Durante los últimos días, Estados Unidos está pasando por una de las olas de frío más intensas, desde que comenzaron los primeros registros. Casi la tercera parte del país está alcanzando temperaturas bajo cero, que en algunas regiones descienden hasta límites desorbitados, como los casi -40ºC de Chicago. Las autoridades competentes de los estados más afectados ya han prevenido a sus habitantes para que eviten en la medida de lo posible salir al exterior y tomen las disposiciones necesarias para resguardarse del frío en sus hogares.

Los colegios cierran, los vuelos se cancelan, las carreteras se cortan… todas estas son directrices que los estadounidenses ya han vivido en otras ocasiones, pero muchos no recuerdan hacerlo bajo unas temperaturas tan exageradamente bajas. Todo esto lleva a pensar en que el cambio climático pueda estar detrás de todo y es posible, aunque los expertos no pueden asegurarlo por completo.

Una ola de frío fuera de lo habitual

En la zona norte de Estados Unidos, así como en Canadá y algunos países del norte de Europa, las temperaturas especialmente bajas en esta época son algo bastante frecuente. Sin embargo, está claro que lo que están viviendo ahora los norteamericanos se sale de lo habitual. ¿Qué está pasando entonces? “Durante el invierno del hemisferio norte hay sobre la zona polar una masa de aire que se va enfriando a medida que avanza esta estación”, explica a Hipertextual José Miguel Viñas, meteorólogo y divulgador científico en la web Divulgameteo. “Muchas veces ese aire se mantiene en torno a esa zona y lo único que hace es ondularse, de modo que alguna de las ondas generadas pueda alcanzar las zonas habitadas más cercanas, dando lugar a las olas de frío típicas”.

Sin embargo, este año esa masa de aire, llamada vórtice polar, se ha roto por un fenómeno conocido como calentamiento súbito en la estratosfera, alejándose de la zona en la que estaba concentrada. “Normalmente esta ruptura solo se produce en la parte alta de la atmósfera, sin tener un reflejo claro en la superficie”, aclara el meteorólogo. “Lo que ha ocurrido este año es que esa ruptura sí ha conseguido desplazarse hasta la superficie terrestre, de modo que las zonas afectadas de América tienen encima prácticamente la mitad del vórtice polar”.

En cuanto a las causas que han llevado a que esto suceda, sería necesario entrar en el terreno de la especulación, según Viñas. “Algunos expertos consideran que las rupturas cada vez más frecuentes del vórtice pueden estar relacionadas con el calentamiento global por el que está pasando la Tierra”. No hay estudios definitivos que lo avalen, aunque sí podría ser que haya una conexión. Sin embargo, en opinión del autor de Divulgameteo, no hay aún suficientes datos para aventurarse a afirmar que este suceso sea una consecuencia del calentamiento global.

¿Qué pasa con el resto del mundo?

Está aún por ver si esta ola de frío cruzará el Atlántico y llegará hasta Europa. Sería algo muy excepcional, ya que aquí estamos acostumbrados a olas de frío, especialmente en los países nórdicos, pero no tan intensas como la que podría llegar desde América.

En cuanto al hemisferio sur, donde ahora reciben las noticias que llegan desde Canadá y Estados Unidos mientras disfrutan de su verano, ¿podría ser que de aquí a unos meses se viesen en una situación similar por la formación de estas masas de aire en torno al polo sur? “Sí que es cierto que hay un vórtice encima de la Antártida, pero se trata de una zona totalmente rodeada de océano, sin continentes cerca, por lo que la dinámica de la atmósfera es diferente y todo queda muy limitado a la Antártida”, puntualiza Viñas. “Las entradas no suelen llegar a Sudamérica, Sudáfrica y Australia, que son las zonas más cercanas. En el norte es diferente, pues en cuanto se produce una de estas rupturas entran fácilmente en zonas habitadas”.

Lo que sí puede compararse con la Antártida es el frío de Estados Unidos, donde ya se han superado temperaturas similares a las que se alcanzan de media en el continente helado. Viendo esto, duele menos el frío que solemos pasar en España en invierno.