– Dic 25, 2018, 12:00 (CET)

Mitos y realidades en torno a la historia de Isaac Newton

El científico inglés tenía un carácter reservado que llevó a que la historia de su vida esté cargada de leyendas, unas reales, otras no tanto.

Hoy, 25 de diciembre, los cristianos celebran el nacimiento de Jesús de Nazaret, que vino al mundo tal día como hoy, en un pesebre de la ciudad de Belén, entre un buen y una mula. Pero la ciencia también está de celebración, pues ese mismo día, aunque unos cuantos siglos después, nació sir Isaac Newton. No vino al mundo para salvarnos, pero aportó a la humanidad tres de las leyes más importantes de la física. Además, contribuyó al desarrollo de un gran número de áreas científicas, desde la astronomía hasta la biología.

Pero eso no es lo único interesante en la vida del científico inglés. En la actualidad también se le recuerda por el gran número de mitos y leyendas que circulan en torno a su vida. Algunos sí parecen cuentan con pruebas sobre su veracidad. Otros carecen de documentos científicos que los avalen, de ahí que se trate de uno de los científicos más misteriosos de la historia.

El científico con dos cumpleaños

Si buscamos la biografía de Isaac Newton veremos que en la gran mayoría de medios figura que nació el 4 de enero de 1643. Sin embargo, su cumpleaños se celebra el 25 de diciembre. ¿Cómo puede ser eso?

En realidad Newton nació el 25 de diciembre de ese año. Por ese entonces, en Inglaterra todavía se utilizaba el calendario juliano, que en otros países europeos había sustituido por el gregoriano en 1582. Sin embargo, en 1752 los ingleses terminaron uniéndose a esta iniciativa, por lo que las fechas acaecidas entre ambos años generan cierta confusión. En el momento de su nacimiento, era 25 de diciembre, pero con el cambio pasó a cumplir años el 4 de enero. Se podría decir que tiene dos cumpleaños, aunque suele conmemorarse hoy, por aquello de la festiva coincidencia.

La manzana que nunca existió

La historia de la ciencia está repleta de frases que nunca se pronunciaron o escenas que nunca ocurrieron. Un claro ejemplo de lo primero es el famoso “y sin embargo se mueve” que supuestamente espetó Galileo después de ser obligado a retractarse de sus teorías heliocentristas. A día de hoy muchos piensan que nunca dijo nada parecido. La frase no aparece en la biografía escrita por su discípulo Vincenzo Viviani, ni tampoco en los registros sobre el juicio. Realmente hubiese sido muy arriesgado soltar algo así en pleno juicio por herejía. De cualquier modo, sea o no una leyenda, la frase ha pasado a la historia, convirtiéndose en una máxima sobre la importancia de confiar en el conocimiento y no dejarse doblegar por lo establecido.

En cuanto a escenas que nunca ocurrieron, una de las más famosas tiene como protagonista a Newton y la manzana que supuestamente le hizo dar con uno de los hallazgos más importantes de la física. Sin embargo, tampoco hay constancia de que aquella caída tuviera lugar. ¿Pero entonces, de dónde viene la historia?

Todo comenzó en 1665, cuando un brote de peste bubónica obligó a cerrar la Universidad de Cambridge. Un por entonces joven Isaac tuvo que coger sus bártulos y volver a la casa de su familia. Así comenzó la época más prolífica de su vida, en la que inició algunos de sus estudios más importantes. La casa tenía tres manzanos, junto a los que Newton salía a veces a reflexionar sobre la ciencia y la vida. Pero jamás, en ninguno de sus escritos, declaró que la caída de una manzana sobre su cabeza tuviese nada que ver con el inicio de sus estudios sobre la gravedad. De hecho, el primero en hacer referencia a ella fue el escritor William Stukeley, quien publicó la historia en una biografía sobre el científico, poco antes de su muerte. En ella describía cómo el propio Newton le había contado que al ver las manzanas caer se había preguntado por qué lo hacían perpendicularmente y no hacia arriba o hacia los lados. Desde entonces, otros muchos biógrafos han modelado aún más el suceso, creando una verdadera leyenda, cuya veracidad es totalmente desconocida. De cualquier modo, como afirman los expertos, la ley de la gravedad se fue macerando con el tiempo, no pudo surgir de la caída repentina de una fruta. Y mucho menos golpeando esta sobre su cabeza.

Un investigador temerario

Aunque Newton es conocido especialmente por sus tres leyes y por una manzana que nunca existió, su curiosidad y sus ansias por saber le llevaron a investigar en otras muchas áreas. Destacan sus trabajos en el área de la óptica, pero no solo desde un punto de vista físico, sino también biológico. Tenía un gran interés por conocer cómo podían los ojos transformar la luz en imágenes. Podría haber estudiado lo ocurrido en animales o en cadáveres, pero quería conocer los mecanismos que tenían lugar en humanos vivos. Y como sabía que nadie se prestaría voluntario como sujeto para sus experimentos, decidió convertirse en su propio conejillo de indias. Para ello, colocó una larga aguja en su cavidad ocular, muy cerca del hueso, de modo que con el extremo de esta pudiera presionar el ojo, curvándolo. Según documentó después en sus cuadernos de trabajo, al presionar la cabeza de la aguja sobre la parte anterior del ojo veía círculos blancos y oscuros, que cambiaban a medida que movía el globo ocular. Al parecer, su visto no quedó dañada después de este experimento. De cualquier modo, y por muy tentador que pueda parecer emular al genio, sería extremadamente peligroso tratar de repetirlo.

Newton y el fin del mundo

Newton era un hombre con grandes convicciones religiosas. Tanto, que incluso llegó a afirmar que Dios lo había situado en la Tierra para traer un mensaje importante sobre el fin del mundo. Por eso, pasó mucho tiempo investigando la Biblia, en busca de pistas que le permitieran calcular la fecha aproximada de ese temido evento. Finalmente lo hizo a partir de un fragmento extraído del libro de Daniel, presente tanto en el Antiguo Testamento como en el Tanaj Hebreo. De aquellos escritos dedujo que el fin del mundo llegaría 1.260 años después de la refundación del Sacro Imperio Romano; lo que, en el calendario actual, se correspondería con el año 2060. Casi casi coincide con los Mayas.

Los manuscritos en los que se recoge esta información fueron entregados por un coleccionista a la Universidad Hebrea de Jerusalén en 1969, pero finalmente se expusieron al público en 2007, en una exposición bautizada como **"Los secretos de Newton".

El perro que incendió el laboratorio

Para la historia de la ciencia, Diamond fue a Newton casi como Babieca al Cid o Rocinante a Don Quijote. Con la mínima excepción de que Babieca y Rocinante eran caballos, mientras que Diamond era un perro. Pero no un perro cualquiera, sino el protagonista de una de las historias más curiosas de la vida del físico.

En realidad se trata de un suceso muy trágico, que supuso la pérdida de 20 años de trabajo, a causa de un incendio en su laboratorio. El primero en hablar del accidente fue el científico escocés David Brewster, en su libro "The life of Sir Isaac Newton". En él, narra cómo Diamond tiró por accidente una vela que el científico había dejado encendida en el laboratorio, provocando rápidamente un incendio que fulminó todo lo que encontró a su paso. El genio inglés, al verlo, solo habría pronunciado una frase, que terminaría pasando a la historia:

“Oh, Diamond, Diamond, no eres consciente de lo que has hecho”.

Como tantas otras cuestiones en la vida de Newton, esta historia está envuelta en un halo de misterio que cuestiona su veracidad. Algunos historiadores afirman que fue en realidad una ráfaga de viento la que tiró la vela, otros apuntan a que fue el propio Newton quien incendió la estancia, a causa de la depresión que sufría. Incluso hay quienes afirman que Newton nunca tuvo mascotas. Sin embargo, no es la única historia que protagoniza Diamond. También habló de él el matemático John Wallis; quien, en una visita a su amigo Newton, trató de bromear sobre la inteligencia del can. Entonces, según él, el científico aseguró que Diamond había demostrado dos teoremas esa misma mañana. Ante tal afirmación, Wallis no pudo más que aplaudir al perro y comentar lo inteligente que debía ser. Pero entonces Newton volvió a la carga, afirmando que en realidad el primer teorema tenía un error y el segundo era el resultado de una excepción patológica. Este término se usa en matemáticas cuando un fenómeno se explica a partir de metodología falsa o engañosa.

El carácter reservado de Isaac Newton llevó a que, a día de hoy, su vida esté rodeada de un gran número de leyendas, cuya veracidad es cuestionada por los historiadores, simplemente por el hecho de que él no disfrutaba hablando de su vida. De lo que no cabe duda es de que fue uno de los mejores científicos que han pisado la Tierra y que gracias a sus aportaciones la ciencia ha logrado un gran número de avances. Lo demás solo son pequeños detalles que decoran la vida del genio, ya de por sí bastante fascinante. Si algunas de ellas son reales o no, quizás ya nunca lo sabremos. Pero eso lo hace, si cabe, aún más interesante.