europeos y otros reguladores en relación con el proceso de registro, que confirman que estos productos son seguros cuando se usan según las indicaciones”.

A pesar de todos los trabajos que apuntan a la seguridad del glifosato, en las últimas semanas ha estado haciendo “más ruido” una revisión en la que un equipo de científicos de Estados Unidos analiza un total de seis estudios en los que se relaciona la exposición a dicho compuesto en humanos con un riesgo incrementado de padecer linfoma no Hodgkin (LNH), el cáncer desarrollado por Hardeman y otros denunciantes anteriores. De todos ellos, como apunta Esther Samper en un artículo publicado en eldiario.es, cinco eran estudios observacionales en los que se analizan grupos de personas sanas y pacientes con este tipo de cáncer y se comprueba si han estado previamente expuestos en mayor o menor medida al glifosato.

En el último estudio, más completo y reciente, se sigue durante varias décadas a un grupo de trabajadores con licencia para utilizar herbicidas y se comprueba en qué proporción experimentan el linfoma.

En definitiva, esta comentada publicación científica concluye que existe un incremento del 41% en el riesgo de padecer LNH en estos trabajadores y que hay cierta correlación entre ambos factores. Sin embargo, correlación no indica causalidad y, además, ese porcentaje hace referencia a los trabajadores, que podían trabajar con glifosato, pero también con otros muchos productos que no se tienen en consideración en el estudio.

La importancia está en la dosis

Tanto Bayer como las autoridades competentes citadas en el comunicado insisten en que, en base a las revisiones llevadas a cabo, el glifosato no entraña peligro para la salud de los usuarios, siempre y cuando se sigan las instrucciones indicadas en el etiquetado. Esto incluye medidas de precaución como evitar el contacto con la piel y los ojos, lavar bien las manos y los utensilios después de su uso y evitar utilizarlo en días de mucho viento. Además, es importante tener en cuenta la dosis, que no debe exceder la recomendada por el fabricante.

Muchísimas sustancias de uso frecuente en la vida cotidiana de casi cualquier persona suponen un peligro mucho mayor que el del glifosato. Buen ejemplo de ello es la cafeína, cuyas cifras de toxicidad son mucho peores que las del herbicida. Esto es algo que queda muy claro en una entrada del blog Food and Drug Discussion Lab, en la que interviene la neurocientífica Alison Bernstein. En él se analizan las diferentes cifras encargadas de medir la toxicidad de un compuesto y se ponen en práctica utilizando la cafeína y el glifosato como ejemplos. De todas ellas, en este caso la más importante sería la conocida como “dosis de referencia”, ya que es una estimación de la exposición diaria a humanos que probablemente no presente un riesgo apreciable de efectos perjudiciales durante toda la vida. Lógicamente, cuanto menor sea esta cifra mayor será la toxicidad del producto evaluado, ya que supone que sería necesario exponerse a menos cantidad para estar en peligro. Por eso resulta curioso que, según las revisiones llevadas a cabo por la EPA, la cafeína tenga una dosis de referencia de 0.0025mg/kg/día, mientras que la del glifosato es de 0.1 mg/kg/día.

Esto, para una persona de 70 kg, supondría una exposición segura si no se excede de los 7 mg de producto al día, para lo cual serían necesarias cantidades de producto mucho mayores de las que se emplean habitualmente.

Por todo esto Bayer confía en que la segunda fase del juicio iniciado tras la denuncia de Hardeman confirme que la compañía no debe considerarse responsable de su cáncer. Además, en lo referente al resto de causas iniciadas, explican que esta sentencia no tiene por qué influir sobre ellas, ya que “cada uno tiene sus propias circunstancias fácticas y legales”.