Ya desde los inicios de la especie humana nuestros antepasados aprendieron a cazar animales de gran tamaño a distancia, evitando el peligro que supondría tener que abalanzarse sobre ellos. De hecho, se creía que era una cualidad esencialmente humana, pero un estudio reciente demostró que los neandertales sabían también cómo fabricar lanzas capaces de viajar a distancias considerables.

Con el tiempo se ha ido perfeccionando la técnica, hasta el punto de que la carne de estos animales, pertenecientes a lo que se conoce como “megafauna” se ha convertido en un manjar accesible y exquisito, pero con un daño colateral muy preocupante. Lo expone hoy en Conservation Letters un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Oregon, que ha analizado cómo este consumo, a veces indiscriminado, está llevando a buena parte de esas especies de gran tamaño a la extinción.

¿Qué es un animal grande?

Esta es el primer factor que tuvieron que definir los autores del estudio. Para ello, catalogaron como megafauna los mamíferos, peces con aletas radiadas y peces cartilaginosos de más de 100 kiligramos y los anfibios, aves y reptiles con masas superiores a los 40 kilogramos.

Aunque ya en el pasado los humanos cazaban a distancia, ha sido durante los últimos 500 años cuando la técnica se ha vuelto especialmente precisa, conduciendo a la extinción del 2% de las especies de megafauna. Es una cifra bastante mayor que la de los vertebrados de cualquier tamaño, que solo llegan al 0’8%.

Aunque el consumo de su carne es una de las causas principales, en realidad la caza con otros fines también está detrás de este declive en su población. Por ejemplo, la medicina tradicional china, que utiliza algunas de las partes del cuerpo de estos animales para tratar todo tipo de síntomas, tiene mucho que ver. Por otro lado, la caída accidental en cepos y trampas, así como en redes en el caso del mar, también conduce a la muerte de muchas de estas especies, aunque la idea inicial no fuera cazarlas.

Nueve especies extintas y muchas en peligro

Según este estudio, en los últimos 250 años se han extinguido totalmente o en todos los hábitats silvestres nueve especies de megafauna, incluyendo dos especies de tortuga gigante y dos de ciervo. Sin embargo, hay otras muchas que se encuentran en peligro y, por lo tanto, podrían sucumbir próximamente. De hecho, se calcula que actualmente un 70% de estas especies está en declive y un 59% en peligro. Un buen ejemplo de ello es el de la salamandra gigante china. Se trata de una de las tres especies vivas de una familia de anfibios cuyos orígenes se remontan a 170 millones de años atrás. Puede parecer poco apetecible, pero es un exquisito manjar en Asia, muy codiciado y, por lo tanto, muy perseguido.

Todo esto no quiere decir que debamos volvernos vegetarianos para evitar una extinción masiva, pero sí que se debe poner freno al consumo de especies pertenecientes a la megafauna, ya que estas sí que se encuentran en un peligro que, en unos años, podría ser mucho más que eso.