Los últimos éxitos de China en el espacio forman parte de la cuarta fase de una misión que se avecina mucho más larga de lo que se creyó en un inicio. Y es que, si bien en principio se anunció que el último lanzamiento previsto sería el de la sonda Chang’e-6, varios miembros de la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA) han informado esta semana que por el momento se añadirán dos más.

Además, han declarado que la Chang’e-5 viajará a la Luna también este 2019, aunque habrá que esperar hasta final de año para saber qué tal le va con su periplo particular.

Viaje a la Luna: función en ocho actos

Aunque aún encierra un montón de misterios, la cara visible de la Luna es cada vez más conocida para el ser humano. Un gran número de sondas han sido enviadas hasta allí en los últimos años, e incluso doce hombres han podido poner sus pies sobre ella. Sin embargo, el caso de la cara oculta es otro cantar.

Los primeros en conseguir imágenes de esta región no visible desde la Tierra fueron los científicos del Programa Luna de la Unión Soviética, cuya tercera sonda, la Luna 3, logró fotografiarla el 7 de octubre de 1959. Durante 40 minutos, se logró capturar 29 imágenes, en las que se podían observar grandes diferencias con respecto a la parte más conocida del satélite. Destacaba principalmente la ausencia de marías, unas planicies de basalto muy frecuentes en la orografía selénica. Desde entonces, explorar la cara oculta se ha convertido en el objetivo de las agencias espaciales de todo el mundo, pero ha sido la china la que, 60 años después de aquella primera foto, ha logrado aterrizar en tan exótico destino.

Para ello, igual que en su día hicieron los soviéticos, han diseñado una misión compuesta por varias fases. Las dos primeras sondas, Chang’e-1 y Chang’e-2, tenían simplemente el objetivo de alcanzar la órbita lunar y lo hicieron de forma exitosa en 2007 y 2010, respectivamente. Más tarde, Chang’e-3 fue lanzada en 2013 con el objetivo de aterrizar y permanecer en la Luna, aunque en su cara visible. Dado su éxito, se puso en marcha Chang’e-4, que repitió el logro de su antecesora el pasado 3 de enero, pero por fin en la cara oculta. Una vez allí, está comenzando a realizar varios experimentos, con el fin de explorar las condiciones geológicas y climatológicas de la zona. A continuación, a finales de este año, seguirá sus pasos Chang’e-5, pero esta no se limitará solo a realizar experimentos in situ, sino que también recolectará muestras, que posteriormente serán enviadas a la Tierra para su análisis. Más tarde, Chang’e-6 traerá también muestras, pero solo del polo sur del satélite.

En un principio ese era el último paso, pero ahora sabemos también que si todo va bien esta será seguida por Chang’e-7, que estudiará el terreno, la composición física, la forma del relieve y el entorno espacial del polo sur. Finalmente, toda esta información servirá para dirigir a Chang’e-8, que se centrará en probar las tecnologías necesarias para sentar las bases para la construcción de una base científica y de investigación en la Luna. Una vez llegados a ese punto, los chinos podrían estar preparados para viajar hasta allí, dejando su huella, del mismo modo que los doce astronautas de la NASA.

Pero la Luna no es el único objetivo de los científicos aeroespaciales chinos, que en esta misma rueda de prensa han anunciado que planean enviar una misión a Marte para 2020.